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La guerra en Irán pone en riesgo el suministro de medicamentos esenciales a Europa

Países como Suecia y Reino Unido temen que el conflicto aumente pronto los desabastecimientos, mientras España confía en que el peso del sector de los genéricos mitigue las tensiones que ya sufren las cadenas de abastecimiento

Almacén en Leganés de la cooperativa Bidafarma de distribución mayorista de medicamentos. JAIME VILLANUEVA

Cuando las primeras bombas de la ofensiva lanzada por Estados Unidos e Israel contra el régimen iraní cayeron sobre Teherán, el 28 de febrero, Raúl Díaz-Varela recordó el impacto que en 2022 tuvo la invasión rusa de Ucrania en el sector farmacéutico. “El precio del paracetamol se disparó en los mercados internacionales de cinco a 12 euros el kilo y el comercio de medicamentos esenciales de Asia a Europa quedó sumido en la incertidumbre”, rememora el presidente de Kern Pharma, una de las tres mayores empresas españolas de fármacos genéricos.

La actual guerra ha llevado el precio del barril a niveles no vistos desde entonces, un incremento que se traslada en cascada a todos los sectores y que hace temer otra oleada inflacionista. En el caso de los medicamentos, el problema se agrava porque los precios regulados no permiten trasladar las subidas de costes al consumidor. Esto, además de ser importante para la viabilidad del sector —solo de paracetamol, Kern Pharma adquiere 700 toneladas anuales—, no es el único reto que afrontan las empresas.

“Ahora mismo hay barcos varados en Asia sin saber muy bien cómo llegar a Europa. En sus bodegas tienen lo que serán los medicamentos a la venta aquí en unos meses. India es la gran productora de principios activos y China de materias primas. Las aseguradoras han disparado el precio de las pólizas por pasar por el canal de Suez [amenazado por los hutíes de Yemen dentro del conflicto] y la alternativa, que rodea África, es más larga. Esto aumenta los costes, retrasa plazos de entrega y tensiona toda la cadena de suministros”, ilustra Rafael Borràs, consultor especializado en el sector.

Algunos países han empezado a temer los desabastecimientos, un problema que se repite en Europa incluso en tiempos de paz. “Si la guerra se prolonga o intensifica, la situación podría empeorar muy pronto”, declaró a Euroactiv.com —influyente medio digital en Bruselas— Luisa Becedas, responsable de Disponibilidad Farmacéutica de la Agencia Sueca de Productos Médicos. Una preocupación importante es la de que los hutíes de Yemen extiendan al canal de Suez el bloqueo del estrecho de Ormuz. “Estamos siguiendo esto muy de cerca”, admitió Becedas.

“Es la tormenta perfecta. India es conocida como la farmacia del mundo y, con la situación geopolítica actual, resulta cada vez más difícil dar salida a sus productos”, afirmó a The Guardian David Weeks, director de gestión de riesgos en Moody’s —una de las grandes agencias de análisis del mundo—, en una información que alertaba de que, si la guerra continúa, el Reino Unido puede estar a “a pocas semanas” del desabastecimiento de medicamentos.

Todas las fuentes consultadas se muestran confiadas en que España no sufra en exceso, al menos por ahora, la sacudida. Una de las razones es el peso que tienen en el país empresas como Kern Pharma, explica Antonio Mingorance, presidente de Bidafarma, cooperativa de distribución mayorista líder en el país: “Tener un potente sector de genéricos, como del que disfruta España, es una garantía. Reduce la vulnerabilidad y permite reaccionar con mayor rapidez a situaciones de tensión internacional. Entre los stocks de las empresas, los que tenemos en la distribución y los de las farmacias, hay producto para más de seis meses de consumo. Es un colchón importante”.

Raúl Díaz-Varela afirma que su compañía cuenta con “existencias para entre tres y seis meses de producción” en la mayor fábrica de la compañía, situada en Terrassa (Barcelona) y que produce más de 100 millones de cajas de medicamentos al año. “Nosotros tenemos medicamentos para un mes y medio o dos en nuestros almacenes”, añade por su parte Mingorance.

La Agencia Española del Medicamento y Productos Sanitarios (AEMPS) afirma que “hasta la fecha, no han sido notificados desabastecimientos críticos”. Las compañías sí “están informando de distintos niveles de disrupciones, principalmente relacionadas con interrupciones en el transporte aéreo y en las rutas marítimas, así como con el aumento de los costes”. En estos momentos, “la situación es altamente dinámica y el riesgo de desabastecimientos podría aumentar si estas disrupciones persisten”.

El impacto de la guerra en el tráfico aéreo es la otra gran consecuencia negativa de la guerra sobre el sector, alerta en una publicación reciente el Consejo de Relaciones Internacionales (CFR, en sus siglas en inglés, el influyente think tank estadounidense que edita la revista Foreign Affairs). Esto se debe a dos razones. La primera es que los aeropuertos del Golfo Pérsico se han convertido en nodos clave del comercio mundial y por esta vía suelen viajar los fármacos y materias primas más caras.

“Dubái es el centro neurálgico de esta red. Su principal aeropuerto de carga (el undécimo más grande del mundo en 2024) funciona como un importante centro de reexportación farmacéutica, donde las medicinas llegan, se almacenan y luego se envían a todo el mundo”, expone el CFR, que añade que “la actividad de carga aérea en la región del Golfo cayó un 79% entre el 28 de febrero y el 3 de marzo”.

La segunda razón es que los países del Golfo se han convertido en los últimos años en importantes productores del sector: “El ataque de Irán del 18 de marzo a la Ciudad Industrial de Ras Laffan [en Qatar] ha hecho crecer la incertidumbre en el suministro global de helio, esencial para enfriar las máquinas de resonancia magnética usadas en todo el mundo. Qatar es, tras Estados Unidos, el segundo mayor productor de helio del mundo”.

Elena Casaus, secretaria general de la Asociación Española de Medicamentos Genéricos (AESEG), considera que “la situación sigue siendo manejable a corto plazo” si el conflicto bélico no escala. “Las empresas no están viendo un impacto directo en el suministro, pero sí retrasos puntuales en la entrega de principios activos, excipientes y producto terminado debido al desvío obligado de rutas aéreas y marítimas. Los proveedores confirman tensiones crecientes en la logística internacional”, añade.

La reacción de las empresas del sector ha sido activar sus planes de contingencia, lo que supone “diversificar rutas, adelantar pedidos y reforzar los inventarios de seguridad”. Todo ello permite, según Casaus, mirar al futuro con moderado optimismo: “No estamos en el escenario de escasez que anticipan otros países como Suecia o Reino Unido. Si la situación se prolonga, podrían aparecer tensiones en algunos productos sensibles, pero actualmente existe margen para operar con normalidad”.

Farmaindustria, la otra patronal del sector, coincide al señalar que “las más de 180 plantas de producción del sector farmacéutico en el país trabajan con normalidad para garantizar el suministro de medicamentos a farmacias y hospitales”. Según la entidad, “el conflicto abierto en Irán supone una nueva fuente de incertidumbre y volatilidad en un contexto geopolítico ya de por sí complicado” que “si se extiende en el tiempo podría tener un gran impacto en la industria farmacéutica, como ya ocurrió con el conflicto de Ucrania”.

Antonio Mingorance destaca otro factor que mitigaría, en el caso de que se produjeran algunos desabastecimientos, su impacto sobre la población: el papel de los mayoristas. “Nosotros tenemos 32 grandes almacenes robotizados por todo el país. También una red de distribución que puede servir dos veces al día a las 22.000 farmacias españolas. Nuestros registros históricos y sistemas de información anticipan con precisión las necesidades de las oficinas. Todo esto permitiría amortiguar cualquier escenario de escasez al asegurar que cada medicamento disponible llega a la farmacia que lo necesita”, explica el presidente de Bidafarma.

La guerra de Irán, como ya ocurrió con la de Ucrania y la pandemia, debe actuar como “catalizador” en los profundos cambios que vive el sector, sostiene Rafael Borràs. “En un contexto de guerra y disrupciones globales, se ha pasado de optimizar costes a priorizar la resiliencia de las cadenas de suministro”, afirma. Esto requiere, en primer lugar, reducir la dependencia del sector de las importaciones asiáticas, lo que hace necesaria “una estrategia coordinada a nivel de la Unión Europea que combine incentivos a la producción local, estabilidad regulatoria y mecanismos de financiación ágiles, con el apoyo de instituciones como el Banco Europeo de Inversiones”, añade este experto.

Elena Casaus eleva al Gobierno una medida concreta:
“Incluir a la fabricación y comercialización de medicamentos genéricos, que representan nueve de cada diez de los declarados críticos por la Unión Europea y cuyo suministro debe estar siempre garantizado, en cualquier iniciativa destinada a compensar el impacto del encarecimiento energético y logístico derivado de la guerra”.

Mientras los países europeos se preparan para los nuevos escenarios, la Organización Mundial de la Salud (OMS) alerta de que otros gobiernos se enfrentan a situaciones mucho más precarias. El sistema de emergencia de este organismo depende en buena parte de los aeropuertos del Golfo y la directora regional de la OMS, Hanan Balkhyzona, ha alertado sobre “necesidades no satisfechas en países vulnerables derivadas del conflicto en Irán”. El riesgo, alerta, es que la crisis humanitaria que ya sufren las poblaciones de los países golpeados por la guerra se extienda por el globo al dejar sin fármacos esenciales a los países más pobres.

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