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Sanidad saturada, plantillas envejecidas y jóvenes desmotivados: la tormenta perfecta que dispara las bajas por enfermedad

Las listas de espera, la existencia de trabajadores de más edad y las condiciones laborales explican el crecimiento del 80% en las ausencias al trabajo en diez años

Sala de espera de Urgencias del Hospital Universitario de la Princesa, en Madrid, en una imagen de archivo.VICTOR SAINZ

El creciente aumento de las ausencias al trabajo por enfermedad en España es un fenómeno que impacta en las empresas, en los centros de salud y en el mismo Congreso de los Diputados. Las bajas laborales son noticia y los datos estadísticos son incontestables. En 2017, con una población ocupada de 18 millones de personas se registraron 4,7 millones de procesos de bajas laborales entre los trabajadores. Ocho años después, en 2024, con 21,8 millones de ocupados, hubo 8,6 millones de estas bajas (conocidas técnicamente como incapacidad temporal), prácticamente el doble. Mientras que el número de trabajadores creció un 19% en este periodo, los procesos de baja se dispararon un 83%.

No obstante, para eliminar el efecto del empleo en el crecimiento de las bajas (lo lógico es que cuantos más trabajadores haya, más ausencias se producirán) se debe evaluar su incidencia (un indicador que mide el número de procesos de baja que se inician de media al mes por cada 1.000 trabajadores protegidos por la Seguridad Social). Según esto, en 2017 se contabilizaron 21,4 procesos medios al mes frente a 34 en 2024, casi un 60% más. Todas estas cifras están en el informe sobre el gasto público en incapacidad temporal elaborado por la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (Airef), el más exhaustivo sobre esta materia realizado recientemente por un organismo público. La patronal de mutuas AMAT, ampliando el periodo entre 2015 y 2025, observa un aumento superior al 80% en diez años.

Los análisis de organismos públicos, empresas, sindicatos, mutuas y expertos académicos coinciden plenamente en una cosa: las causas del fenómeno son múltiples y han provocado una tormenta perfecta que ha desembocado en un intenso crecimiento de la incapacidad temporal. La oleada de ausencias al trabajo por enfermedad se ha convertido en un verdadero problema de salud para los trabajadores; de carga de trabajo para los profesionales de la sanidad; de gasto público para el Estado; y de costes económicos y organizativos para las empresas. Solo las prestaciones por incapacidad temporal que paga la Seguridad Social rondaron los 17.000 millones de euros el pasado año, a los que se suman otros 16.000 que soportan las empresas (que son las que abonan los costes salariales de la baja entre el día cuatro y el 15º de ausencia del trabajador). La factura de estas prestaciones es ya la segunda partida de gasto social tras las pensiones.

La pandemia de covid de 2020 puede explicar parte del cambio en la relación de los trabajadores con la salud, pero no todo. La crisis fue mundial y, sin embargo, las bajas crecen en España con mucha más intensidad que en Europa. Desde 2019 acumulan aumentos del 40% al 80% según sectores, frente a subidas medias del 10% al 25% en la UE, según organismos nacionales e internacionales (Banco de España, Airef, OCDE).

Explicar esta anomalía no es sencillo. La Airef habla de una “deficiencia estructural”: quien reconoce el derecho a la baja no es quien la paga. Los médicos de atención primaria —dependientes de las comunidades autónomas— deciden el inicio y el fin, mientras la Seguridad Social y las empresas asumen el coste. No obstante, el catedrático de Derecho del Trabajo y Seguridad Social de la Universidad de Sevilla Jesús Cruz Villalón precisa que esta dicotomía no es ni mucho menos nueva, por lo que podría explicar parte del alargamiento de los procesos (un riesgo que también advierte la Airef), pero no el fuerte incremento reciente. Villalón cree que no se está realizando un buen diagnóstico en profundidad del problema, algo imprescindible para atajarlo. Dicho esto, apunta al “enorme deterioro de la sanidad pública” como una de las principales causas del fenómeno, si no la principal.

Listas de espera y demanda asistencial

La saturación sanitaria tiene, a su vez, múltiples causas, entre ellas la inversión desigual entre comunidades. La Airef detecta una correlación sistemática y consistente entre el deterioro de las listas de espera y el aumento de la duración media de las bajas, que pasa de 40 a 46 días entre 2017 y 2024. Así, las personas en listas quirúrgicas suben de 13 a 18 por cada 1.000 habitantes y las pendientes de especialista o pruebas aumentan de 62 a 100, según cifras del Ministerio de Sanidad incluidas en el informe Evolución de las bajas por incapacidad temporal en España 2013-2025, elaborado por la patronal catalana de pymes Pimec. Si esas citas tardan el llegar, el trabajador tarda más en sanar y, por tanto, en recibir el alta. Pese a todo, el impacto del aumento de los tiempos de espera afectaría especialmente a solo un tercio de las bajas por incapacidad temporal que duran más de 15 días, ya que la mayoría —de menor duración— no llegan a pasar por el especialista o el quirófano.

A ello se suma el aumento de la demanda asistencial (la frecuencia de visitas al médico de la población). José Antonio Lull, médico de atención primaria del departamento de Salud de Gandía (Valencia) explica que “en los últimos años la sociedad ha experimentado un gran cambio: la gente se ha hecho mucho más consciente de su propia salud y hay más personas que quieren estar mejor; pero, paradójicamente, cada vez son menos responsables con su propio bienestar. Vienen más al médico para que los profesionales sean los que les proporcionen ese cuidado. Muchos quieren adelgazar y piden pastillas para ello, o para el colesterol, y así seguir sin cuidar su alimentación, entre otros muchos ejemplos”.

Sin embargo, la Airef puntualiza que no es solo que se acuda más al médico, sino que, desde la covid, las visitas terminan con más frecuencia en baja. Tras la crisis sanitaria han aumentado las infecciones respiratorias, los síntomas inespecíficos —fatiga, ansiedad o covid persistente— y el uso de la baja como reposo preventivo. Eso ha llevado a muchas empresas a exigir más los partes de baja, sobre todo en las grandes compañías, que tienen hasta un 81% más de probabilidad de sufrir bajas entre sus equipos que las microempresas. Y aunque desde la pandemia se permite a los médicos de cabecera que den alta y baja en un solo acto en procesos muy cortos (hasta cinco días de duración), la burocracia no se ha reducido. “Como médico me tengo que preocupar por la salud de mis pacientes, pero la burocracia me mata. El 80% son trámites administrativos muy farragosos”, se queja Lull.

El director gerente de la patronal de las mutuas colaboradoras con la Seguridad Social, Pedro Pablo Sanz, añade otras sobrecargas administrativas en la gestión de la incapacidad temporal. “Para una misma baja llegan a intervenir hasta cuatro médicos —atención primaria; mutuas —ya que las empresas han delegado la gestión de la incapacidad temporal en estas entidades para más del 70% de los asalariados y la práctica totalidad de los autónomos—; el especialista y, luego, si la cosa se alarga, los facultativos del Instituto Nacional de la Seguridad Social (INSS), que son quienes se ocupan en exclusiva de la gestión y control de las bajas de más de 365 días de duración", indica Sanz. “Esto se convierte en un auténtico problema, porque no hay médicos; las administraciones de distintos territorios y las mutuas se los disputan entre sí”, se queja este directivo de la patronal de mutuas.

A los problemas de una sanidad saturada hay que sumar otros dos fenómenos relacionados con la edad. La edad media de los ocupados en España era de 41 años en 2015 y ha subido a 43 diez años después. Pero el envejecimiento de las plantillas no supone tanto un aumento del número de nuevos procesos como el incremento de su duración. La Airef apunta que los trabajadores de 55 a 65 años presentan menos bajas (29,7 por cada 1.000 afiliados) que los jóvenes (41,1). Sin embargo, permanecen de baja mucho más tiempo (79 días frente a 46), por lo que el envejecimiento incrementa el gasto sobre todo por duración y no por número de procesos. Dicho esto, en general, la duración de las bajas también ha aumentado en promedio, de 41 días en 2017 a 46 en 2024. Y, además entre el 7% y el 25% de las bajas, dependiendo del informe que se consulte, se concentran en la mitad de los trabajadores.

Detrás de este aumento en el tiempo que el trabajador está de baja está también el fuerte incremento de los procesos por trastornos mentales, cuya incidencia crece un 80% entre 2017 y 2024, según la Airef. Y esto afecta especialmente a los jóvenes. Tras las enfermedades musculoesqueléticas y respiratorias, son la tercera causa en incidencia y la primera en menores de 30 años. La duración media de estos procesos está entre las más altas y dura cerca de 100 días. Los trabajadores de 25 a 35 años registran 41,1 procesos por cada 1.000 afiliados frente a 24 en mayores de 55, según los datos de AMAT.

Más bajas los lunes

Esto enlaza con otra causa del fenómeno, más intangible, pero también muy citada por los expertos: los cambios culturales a la hora de enfrentarse a la actividad laboral diaria. Un estudio reciente de las Cámaras de Comercio llegaba a la conclusión, tras entrevistar a 2.000 empresas de todos los sectores en toda España, de que la desmotivación de los jóvenes influye más en el absentismo que las plantillas envejecidas. “Entre los trabajadores más jóvenes hay menos tolerancia a la frustración. Los viernes terminan bien, porque tienen el fin de semana por delante, pero luego el lunes se ve como una catástrofe”, asegura el médico de atención primaria José Antonio Lull cuando se le pregunta por una posible justificación al hecho de que el lunes sea, con diferencia, el día de la semana con más bajas. Durante 2025, casi el 27% de los procesos se iniciaron el lunes, para ir descendiendo a lo largo de la semana hasta el 13% del total los viernes.

Hay otras cuestiones también difícilmente medibles con indicadores —las partes menos tangibles del problema explicarían aproximadamente un tercio del fuerte incremento de las bajas, según la Airef— que tienen que ver con las condiciones laborales. Este organismo se ha atrevido, por ejemplo, a poner cifras a una cuestión espinosa: “Los trabajadores con contrato indefinido presentan una propensión a iniciar procesos de incapacidad temporal un 30% mayor [que los temporales]”, indican estos expertos. Para llegar a esta afirmación la Airef se ha basado en un modelo probabilístico nutrido por varios registros y entrevistas a agentes del sistema. Dado que la reforma laboral de 2022 ha impulsado la contratación indefinida de forma importante, esto, a pesar de ser una buena noticia para los trabajadores, habría también contribuido al incremento de las bajas.

Dentro de las posibles causas menos cuantificables también está una que explicaría el alza de estas incapacidades por la mayor participación de las mujeres en el mercado laboral, quienes, según este mismo análisis, tienen un 21% más de probabilidad de iniciar un episodio de incapacidad respecto a los hombres. “En el caso de las mujeres trabajadoras, muchas veces, estas ausencias surgen ante la necesidad de llevar a cabo cuidados de familiares y no contar con los instrumentos adecuados de conciliación”, concluye el catedrático Cruz Villalón.

Ante esta amalgama de causas, los agentes implicados han empezado a volcarse en idear soluciones. La Seguridad Social ha abierto una mesa con patronal y sindicatos donde negocian cuestiones como la incorporación progresiva de la baja al trabajo o la intervención más temprana del INSS en el control de los procesos, como demanda la patronal. Además, muchas empresas han comenzado a intentar recortar los complementos salariales a los trabajadores de baja en las negociaciones de los convenios. Y la Airef, por su parte, reclama, entre otras cosas, una gestión de las bajas más proactiva por parte de las empresas y una mayor interconexión entre todos los agentes implicados, por la que los médicos reciban más información sobre las circunstancias laborales de los trabajadores y sus empresas. “Si me dan esa información, me aislaré de ella”, concluye Lull, quien argumenta que sus decisiones deben de ser estrictamente clínicas.

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