Ir al contenido
_
_
_
_

La teoría del Gran Reemplazo se estrella en un aparcamiento de Jumilla

Mientras la ultraderecha agita la conspiración contra el islam, en un pueblo de Murcia 1.500 musulmanes acaban de renunciar a una cuestión identitaria fundamental: un lugar fijo donde rezar

Musulmanes de Jumilla rezan en el aparcamiento de la piscina municipal, el pasado viernes. ALFONSO DURAN

Todavía no había amanecido y Moha y su grupo ya tenían una misión: tratar de que nadie en el pueblo se diera cuenta de que en dos baños públicos habían orinado 1.500 musulmanes. Y echaban cubetazos en los aseos con otra complicación extra: que sus padres no vieran una mancha en sus túnicas blancas recién estrenadas para el rezo del fin del Ramadán. Como si nunca hubieran estado allí, porque no saben si podrán volver a hacerlo.

Cuando el escritor francés Renaud Camus elaboró la teoría conspiranoica del Gran Reemplazo, según la cual la población blanca europea está siendo sustituida deliberadamente por islamistas radicales y negros, seguramente no pensaba en Jumilla. En este municipio vitivinícola, a los pies de la Sierra del Carche, de 27.600 habitantes, que vive de las viñas, pero también de lo que una masa de jornaleros pobres cosecha de los campos de Hellín y Cieza, hay una comunidad musulmana que supone el 5% de su censo que acaba de renunciar a una cuestión identitaria fundamental: un lugar donde rezar tranquilos.

La oración por el fin del ayuno prevista para este viernes, que supone una de las dos grandes festividades religiosas, además de la Fiesta del Cordero, ni siquiera estaba segura a principios de esta semana. El misterio en torno al lugar por parte del consistorio, cediendo un rincón improvisado, y comunicado a última hora a los suyos, supuso un reflejo de un temor nuevo para esta población: si exhibir su fe los pondría de nuevo en riesgo. “Lo único que no queremos son más problemas”, apuntaba Amina de camino con su hija a la ceremonia.

Los musulmanes de Jumilla han terminado haciéndolo en el aparcamiento de la piscina municipal, y las mujeres y los niños, en la puerta del garaje de la patrulla canina de la Policía Local. “No nos gusta, claro. No es un sitio para rezar, no está limpio. Pero es lo único que nos han dejado”, se quejaba este viernes Fátima Chakour, desde el salón de su casa donde sí pudo continuar con la celebración de este día que compara con “la Navidad para los católicos”.

Por su parte, desde el consistorio aseguran a este diario: “Nos dejaron claro que no les importaba el lugar donde celebrar el rezo, solo querían que colaborásemos y lo pudieran hacer con normalidad”.

Ya sin los focos de las televisiones nacionales, ni los agitadores alentando ninguna cacería contra el magrebí, la ultraderecha ha consumado este viernes uno de los triunfos del discurso islamófobo que calentó el verano pasado España. Y sin necesidad de campañas en redes, ni nuevas medidas polémicas en los Plenos municipales, toda una comunidad musulmana del municipio murciano de Jumilla (27.600 habitantes) ha asumido que ya no podrán rezar como lo hacían antes. Ni siquiera saben si podrán disponer de este mismo espacio dentro de dos meses, para la fiesta del Cordero.

A finales de julio, una moción de Vox (aceptada y enmendada por el PP a cambio de aprobar los presupuestos), que llevaba todo el verano calentando el debate xenófobo en España, aterrizó como un meteorito en el centro del pueblo. Como había sucedido hacía un mes en Torre Pacheco, también en Murcia. Una medida que les impedía celebrar sus dos grandes fiestas religiosas en el polideportivo. Una propuesta que ni siquiera había planteado antes el Ayuntamiento, ni demandado el pueblo, de repente convirtió a la localidad en el nuevo foco del odio al islam en el país.

“Vamos a priorizar nuestras tradiciones y nuestra identidad”, anunciaba su alcaldesa, del PP, Severa González en una entrevista en medio de la polémica de agosto a este diario. Y bajo esa justificación difusa, en una localidad coronada por un castillo de origen árabe, cientos de vecinos han visto restringido en parte su derecho de culto. Una medida que recurrió la Abogacía del Estado y fue rechazada por un juzgado de Murcia en noviembre, y que de momento se encuentra en punto muerto.

El consistorio tuvo meses para cambiar el reglamento y consumar jurídicamente la prohibición. Pero no lo hicieron, según han asegurado a este diario fuentes del Gobierno local. Y no ha hecho falta. El fantasma de los disturbios en Torre Pacheco y el avance del discurso global contra el islam acecha cada casa musulmana en municipios agrícolas como este.

“En el Gobierno podrían haberlo hecho como siempre, en el polideportivo. Pero no quieren tener problemas con Vox”, denuncia la exalcaldesa del PSOE, Juana Guardiola, presente en el rezo. “Me ha emocionado y he sentido vergüenza de ver que no pudieran realizar su rezo en mejores condiciones, porque no hay ningún motivo; en todas las poblaciones cercanas se están haciendo, ¿por qué en Jumilla no? Se les ha negado”, declaraba al finalizar el acto Guardiola.

Un hombre vestido de blanco y sonriente vigilaba cada esquina del aparcamiento donde se preparaban para rezar cientos de musulmanes.“Todo tiene que estar limpio, pero en un sitio así no es tan fácil”, señalaba Mohamed Chakour, vicepresidente de la comunidad islámica de Jumilla y fundador de su mezquita principal en el año 94, cuando muchos como él, inmigrantes marroquíes, tenían que viajar hasta Alicante para encontrar una cercana.

El resto de Jumilla se mantenía ajena a una polémica que siempre vino de fuera. Algunos vecinos curiosos miraban de reojo mientras cruzaban la calle una ceremonia que observaban por primera vez en su pueblo, aunque llevara celebrándose más de una década. “¿Si esta gente paga sus impuestos como nosotros por qué no van a poder pedir un espacio como el resto?”, comentaba un parroquiano en una cafetería cercana. “Yo la verdad es que no entiendo por qué tanto escándalo por eso”, apuntaba otra que se enteró por las noticias del verano pasado de que llevaban tanto tiempo haciendo esta celebración en su pueblo.

El nuevo espacio al aire libre y abierto, encajado en un rincón entre una de las principales avenidas de Jumilla y una de las calles que suben al centro, lo ha hecho más visible que nunca. Y mucho más expuesto. Pese a los miedos de algunos musulmanes como Fátima, que reconoce haber pasado la mañana mirando a cada esquina, un agente de la Policía Local tenía otra preocupación en mente: “Esperemos que no llueva, porque entonces no sé qué va a hacer toda esta gente”.

—¿Y hay previsto un plan b?

—Que su Dios y el nuestro se pongan de acuerdo.

Hacia las 8.46, tras arrancar un sermón similar a una misa, ante una multitud hincada en sus alfombras, un joven con acento murciano tomaba el micrófono: “Nuestra presencia en España requiere responsabilidad. Este país nos ha acogido y debemos responder con fidelidad y dar a conocer el islam a través de nuestro comportamiento”. Una trabajadora social del municipio, Fina Molina, explicaba que ese adolescente era realmente jumillano: “Ese es el problema, que ni siquiera se sienten como nosotros, como si no tuvieran los mismos derechos”.

Y de repente, la conspiranoica teoría del Gran Reemplazo que agitan las élites en el mundo, también recientemente desde Madrid, se estrellaba silenciosa en un aparcamiento de Jumilla.

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo

¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?

Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.

¿Por qué estás viendo esto?

Flecha

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.

Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.

¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.

En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.

Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.

Rellena tu nombre y apellido para comentarcompletar datos

Archivado En

_
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
_
_