Una excursión perfecta para finales de febrero: la ruta de las norias en la Vega Alta del Segura
El río Segura, a su paso por la murciana Abarán, riega los huertos auxiliado por cuatro enormes ruedas hidráulicas. Finales de este mes es buen momento para admirarlas y, de paso, ver la espectacular floración de los melocotoneros

Todos los años, en la comarca de la Vega Alta del Segura ―formada por los municipios de Cieza, Abarán y Blanca―, una superficie equivalente a 26.000 campos de fútbol, se vuelve de color rosa. Es la versión murciana del sakura japonés, con melocotoneros en lugar de cerezos. Y no sucede en primavera, sino a finales de febrero, porque aquí hace más calorcico y a las flores no les cuesta madrugar. Elíjase uno de esos días o de los primeros de marzo y éntrese en la Región de Murcia por la autovía A-30, bajando desde Albacete. Al poco de cruzar el límite provincial, en el punto kilométrico 88, empezará a verse el mar de frutales que ha convertido esta comarca del norte murciano en la mayor productora de melocotones de Europa ―solo de Cieza salen 180 millones de kilos al año― y en un poderoso imán invernal de tiktokers e instagramers en busca de fotos y vídeos floridos.
Siendo espectacular, la floración de los melocotoneros no es lo más insólito de la Vega Alta del Segura. Lo más extraño es cómo se riegan los huertos en Abarán: con enormes norias que elevan el agua del río Segura, igual que hace cientos de años. Las norias que aún funcionan en España se pueden contar con los dedos de las dos manos. Aquí, en Abarán, se conservan cuatro de ellas. La palabra noria proviene del árabe hispánico nā‘úra, que a su vez deriva del árabe clásico na‘ar, cuyo significado es gruñir, gemir, chirriar… Tal es el sonido lastimero que producen estas gigantas al girar. Y las gotas de agua que rezuman y caen de sus cangilones son como lágrimas. Motivos tienen para lamentarse: son las últimas de una especie en grave peligro de extinción.
La noria de riego funcional más grande de Europa
En el Parque de las Norias de Abarán, rodeada de altas palmeras datileras, está la aún más alta noria Grande, que es la mayor de todas las que aún funcionan en Europa, de 11,90 metros de diámetro. Es una noria famosa ―a sus pies está la placa conmemorativa del Premio Hispania Nostra 2023―, una estrella de hierro y madera de 32 radios, 64 palas y 128 cangilones que se bebe y escupe 32 litros de agua cada segundo. Lleva dando vueltas desde 1805 y, si no hubiera parado un solo día ―porque, a veces, hay que arreglarla o no toca regar―, habría sacado del río 209.083.680.000 litros, el equivalente a 1.144 días de consumo en todos los hogares de Murcia.

Cerca de esta giganta hay un panel informativo que invita a seguir la Ruta de las Norias o SL-MU 28, un sendero circular de 4,4 kilómetros diseñado para ver las cuatro mayores joyas etnográficas de Abarán y de toda la huerta murciana paseando río arriba y río abajo durante un par de horas. Que pueden ser y serán tres o cuatro, porque se para continuamente. Ya nada más comenzar, hay que detenerse en la angostura de Las Canales para observar el rastro dejado en las rocas por una acequia andalusí y cómo el Segura tuerce aquí formando un ángulo recto y ofreciendo una foto magnífica, como hecha con un ojo de pez. Su agua verde, verdísima ―el color complementario del rosa―, haría un contraste formidable con los melocotoneros en flor. Pero no hay ningún campo de ellos a la vista. Lástima. Solo cañaverales y aves acuáticas: cormoranes grandes, martines pescadores, garzas reales… Tampoco está mal para empezar.
Flores rosas, naranjas amargas y luciopercas

Avanzando cinco minutos por la llamada Acequia Principal de Abarán y Blanca, que es la que se sigue durante la primera parte de la ruta, sí que se ven melocotoneros en flor, limoneros y naranjos. A poco que los senderistas muestren interés, los hortelanos les obsequian con naranjas amargas, ideales para hacer confitura con su cáscara. Y si se interesan mucho, acaban con las mochilas a tope.
En la noria de la Hoya de Don García ―segunda del recorrido y también en tamaño: 8,20 metros de diámetro―, los vecinos recogen con largas cañas las algas verdes que la recubren y les explican a los intrigados forasteros que estas son el mejor cebo para pescar en el río alburnos, barbos y luciopercas. Esta noria data de 1818 y, al igual que la Grande, fue reconstruida en 1951. Es toda de madera y, aunque, más chica, mucho más productiva, pues levanta 42 litros de agua de la Acequia Principal por segundo. O sea, es doblemente útil: sirve para regar y para pescar.
La noria de Candelón y la Ñorica

Luego toca volver al Parque de las Norias por el mismo camino y cruzar el Segura por un puente peatonal que hay un poco más adelante. A la derecha, aguas arriba, se halla la noria de Candelón, que es enteramente metálica, de seis metros de diámetro, y que con el agua que levanta permite regar 15 tahúllas ―medida de origen musulmán, equivalente a unos 1.118 metros cuadrados o a la novena parte de una hectárea, que aún se usa en Murcia, Alicante y Almería― de esta otra margen del Segura. A la izquierda, aguas abajo, se encuentra la Ñorica, la noria más pequeña del lugar ―cinco metros de diámetro―, que desde hace 60 años trabaja para una sola casa y lo más memorable que ha hecho es llenar la piscina. Más abajo aún, se descubre el Puente Viejo o de Hierro ―el primero no provisional de Abarán que unió ambas orillas, en 1880― y, al lado, la mejor panadería de la población: Virgen del Oro Los Cocheros.

Tras cruzar el Puente Viejo, solo queda regresar al punto de partida por la otra orilla, siguiendo un camino de tierra bordado de álamos y huertos. Abarán, visto desde aquí, parece un pueblo moro, con sus casas apiñadas allá arriba y con las palmeras cimbreándose a sus pies. Se ve que los que fundaron Fauaran a finales del siglo IX no querían construir cerca del río, porque no se fiaban de sus cambios de humor o porque eran las tierras más fértiles, las mejores para plantar sus hortalizas y sus frutales. Ahí cerca está, rodeado de huertos, el restaurante-merendero Los Tanas, un excelente lugar para comer el pisto de bacalao seco, el zarangollo murciano, la fritá y muchas de las verduras que se ven desde la terraza. Bueno, y también carnes a la brasa.

Después de comer, es buena idea bajar a Blanca y asomarse al mirador del Alto de Bayna para contemplar cómo el Segura se remansa en un embalse larguirucho y de color turquesa, el del Azud de Ojós, al pie de la sierra del Chinte. En la orilla del embalse hay también un mirador con bancos para sentarse a ver el atardecer y los muchos cormoranes grandes que se concentran en este humedal, hasta un centenar en invierno.
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