El despliegue militar que España puede enviar a Ucrania: instructores, ingenieros, artificieros y observadores
El objetivo de la misión europea, una vez que haya alto el fuego, será reforzar el diezmado sistema de defensa de Kiev

Instructores, ingenieros, desactivadores de explosivos y observadores son algunas de las capacidades militares que España está dispuesta a aportar a la futura fuerza de paz europea que se desplegará en Ucrania cuando se alcance un alto el fuego con Rusia, según fuentes militares. El plan que los miembros de la llamada Coalición de Voluntarios lleva discutiendo más de un año y que el pasado martes recibió un decisivo impulso en la cumbre celebrada en París por mandatarios de 35 países –entre ellos, el presidente español Pedro Sánchez— no contempla el despliegue de una fuerza con potencia suficiente para disuadir a Rusia de un nuevo ataque, pero sí de un contingente de asistencia y apoyo al Ejército ucranio, al que correspondería actuar como “primera línea de defensa y disuasión”, mientras recibe el refuerzo de sus aliados, según el comunicado de París. “Serán miles de soldados europeos, no decenas de miles”, resumen las fuentes consultadas, quienes recuerdan que Rusia tiene unas 150 brigadas al otro lado de la frontera y Europa no está en condiciones de igualar un volumen similar de tropas.
La fuerza multinacional en la que España se ha comprometido a participar estará bajo mando europeo y contará con contribuciones de otros países que forman parte de la coalición, como Australia, Canadá, Japón o Turquía así como el apoyo decisivo de Estados Unidos, que no tendrá tropas sobre el terreno, pero actuará como garante último de su seguridad. Su cuartel general estará en París y su principal misión será reforzar las estructuras de defensa de Kiev, reconstruyendo un Ejército diezmado por la guerra y fortaleciendo sus medios y estructuras.
Con este fin se trasladará a Ucrania la instrucción de militares ucranianos que actualmente se realiza en territorio de los países de la UE, señalan las mismas fuentes. En el marco de la Misión Europea de Asistencia a Ucrania (EUMAM UA), que tiene uno de sus centros de coordinación en Toledo, España ha instruido ya a 8.500 militares, el 10% del total. El traslado a suelo ucranio de los instructores europeos, incluidos los españoles, no solo permitirá acelerar el ritmo de instrucción de reclutas, sino ampliar sus cometidos e incluir tareas de asesoramiento y apoyo técnico al Ejército ucranio.
El fortalecimiento de la defensa de Ucrania pasa por mantener un respaldo sostenido en el tiempo, mediante el apoyo financiero a largo plazo y un continuo suministro de armamento y munición, así como la construcción de una potente industria militar, que podría recibir fondos de la UE y participar en programas conjuntos de armamento con los países europeos. Durante la visita a Madrid del presidente Volodímir Zelenski, en mayo de 2022, se firmó un acuerdo bilateral en materia de seguridad por el que España se comprometió a facilitar armamento a Kiev por valor de 1.000 millones de euros anuales durante una década. En el último Consejo de Ministros del año pasado se aprobó un desembolso de 100 millones para comprar equipos estadounidenses para Ucrania, en el marco de un programa de la OTAN.
Una de las capacidades que puede aportar España es una unidad de ingenieros militares, según las fuentes consultadas. No solo se trata de realizar reparaciones de emergencia para reabrir vías de comunicación o habilitar el paso de ríos en zonas donde se han destruido las infraestructuras, sino de acometer obras a medio plazo, como la construcción de fortificaciones defensivas o depósitos de munición para ser utilizados en caso de conflicto. Como parte del arma de ingenieros, correspondería a los zapadores recuperar y desactivar artefactos sin explosionar que están diseminados por todo el país tras casi cuatro años de bombardeos rusos. En el mar Negro, la labor de limpieza correspondería a los cazaminas, de los que la Armada española tiene cinco unidades en servicio.
Finalmente, aunque la lista no sea exhaustiva, España podría contribuir con observadores militares al mecanismo de supervisión y verificación del alto el fuego, dirigido por EE UU, que está previsto que incluya tanto personal sobre el terreno como vigilancia electrónica a través de drones y satélites. Europa estará representada en la comisión de arbitraje que determinará posibles incumplimientos del alto el fuego y atribuirá responsabilidades. Para ello, será necesario contar con medios de control del espacio aéreo y de las zonas marítimas contiguas. Lo que se descarta, añaden las mismas fuentes, es el envío de grandes unidades de combate, aunque las tropas europeas deberán contar con medios propios de autoprotección, subrayan.
Todos estos planes están aún en barbecho, ya que la fuerza multinacional no se desplegará hasta que no se produzca un “cese creíble de hostilidades”, según lo acordado en París, y sus características finales dependerán de las condiciones que se fijen en el acuerdo de alto el fuego. La oposición de Moscú ha llevado a descartar la participación de la OTAN en la operación y tampoco se plantea pedir el aval de la ONU, donde Rusia tiene poder de veto. Como señaló este miércoles el ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, para cumplir la legalidad internacional basta con que el país afectado ―Ucrania en este caso― solicite la presencia de las tropas extranjeras en su suelo. Ello exigirá la firma de acuerdos bilaterales o multilaterales con Kiev para regular el estatuto de esas fuerzas.
Aunque la fuerza multinacional desplegada sobre el terreno no sea lo bastante robusta como para frenar un ataque ruso, la posibilidad de que militares europeos fueran víctimas de un ataque, internacionalizando el conflicto, podría disuadir a Putin de iniciarlo, razonan las mismas fuentes. Pero, además, el acuerdo contempla “compromisos vinculantes para apoyar a Ucrania en caso de un futuro ataque armado por parte de Rusia”, lo que puede incluir “el uso de capacidades militares, apoyo logístico y de inteligencia, iniciativas diplomáticas y sanciones adicionales”. Esta fórmula está inspirada en el artículo 5 del Tratado de Washington, que blinda la defensa mutua y obliga a cada país de la OTAN a adoptar “las medidas que juzgue necesarias, incluido el empleo de la fuerza armada”, en caso de ataque a cualquiera de ellos. Más allá de las diferencias de redacción, apuntan fuentes diplomáticas, lo relevante es si existe voluntad de aplicarlo, llegado el caso.
Expertos militares señalan que, para que este compromiso sea creíble, los ejércitos europeos y el ucraniano deberían homologar equipos y procedimientos y realizar ejercicios conjuntos que les permitieran operar de forma coordinada si es necesario. En todo caso, si España asume un “compromiso vinculante” en materia de seguridad, como señala el comunicado de París, este debería incluirse en un tratado y someterse a la aprobación de las Cortes, advierten los expertos. Por el momento, se da por descontado que, en aplicación de la Ley de Defensa Nacional de 2005, la participación de militares españoles en la fuerza multinacional para Ucrania deberá ser aprobada por el Congreso, lo que el Gobierno no tiene aún garantizado, ante la oposición de algunos socios de investidura, como Podemos, y la indefinición del PP.
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