El Bando de la Huerta de Murcia renueva su armario en su 175 aniversario
La diseñadora Alexandra Cánovas propone una evolución del atuendo huertano tradicional con el objetivo de poder lucirlo todo el año


Este 7 de abril, Murcia celebra el día grande de sus Fiestas de Primavera, el Bando de la Huerta. Como cada año, zaragüeles, refajos, chalecos y picos llenarán las calles de una ciudad en la que es casi imposible encontrar ese día a alguien que no lleve puesto el traje regional. La diseñadora Alexandra Cánovas del Rey comenzó en 2021 un proyecto de renovación de esa indumentaria tradicional: patrones clásicos pero con nuevos tejidos, colores y diseños que este año se comercializan por primera vez, coincidiendo con el 175 aniversario de la fiesta. El Bando de la Huerta renueva su armario bajo la premisa de que la tradición que no evoluciona, muere.
“Hay a quien le escandaliza todo lo que no sea el máximo rigor histórico. Pero yo pienso que la tradición debe estar conectada con el presente, que puede evolucionar siempre que lo haga desde el respeto, desde el interés por las raíces. Yo estoy muy segura de lo que hago, porque lo hago desde el respeto”, explica Cánovas del Rey a EL PAÍS desde su taller a las afueras de Murcia, del que apenas sale en estas semanas previas a estas Fiestas de Primavera para poder terminar a tiempo el medio centenar de encargos que ha recibido.
La diseñadora, nacida en Murcia hace 37 años, se crio en un taller de confección de uniformes laborales que regentaban sus padres. Se formó en diseño de moda en Murcia y Oporto, y pasó también por escuelas de Madrid, Granada, Nueva York, China e India antes de fundar la firma Las Culpass junto con la también diseñadora Martaé Martínez. Con la pandemia del coronavirus, comenzó a rondarle por la cabeza la idea de desarrollar un proyecto “más personal”, más vinculado a sus raíces. “Siempre he tenido un arraigo muy fuerte con Murcia, me siento muy de aquí con todo: con nuestra tierra, con nuestro acento, por supuesto con nuestro folclore. Estoy vinculada a una peña huertana en la que bailo jotas y parrandas, y me interesaba mucho estudiar el vestuario”, explica.
Con esa idea solicitó y consiguió una residencia artística en Konvent Zero, un antiguo convento convertido en laboratorio experimental, en la comarca de Berguedà, en Barcelona. Allí nació su proyecto de renovación del traje huertano. Cánovas insiste en que prefiere hablar de “evolución” más que de “modernización”, y resalta el adjetivo de “huertano” como punto de partida, ya que estas prendas eran “identitarias de la clase obrera, una ropa de faena”. No en vano, recuerda Juan García, presidente de la Federación de Peñas Huertanas de la Región de Murcia, el Bando de la Huerta nació en 1851 como una mofa de los jóvenes acomodados de la capital hacia los huertanos, los labradores que acudían a la ciudad para celebrar las fiestas. Aquellas gentes del campo supieron con los años darle la vuelta, convirtiendo en motivo de orgullo su profesión, sus bailes, su música, su gastronomía y, por supuesto, su indumentaria.
Por eso, Cánovas huye en sus diseños de los refajos bordados y ricamente adornados con lentejuelas, de los estampados de flores en zagalejos (faldas más ligeras que los refajos) y chalecos, y de los zaragüeles (el pantalón plisado del traje masculino) inmaculadamente blancos que se han popularizado desde mediados del siglo XX en esta fiesta. Usa en cambio colores más cercanos a la tierra y telas lisas o de rayas, más cercanas a las que habrían podido llevar aquellos agricultores del siglo XIX. La diseñadora ha estudiado prendas originales de esa época para elaborar los patrones de sus piezas. “Casi podría decir que, más que avanzar, he regresado a los orígenes”, bromea.

El presidente de la Federación de Peñas considera que este tipo de evoluciones en la vestimenta, “huyendo de los excesos y de la ruptura con la tradición”, pero introduciendo modificaciones “espontáneas, medidas y respetuosas” es siempre interesante. “Quienes trabajamos por mantener vivas nuestras tradiciones somos gente de esta época. Tenemos que respetar lo que hemos recibido, transmitirlo, pero también evolucionar y estar pegados a la vanguardia”, defiende. Las peñas, asegura, trabajan durante todo el año para transmitir esas tradiciones, pero también para mantenerlas vivas, y esa evolución se ha visto claramente en los últimos años en la gastronomía, que ya no se limita a “embutido de cerdo o pasteles de carne” o en la música.
Miguel Ángel Montesinos, “El Pantorrillas”, es quizás el mayor exponente de esa renovación musical. Experto en bailes tradicionales, inmerso en el universo de las peñas folclóricas desde los años 70, y fundador de la escuela de folclore “Caldo de Pésoles”, el año pasado editó un disco, “Palomo cojo”, de “música tradicional pura y dura y con letras de temática gay”, explica a El PAÍS. “Para muchos ha sido un impacto, pero no podemos cantar solo las cosas que interesaban en el siglo XVIII o XIX. Hay que mirar hacia atrás, pero esas letras hablaban del presente de su época, de lo que esas gentes estaban viviendo. Tradicionalmente, esas canciones las hemos congelado, yo defiendo utilizarlas como una lengua materna que nos permita cantar nuestras cosas desde los géneros tradicionales”, apunta.
Su filosofía casa a la perfección con la de Cánovas, que aboga por que el traje huertano pueda ser una prenda ponible más allá del día del Bando. “Se trata de dar una vuelta a estas ropas para que a la gente le atraigan, porque son piezas con unos patrones increíbles que no pueden convertirse en moda muerta”, subraya.

Así lo considera también Carlos Jiménez, ceramista de 50 años y una de las primeras personas que adquirió uno de los diseños de Cánovas, nada más conocer las primeras piezas que la diseñadora expuso, allá por 2023, cuando ni siquiera se comercializaban. “Mi zaragüel tiene el tradicional diseño plisado, pintado a mano con tintes grises. La camisa tiene fruncidos en el pecho y las mangas abullonadas, y no lleva chaleco. Son absolutamente bellísimos. El zaragüel es una de las prendas más bonitas que tengo y me lo pongo muchísimas veces, en eventos y ocasiones especiales”, apunta. Para este Bando de la Huerta estrenará su segundo traje diseñado por Cánovas, confeccionado con telas estampadas con barro, en referencia a su profesión.
También estrenará traje Noelia Hernández, de 31 años, que conoció los diseños de Cánovas a través de las redes sociales. “Llevaba años queriendo comprarme un refajo o un zagalejo, pero no me decidía porque ninguno acababa de convencerme. Incluso había pensado en hacérmelo yo misma, pero cuando vi estos diseños, me parecieron mucho más frescos, fuera de lo convencional”. Además de un zagalejo en tonos naranja y malva, lucirá una camisa gris con encajes, y pico, delantal y faltriquera negros. “En realidad, son tonos y cortes clásicos, pero tienen un enfoque moderno, innovador, aún guardando la esencia del traje tradicional”, subraya.
Para el presidente de la Federación de Peñas, uno de los retos en el futuro del Bando de la Huerta es, precisamente, el respeto por la vestimenta, pero entendido, señala, como el evitar “ponerse cualquier cosa para salir del paso y estar de fiesta”. Cánovas le secunda: “Cuado veo a la gente con el chaleco huertano encima de una camiseta blanca y unos vaqueros, se me abren las carnes”. “Mi objetivo es que cada uno pueda encontrar un traje con el que se atavíe entero y se sienta cómodo. Desde el respeto, desde el amor por el folclore, y dentro del estilo propio”, señala.
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