Una exposición de Van Dyck como excusa para visitar Génova, la ciudad italiana a veces eclipsada
Una gran retrospectiva del pintor flamenco, que retrató a la aristocracia genovesa del siglo XVII, es el mejor motivo para descubrir los palacios y museos de una urbe que suele quedar fuera de los circuitos turísticos por Italia


Fue durante casi ocho siglos una de las potencias comerciales y navales más influyentes del mundo. Pero en términos turísticos Génova ha sido eclipsada por otras ciudades italianas con más tirón, como Florencia, Siena o su archienemiga histórica, Venecia. Sin embargo, esta gran desconocida alberga tantos tesoros, tantos monumentos y tantos lugares de interés como cualquiera de ellas.
Este año hay, además, una razón extra para ir a la capital de Liguria: el 20 de marzo se inaugura en el Palazzo Ducale la exposición Van Dyck el europeo. El viaje de un genio de Amberes a Génova y Londres, una de las grandes retrospectivas de la cultura europea en 2026, que se podrá visitar hasta el 19 de julio. Es un ambicioso proyecto expositivo que reúne 58 obras maestras del gran pintor flamenco procedentes de diferentes colecciones internacionales (entre ellas, del Museo del Prado y del Thyssen) que resumen la etapa genovesa de uno de los referentes del Barroco europeo.
En octubre de 1621, el joven pero ya prometedor Anton Van Dyck decidió dejar su Amberes natal y partir a Italia para seguir formándose, como ya habían hecho antes otros pintores flamencos, entre ellos su maestro, Rubens. Recaló en Génova, donde vivió durante seis años y donde se codeó con la alta aristocracia de una ciudad que era entonces uno de los mayores centros de poder económico de Europa. Allí retrató a personajes de las mejores familias genovesas: Spinola, Durazzo, Lomellini, Doria, Brignole, entre otras, con un estilo innovador de siluetas estilizadas y expresiones severas —bastante alejado del de Rubens— que causó furor entre los más ricos comerciantes. Tanto, que aún se considera esta etapa italiana de Van Dyck como uno de los periodos más creativos y brillantes de su obra. Es la que recoge la muestra.
Su visita es una buena excusa para dedicar unos días a explorar la ciudad y su casco histórico, un laberinto de palacios, iglesias, museos y comercios históricos que la mayoría de viajeros —los que pasan a toda velocidad por la autopista que bordea el mar de Liguria camino del sur de Italia— ni imagina que existe.

La antigua República de Génova construyó un imperio de factorías comerciales por todo el Mediterráneo. Dominó Córcega y Cerdeña durante siglos y tuvo puestos comerciales en Constantinopla (la famosa torre Gálata era suya). Además del monopolio comercial del mar Negro, su colonia en la península de Crimea era uno de los puertos terminales de la Ruta de la Seda que venía de China. Y durante el llamado Siglo de los Genoveses (1528–1627), se aliaron con Carlos V y se convirtieron en los banqueros de la monarquía Hispánica, financiando las guerras de los Austrias y las expediciones a América.
Todo ese esplendor y dinero generado se aprecia en especial en la Strada Nuova —hoy, Vía Garibaldi— y los Palazzi dei Rolli que a ella se asoman. Estos palacios eran las suntuosas residencias nobiliarias de la aristocracia urbana que pintó Van Dyck. Y se llaman así —dei Rolli, de la lista o rollo— porque cuando llegaban a la ciudad altos mandatarios, príncipes o reyes, se sorteaba en cuál de ellos debían alojarse, para que todas las familias nobles pudieran hacer gala de la hospitalidad y, sobre todo, de la ostentación que caracterizaba a la ciudad.

Tres de esos palacios forman el Musei di Strada Nuova, un complejo museístico al que puedes dedicarle una jornada entera y no terminarías de verlo. Son el Palazzo Rosso, del siglo XVII, con su famosa fachada de color rojo intenso, que conserva el mobiliario original y una pinacoteca que ya quisieran muchos museos estatales. También el Palazzo Bianco, el principal museo de arte genovés, con una increíble colección de pintura europea del siglo XV al XVIII (entre ellas, el Ecce Homo de Caravaggio). Y el Palazzo Doria-Tursi, actual sede del Ayuntamiento, pero con parte de sus salas dedicadas a colecciones de tapices, monedas y cerámicas antiguas. Como curiosidad, aquí se expone Cannone Guarneri, el famoso violín que perteneció a Nicolò Paganini.
Toda la vía Garibaldi y calles aledañas son un museo al aire libre de la mejor arquitectura renacentista y barroca italiana, con 42 palacios aún en uso del centenar que llegó a haber. Todo el conjunto fue declarado patrimonio mundial por la Unesco en 2006.
En contraposición a esta Génova de magnificencia, y en realidad mezclada con ella, el viajero se tropieza con la Génova callejera del día a día, de ropa tendida, callejones estrechos, plazas ocultas, fachadas desconchadas, caótica y sucia (recuerda a Nápoles), con una intensa actividad comercial, como buena ciudad portuaria. Italia en estado puro. Una ciudad que es más vertical que horizontal, llena de trattorias y pequeños restaurantes donde probar un pesto genovés, una focaccia con cebolla, unos canestrelli (galletas tradicionales de Liguria), una farinata de garbanzos cocida en horno de leña o unos pansoti, versión vegetariana de los raviolis que se sirven con salsa de nueces.
Otros lugares que no deberías perderte son los Parchi di Nervi, una extensa zona verde de nueve hectáreas en el barrio costero de Nervi, al este de la ciudad, con jardines históricos, una enorme rosaleda, varias villas aristocráticas reconvertidas en museos y el famoso paseo Anita Garibaldi, un sendero peatonal de dos kilómetros excavado en la roca que bordea el mar.

Para reconfirmar la ligazón de la ciudad y los océanos hay que visitar también otros tres lugares muy curiosos relacionados con la navegación y con genoveses que viajaron por medio mundo. Uno es el Museo de Arte Oriental Chiossone, una de las mayores colecciones de arte japonés de Europa, legada por Edoardo Chiossone, ilustrador y grabador genovés que fue invitado por el emperador de Japón a rediseñar los billetes de la fábrica nacional de moneda del país del Sol Naciente. Otro es el Castello d’Albertis, una curiosa residencia neogótica donde vivió el capitán Enrico Alberto d’Albertis, navegante y viajero del siglo XIX, que la decoró con muebles y objetos traídos de los cinco continentes. El tercero es un imperdible: Galata Museo del Mare, posiblemente el museo marítimo más innovador del Mediterráneo. Alberga más de 4.000 objetos relacionados con el imperio de ultramar que montó la República genovesa y 31 salas de exposición, una de ellas, por cierto, dedicada al genovés más famoso de España: Cristóbal Colón, que incluye un famoso retrato atribuido a Michele di Ridolfo del Ghirlandaio.

El Ayuntamiento asegura que además el próximo verano estará terminado ya el Waterfront di Levante, la remodelación de la fachada marítima de una ciudad que debe todo al mar, pero que vivía de espaldas a él. Del proyecto está a cargo el arquitecto Renzo Piano, que acumula ya varios retrasos. Cuando esté terminado será un paseo marítimo sin interrupciones que unirá el Porto Antico y el antiguo pueblo pesquero de Boccadasse, el icónico barrio de casitas de colores apiñadas sobre una saliente de roca que parece una aldea portuaria mediterránea incrustada en una gran ciudad. Un buen lugar para ir a cenar con vistas al mar después de un largo día de visitas culturales por una ciudad que se está reinventando.

Agenda Génova 2026
• 12 de marzo – 12 de julio: Futurismo (Palazzo della Meridiana), centrado en el vínculo entre el movimiento y el mar.
• 24 de abril - 13 de septiembre: Mimmo Rotella (Palazzo Ducale), retrospectiva visionaria a veinte años de su fallecimiento.
• Hasta junio: 800. La sociedad de las modas (Museos de Strada Nuova).
• Mayo: Rolli Days - Edición del 20º Aniversario Unesco.
• Junio: celebraciones Unesco y Grand Finale de la regata internacional.
• Septiembre: Salón Náutico Internacional y inauguración prevista de las nuevas áreas del Waterfront.
• Octubre: Rolli Days y Festival de la Ciencia.
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