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Los musulmanes de Jumilla resisten a la ultraderecha desde un ‘parking’: “Es lo que nos han dejado”

Unos 1.500 vecinos celebran el rezo del fin del Ramadán en un aparcamiento público después de que el Ayuntamiento les prohibiera hacerlo en un polideportivo

Unos 1.500 musulmanes de Jumilla en el rezo del fin del Ramadán este viernes.ALFONSO DURÁN

A las 7.10 de este viernes, cuando apenas salía el sol en el municipio murciano de Jumilla (27.600 habitantes), dos jóvenes arrastraban unos cubos y unas fregonas y algo de sueño. Repartían chalecos amarillos para una veintena. Un hombre con túnica azul daba órdenes casi en susurro a la mayoría. Mientras, un puñado de policías esperaba junto a unas vallas a una multitud que no llegaba. Mercedes, la encargada de la piscina municipal, había tenido que abrir una hora antes de lo normal (a las seis). Mientras la mayoría del pueblo aún dormía y otros salían a trabajar, ajenos a este trajín, en un rincón improvisado de la localidad estaba casi todo listo para celebrar lo que hace siete meses parecía improbable. La manzana de la discordia que la ultraderecha había sembrado en Murcia: el rezo musulmán del fin del Ramadán.

Alrededor de 1.500 vecinos musulmanes de la localidad vinícola por excelencia de la región se han reunido para orar en una explanada donde apenas cabían. Un lugar cedido por el Ayuntamiento después de meses de negociaciones con la comunidad islámica para encontrar un sitio que esquivara la medida que prohibía hacerlo donde siempre: en el polideportivo municipal. Un espacio que no es el ideal, contaban algunos de los que acudían esta mañana, “pero es lo único que nos han dejado”, se resignaba Mohamed Chakour, vicepresidente de la comunidad.

A finales de julio, una moción de Vox (aceptada y enmendada por el PP), que llevaba todo el verano calentando el debate xenófobo en España, aterrizó como un meteorito en el centro del pueblo. Otra vez en Murcia. Como había sucedido hacía un mes en Torre Pacheco. Una medida que ni siquiera había planteado la Concejalía de Deportes, de repente convirtió a la localidad en el nuevo foco del odio al islam en el país. Jumilla supuso el último bastión de la ultraderecha para hacer avanzar su mensaje: a rezar a otra parte.

La enmienda que aprobó el Ayuntamiento impedía, si se cambiaba el reglamento, que se pudieran celebrar en espacios deportivos municipales eventos que no fueran de carácter deportivo u otros que organizara el propio Consistorio. El texto que sacó adelante el Grupo Popular en el Consistorio mantuvo, no obstante, el carácter inicial que empujó Vox: “Sobre la defensa de los usos y costumbres del pueblo español frente a las prácticas culturales foráneas, como la Fiesta del Cordero y la modificación del reglamento de uso y funcionamiento de instalaciones deportivas municipales”. Y la norma, que se aprobó con la abstención del grupo ultra, se selló una semana antes de lograr aprobar los Presupuestos de la localidad.

La norma fue recurrida por la Abogacía del Estado en octubre, aunque un juez le dio la razón al Consistorio. Pero, llegada la fecha para una de las dos festividades religiosas más importantes (falta la del Cordero), no se ha tramitado ningún mecanismo para impedirlo, cuentan a este diario fuentes municipales. Aun así, el rezo no se ha llevado a cabo donde siempre, sino en un espacio público improvisado, acordado por el Consistorio y la comunidad islámica. Una propuesta que no alimentará el rechazo de nuevo de Vox y que ha terminado por aceptar una comunidad a la que cada vez se lo estaban poniendo más difícil.

Mientras comenzaba la llamada a la oración, a un lado del espacio de los hombres —las mujeres y los niños lo hacían en el patio trasero de la comisaría de la Policía Local—, algunas autoridades, del PSOE e IU, han querido asistir para dar un reconocimiento especial a parte de una comunidad de vecinos que ha vivido estos meses con temor a generar cualquier tipo de nuevo conflicto. “Este año, por las connotaciones que tenía, nuestra presencia tenía todavía más sentido. Además, estamos profundamente agradecidos de que hayan tratado con mucho respeto todo lo que se les ha impuesto desde el Gobierno local. Y a mí, sinceramente, me ha emocionado y he sentido vergüenza de ver que no pudieran realizar su rezo en mejores condiciones, porque no hay ningún motivo; en todas las poblaciones cercanas se están haciendo, ¿por qué en Jumilla no? Se les ha negado”, ha declarado la exalcaldesa y concejala del PSOE, Juana Guardiola.

A las 8.46 comenzaba una ceremonia, similar a un sermón, en el que la comunidad entregaba a unos 30 jóvenes unos galardones a la excelencia, ante la presencia de 1.500 hombres. Después, esta multitud, que tradicionalmente había celebrado el Eid al-Fitr en un espacio más íntimo, resguardado, alejado del pueblo, se hincaba este viernes en sus alfombras y repetía las palabras del imán mientras algunos coches circulaban por la avenida de La Libertad.

“Yo, la verdad es que mientras rezábamos miraba a todas partes”, cuenta a este diario Fátima Chakour, de 33 años, vecina de Jumilla, criada en el islam, de madre jumillana y padre marroquí. Sabía que estaban resguardados por la policía municipal, pero llevan meses de polémicas ajenas al pueblo, y era la primera vez que llevaban a cabo esta festividad religiosa de cara al municipio. “Algún vecino curioso se ha acercado a hacernos fotos y yo me he sentido algo incómoda”, apuntaba.

Al terminar, un puñado de agentes municipales y los organizadores de la comunidad, compartían café y té con dulces árabes, con pan de sémola de trigo, aceite de oliva y queso. Y los jóvenes de las fregonas limpiaban los baños de la piscina municipal, cedidos también para el acto. Unas máquinas de limpieza pasaban el cepillo por donde antes habían estado las alfombras. “Mira, si te das cuenta, esto es todo desconocimiento, nosotros jamás ensuciaríamos el lugar donde venimos a rezar. Todo lo contrario: nos vamos a ir de aquí y esto se quedará más limpio todavía”, señala otro joven, Mohamed Boudchiche. “Pues nada, dentro de nada, nos tocan las procesiones”, bromeaba el comisario.

Pese a que la medida de prohibir el rezo en espacios deportivos buscaba limitar los espacios para orar de esta comunidad, pues eran los únicos que lo hacían en ese recinto, ha trasladado a una zona todavía más céntrica de la localidad el evento. Y algunos temían que hubiera algún espontáneo que provocara algún encontronazo, especialmente con los más jóvenes. El rezo —que se ha llevado a cabo sin ningún incidente— ha demostrado, sin embargo, una vez más, que las polémicas de la ultraderecha no han calado en lo más profundo del pueblo.

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