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Luis Arroyo, gurú de la comunicación política: “No es tan complicado que en España haya una república”

Ha asesorado a Zapatero y Sánchez y es uno de los consultores de comunicación más solicitados. Además, preside el Ateneo de Madrid y se ha convertido en una cara habitual en las tertulias televisivas. “Mi padre me regaña, me dice que estoy contribuyendo a la destrucción de España”, confiesa

El politólogo Luis Arroyo, el 27 de marzo en su despacho en Madrid.Andrea Comas

Dicen que Manuel Azaña confesó en una ocasión que era más fácil gobernar España que el Ateneo de Madrid. “Supongo que lo diría en broma. Presidir España es infinitamente más complicado”, asegura Luis Arroyo (Madrid, 57 años). El sociólogo, politólogo y consultor de comunicación política sabe de lo que habla. Preside la prestigiosa institución cultural desde 2021 y el año pasado fue reelegido con el 67% del voto. “Ya le gustaría a cualquier político esa mayoría”, apunta. Arroyo se ha convertido en una figura de cierto consenso en el Ateneo. Ha conseguido que los cinco presidentes vivos de la democracia se hagan socios y que la Casa del Rey se comprometa a que la princesa Leonor se haga ateneísta cuando cumpla 25 años. En su faceta de asesor, ha trabajado para José Luis Rodríguez Zapatero, Pedro Sánchez y otros altos cargos socialistas. “Ahora, con tantas elecciones, hay mucho trabajo. Pero a mí no me llaman para todo”, aclara desde su oficina, un amplio despacho frente al Congreso de los Diputados. Cuando no está aquí, dando consejos a algún político, está en las tertulias televisivas. “No puedo evitarlo. La política es mi pasión”.

Pregunta. ¿Ahora mismo qué político necesita un buen asesor?

Respuesta. Te voy a dar una exclusiva: los mejores políticos son los que más se preparan. Alguien pensara: Pedro Sánchez ya se lo sabe todo, ya no necesita preparación. Él sigue preparándose. Los más habilidosos en su retórica son lo que quieren seguir entrenándose y mejorar. González, Rajoy y Zapatero tenían una tendencia a despreciar la comunicación. En cambio, Aznar y Sánchez le dan mucha más importancia al titular, a la fotografía, a la preparación. He trabajado mucho con Sánchez y es un hombre muy minucioso.

P. ¿Las redes han cambiado la comunicación política?

R. La esencia de la comunicación política no ha cambiado en los 250.000 años que tiene el ser humano. Los antropólogos dicen que nuestro cerebro es más o menos el mismo: prejuicioso, perezoso, tribal, gregario… Lo que ha cambiado son las tácticas de comunicación en el día a día. Antes, en una campaña electoral, se encargaba a un profesional dos vídeos para dos spots, para audiencias de 20 millones de personas. Ahora hay que hacer 150 vídeos para pequeñas audiencias y tienes que animar al político a que los haga él mismo.

P. ¿A quién le gustaría asesorar?

R. Estoy muy orgulloso de trabajar para los socialistas, me siento muy cómodo trabajando para ellos. No trabajaría nunca para partidos de extrema derecha, aunque me pagaran todo el dinero del mundo. Nunca me ha importado el dinero.

P. ¿Y para un partido de derechas?

R. He hecho algunos trabajos con partidos conservadores de viejo cuño en América Latina, pero no trabajaría con ninguno de los neofascistas que hay por el mundo.

P. ¿Pedro Sánchez es el presidente mediáticamente más expuesto de la democracia?

R. Sin duda. No ha habido ningún presidente en España que haya sido sometido a un acoso tan brutal como él. Este despliegue de su vida privada no se ha producido con ningún otro presidente.

P. ¿Qué nos queda por saber de él?

R. Del presidente Sánchez se sabe todo porque se ha explorado todo, hasta la última letra de la última cita de su tesis doctoral. Lo que más me impresiona es su enorme capacidad de aprendizaje, adaptación y trabajo, por no hablar de su resistencia. Yo lo conocí cuando era concejal en el Ayuntamiento de Madrid. El Sánchez que yo conocí ahora es una persona distinta. Ha sufrido unos cambios geométricos. Tiene carácter de deportista, de coger la bicicleta y atravesar campos, de jugar al baloncesto y pedir tiempo muerto en el último minuto. Esa competitividad deportiva ha producido en él un crecimiento personal y político espectacular.

P. ¿En las distancias cortas sigue siendo el mismo?

R. Yo lo conocí de concejal y ahora es presidente del Gobierno. Esa persona no es la misma. Pero no soy su amigo íntimo, soy una persona a su servicio. Hay una coincidencia ideológica y una buena relación. Para mí es el presidente, no compadreo con él. Te puedo decir que mantiene el buen espíritu personal, de cercanía y de escucha. Le interesa lo que le dices. Yo estoy con Felipe González y tengo la sensación de que le da igual lo que le estés contando. Sánchez escucha, lleva un cuaderno con pegatinas de colores y toma nota de todo.

P. ¿Le han ofrecido meterse a político?

R. John Major cuenta en sus memorias que se hizo político porque no tenía talento para ser asesor de políticos. En mi caso fue exactamente lo contrario. Dándome cuenta de que no tenía talento para ser político, me hice asesor. Soy un político frustrado. No me arrepiento, me encanta mi profesión.

P. Poco se habla de la salud mental de los políticos.

R. Hay mil médicos que han diagnosticado que Donald Trump tiene algún tipo de tara. Se ha escrito mucho sobre política y salud mental y sobre cómo es posible llegar hasta arriba y no perder la cabeza. Si entras al Congreso de los Diputados, los políticos son más normales de lo que la gente piensa. Y mucho más trabajadores y con más conciencia. Lo puedo afirmar, incluso de los diputados del otro lado. Puedo ser muy crítico con ellos, pero la media de esa gente está bien. Yo encuentro buena gente, pero es una profesión difícil porque por definición tienes que defender posiciones contrarias a la de otro. Imagínate que Iberia estuviera diciendo todo el día que los vuelos de Air Europa son inseguros. Y que Air Europa dijera lo mismo de Iberia. Todos nos iríamos en tren. La política, por definición, es eso: Iberia y Air Europa poniéndose a parir. Esto es así desde la Antigua Grecia.

P. Hablando de polarización, ¿tiene amigos de derechas?

R. Sí, algunos. La mayoría son de izquierdas, pero tengo amigos de derechas, empezando por mis padres. Son muy conservadores. Mi padre me regaña.

P. ¿Qué le dice?

R. Me dice que estoy contribuyendo a la destrucción de España. Tiene 90 años.

P. Bueno, los padres quedan exentos.

R. Mi hijo es de derechas. Tiene 30 años y se me ha vuelto conservador. Empezó siendo de Podemos, luego se fue a Ciudadanos y ahora está casi en Vox. Mi regla es no discutir. Sé que no voy a convencer a mi hijo de nada. Con los amigos aplico la misma regla: no hablar de política, salvo en términos generales y muy técnicos.

P. ¿Realmente la gente joven está conectando con la ultraderecha?

R. Es un dato objetivo. En determinados grupos, Vox es la primera fuerza entre los hombres de entre 18 y 25 años. Pero tampoco hay que preocuparse de más. En una época Izquierda Unida fue la primera opción entre los jóvenes y jamás consiguió llegar al gobierno. Ahora los de extrema derecha dicen que son los nuevos punks. Me parece una ofensa a Siniestro Total. Ahora hay esa idea de que ser de derechas es lo cool, lo alternativo. Yo quiero ser optimismo y quiero creer que ese gusto por Vox entre los jóvenes no va a mantenerse a lo largo del tiempo. Quizá me equivoco.

P. ¿Entonces no veremos a Abascal en el gobierno?

R. Yo creo que no. A Núñez Feijóo, lo veo menos probable. Cada día que pasa, la probabilidad de que Feijóo sea presidente es menor. Dicho esto, todavía queda un año para las generales.

P. Es muy activo en las tertulias televisivas. ¿Opinar se ha convertido en una profesión de riesgo?

R. Yo no tengo sensación de peligro, pero para algunas mujeres el peligro es real. Para las mujeres progresistas, dar su opinión se ha convertido en un riesgo. Mira lo que le ha pasado a Rita Maestre, Irene Montero o Sarah Santaolalla.

P. Kennedy decía que el enemigo de la verdad no es la mentira, sino el mito. ¿Cuál es el gran mito de España?

R. Cada época tiene el suyo. El gran mito de nuestro tiempo es que rey Juan Carlos fue el hacedor de la democracia. La política en el sentido grande vive de esos mitos, es una realidad inventada. La bandera es un trapo con dos colores y el dinero es un símbolo. Los que nos dedicamos a la comunicación política sabemos que trabajamos con ficciones. Lo bonito de esas ficciones es que tienen un impacto real en la convivencia y la vida cotidiana de la gente. Nuestras ficciones, a diferencia de las literarias, tienen consecuencias en la realidad.

P. ¿La monarquía es un elemento de consenso o de disenso?

R. Están haciendo un gran esfuerzo por limitar los daños del anterior reinado y están intentando generar alrededor de ellos la idea de consenso. La monarquía depende de quien tenga la mayoría y hoy la mayoría la tiene el PSOE. Sabiendo que una buena parte del PSOE y sus votantes son más bien republicanos, tienen que tener cuidado de que la balanza no se vuelque hacia la antimonarquía porque tampoco es tan complicado que en España haya una república. No nos volvamos locos. Se propone una reforma constitucional y ya está. Volviendo a lo que preguntabas, la Casa del Rey está haciendo bien su tarea aunque a veces veo ciertos tics. Tienen que tener mucho cuidado de que nadie se apropie de ellos. En España nadie debería apropiarse de la monarquía. Si el rey Felipe tuvo alguna vez la tentación de un reinado más político, debería desecharla. En España eso es lo más peligroso.

P. Tengo la sensación de que la reina Letizia gusta más a los republicanos que a los monárquicos

R. Ni siquiera ella era monárquica. Es extraordinaria en su papel. No ha cogido todos los dejes de ese engolamiento que tiene la Casa Real. Es mucha más expansiva: se acerca, dirige, atrae, se mueve, habla. Desde el punto de vista de la comunicación, eso también es un riesgo. Una reina vulgar es una quimera, una contradicción en los términos. Pero ha cambiado su figura. Siendo la esposa de Felipe era una. Ahora es la madre de la futura reina. La influencia de las madres sobre las hijas es muy importante. Te voy a dar una primicia: la Casa del Rey nos ha prometido que la princesa Leonor se hará socia del Ateneo cuando cumpla la edad a la que el Rey se hizo socio [el rey Felipe se hizo ateneísta a los 25 años]. Mantendrán la tradición, porque son socios desde Alfonso XIII.

P. Siempre se dijo que España no era monárquica, sino juarcarlista. Sin Juan Carlos I, ¿qué es España?

R. Yo creo que, por encima de todo, somos gente muy tolerante. Los españoles mantenemos con bastante honradez y con bastante equilibrio una sociedad que es muy plural. Nos da un poco igual la monarquía, me da la sensación. A lo mejor por eso el CIS no pregunta desde hace diez años.

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