Cómo esquivar las multitudes en China: destinos alternativos de los circuitos clásicos pero igual de interesantes
En un país que nadie quiere perderse, pero que también acusa el exceso de turismo, es importante saber moverse. Planificar, reservar y evitar las fechas y lugares más masificados es la clave

De país exótico a destino de masas: China también se enfrenta al exceso de turismo, aunque es más un problema nacional, ya que los visitantes extranjeros, en proporción, son muy pocos. En 2023 se hicieron 4.890 millones de viajes nacionales, comparados con los 35 millones de visitantes extranjeros. El problema de saturación de turistas en China lo encontraremos, sobre todo, en los principales sitios turísticos y especialmente en algunos momentos del año, en los que el país entero se va de vacaciones. De cualquier forma, es mejor prepararse para las multitudes. En las megaciudades y los principales atractivos turísticos es fácil sentirse abrumado, y no siempre es posible huir de las masas, sobre todo si se viaja en temporada alta. Solo hacen falta algo de planificación, flexibilidad y técnicas de relajación.
La ventaja es que las avalanchas turísticas son predecibles, por lo que los principales museos y lugares turísticos se han diseñado para recibir grandes picos de visitantes de temporada, con barreras para formar largas colas y enormes espacios comunes para las esperas. Además, hay una gran diferencia cultural: en China, donde la multitud es la norma, nadie parece preocuparse por el turismo masivo. A muchos chinos no les importa el gentío, hay quien lo disfruta. Los chinos miran extrañados a quienes viajan en solitario e intentan siempre incluirlos en el grupo. Hay un término para esto: rènào (bullicioso), y es algo positivo que mezcla conceptos como diversión, emoción y la alegría de mucha gente haciendo cosas distintas y mucho ruido. Por tanto, hay que ajustar las expectativas de espacio personal. Los chinos, más acostumbrados a situaciones multitudinarias, encuentran culturalmente aceptables los empujones. No queda otra que adoptar una actitud zen y aguantar el inevitable achuchón cuando llegue.
Como viajeros occidentales, para no sentirnos avasallados, lo mejor será alejarnos de las rutas más trilladas, ir a la aventura y a destinos menos conocidos. Es inevitable visitar también los sitos populares, pero conviene reservarlos con mucha antelación y usar los recursos online pensados para extranjeros. También, evitar no alojarnos en las ciudades durante grandes acontecimientos y, si queremos ir a algún festival, dormir en otra ciudad y trasladarnos en tren de alta velocidad.
Más información en la nueva guía Lonely Planet de China y en la web lonelyplanet.es.
Pekín y Shanghái: cómo hacer un viaje alternativo
Es imposible visitar China sin pasar por Pekín y Shanghái, las dos grandes ciudades del país.
Pekín es una ciudad atemporal y en constante cambio que nunca deja de sorprender. Ha sido el centro del poder desde el siglo XIII y ha visto el ir y venir de dinastías sucesivas, cada una de ellas con su propia huella sobre la capital. Son precisamente esos sitios históricos los más interesantes para los viajeros del siglo XXI, donde se concentran los turistas y para los que conviene reservar entradas con la mayor antelación posible: la Ciudad Prohibida, la plaza de Tiananmén, el Universal Beijing Resort, el Templo del Cielo o el Palacio de Verano. Por ejemplo, la mansión del Príncipe Gong suele estar atestada y la visita puede resultar claustrofóbica.

Pero existen otros rincones menos conocidos y bastante tranquilos. Por ejemplo, el Templo de Confucio, un remanso de paz y contemplación. Al lado está la Guozijian, o Academia Imperial, que fue el centro de estudio por excelencia durante las dinastías Yuan, Ming y Qing. Entre ambos se extiende un impresionante bosque de piedra formado por 190 estelas que recogen 13 clásicos de Confucio en caracteres chinos. Otra visita tranquila es la Torre de Vigilancia de la Esquina Sureste, conectada con el único tramo en pie de la muralla. Desde los baluartes, a lo lejos se ve la fortificación de Qianmen. Tampoco hay que perderse los grafitis que hicieron en la torre los soldados rusos y estadounidenses durante la rebelión de los bóxers, en 1900. Sin mucha aglomeración podemos asomarnos al Primer Archivo Histórico de China, donde se guardan más de 19 millones de artículos y tesoros, como el mapa más grande del mundo de la China dinástica, de 1389, y otros mapas increíbles; o al Museo de Arquitectura Antigua, un fascinante compendio de las técnicas de construcción china tradicional.
Al otro extremo del país, también en el este, está Shanghái, una de las urbes más pobladas del mundo y siempre abarrotada. No queda otra opción que abrazar el caos para disfrutar de una historia tan asombrosa como su modernísimo perfil. Aquí se descubre la China contemporánea más dinámica. Es un destino imprescindible para los amantes de la arquitectura, del arte, la gastronomía, la bebida y las compras.

Sin embargo, incluso aquí es posible encontrar momentos de paz en sitios como el Parque del Siglo, su mayor pulmón verde. Es una ciudad llena de pequeñas zonas verdes, a las que se añade el nuevo paseo junto al río, un tramo de asfalto de 20 kilómetros con un carril-bici y uno de paseo que discurren junto al río Huangpu, con unas vistas fantásticas.
Viajar al norte de China, más allá de la Gran Muralla
Desde Pekín salen los trenes de alta velocidad en dirección a una serie de lugares fascinantes con tramos de la Gran Muralla. No hay que pasar por alto el paisaje urbano de las concesiones extranjeras de Tianjín, los templos y los pueblos de Hebei y Shaxi, y las ondulantes praderas de Mongolia Interior.
En los períodos de mayor afluencia de turistas, el tramo de murallas de Badaling es como una lata de sardinas. Podremos optar por algunas zonas menos visitadas, como Mutianyu, Jiankou, y el Paso Huangyaguan.

Mutianyu es el segundo tramo más popular de la Gran Muralla y ofrece muchos de los atractivos de Badaling: excelente estado de conservación, largas caminatas y vistas espectaculares. Sin embargo, el acceso es más difícil y muchos viajeros optan por autobuses chárter.
Otra opción es ir a Jiankou. Construido sobre precipicios y abandonado durante siglos, en el distrito de Huairou, es uno de los tramos más agrestes de la Gran Muralla. Algunas partes se han restaurado, pero recorrer los 20 kilómetros de esta sección entraña ciertos riesgos y solo deben intentarlo los más expertos. Los nombres de algunos tramos —como “Escaleras al cielo” y “Las águilas vuelan hacia arriba”— aluden al paisaje alpino extremo. Una opción es llegar caminando desde Mutianyu, porque hay un sendero que conecta ambas secciones, aunque la excursión de ida y vuelta lleva un día.
El tercer tramo alternativo de la muralla está unos 125 kilómetros al norte de Tianjín. Es el Paso Huangyaguan, tan atractivo como los tramos más famosos al norte de Pekín, pero con mucha menos gente y más auténtico. Aunque los muros que lo rodean se han ido desmoronando con el tiempo, este tramo de tres kilómetros se ha restaurado y conserva unas 20 torres de vigilancia.
Otras propuestas con menos gente en el norte de China son el monte Mian, donde están algunos de los mejores miradores de Shanxi, además de bosques y cascadas; Hohhot, con sus extensas praderas, en Mongolia Interior; o el desierto de Badain Jaran, en la frontera occidental de Mongolia Interior. Este último es poco conocido entre los occidentales, y se extiende por 49.200 kilómetros cuadrados con suaves dunas, formaciones rocosas surrealistas y 113 lagos interiores.
El noreste, una China diferente
Para escaparse a una región diferente y más ajena al turismo, una buena opción es descubrir el noreste del país. Aquí, el trío de provincias formado por Liaoning, Jilin y Heilongjiang ofrecen algo totalmente distinto. El pasado colonial ruso y japonés es evidente en las ciudades de Harbin y Dalian. Hay que abrigarse para el festival de hielo de Harbin, y llevar el bañador para las playas de Dalian.
Exceptuando Harbin, la provincia de Heilongjiang permanece bastante ajena al turismo; al ir hacia el norte, las construcciones dan paso a montañas y bosques de coníferas. La distancia y el tiempo necesarios para llegar hasta aquí mantienen a raya a los turistas en las antiguas tumbas de Donggou y en la Reserva Natural Nacional de las Montañas Changbai, con sus cascadas y aguas termales, sus montañas escarpadas y, sobre todo, su peculiar ubicación: a caballo entre China y Corea del Norte. Las tumbas de Donggou están en Ji’an, una ciudad fronteriza con Corea del Norte que en su día fue capital de un gran reino. Aquí encontraremos una necrópolis con más de 10.000 tumbas, muchas en forma de enorme pirámide de piedra. Este es el punto donde más cerca se puede estar de Corea del Norte.

Para descubrir una playa aislada hay que salir de Dalian rumbo al Área Panorámica de Bangchu, como a una hora de trayecto: es un pedazo de rocas que sobresale del mar a 600 metros de la costa y la verdadera joya de esta zona.
El reencuentro con el río Yangtsé, en el Este
Las provincias de la costa este de Shandong, Jiangsu, Zhejiang, Anhui, Jiangxi y Fujian, son una combinación de montañas nevadas sagradas, verdes plantaciones de té, pueblos atrapados en el tiempo y playas, cerveza y marisco en las poblaciones de costa, como Qingdao y Xiamen. Atravesándolo todo está el Yangtsé, el río más largo de Asia.
El lago Daming, con sus sauces y flores de loto, es un lugar precioso para dar un paseo e invita a relajarse en Jinan. Hay varias rutas poco frecuentadas por las que podremos subir al Tai Shan, la montaña más visitada de China, entre ellas el sendero por el Área Panorámica del Tianzhu. Durante el ascenso no dejaremos de ver templos antiguos, estelas desvaídas y caligrafía en los acantilados que dan testimonio de peregrinaciones de figuras tan destacables como Confucio, el primer emperador de China (Qin Shi Huang) e incluso Mao.

En primavera y otoño, la zona de Wuyuan, al noreste de la provincia de Jiangxi, se llena de turistas, aunque esta región cuajada de pueblecitos se puede visitar todo el año. Aquí, entre verdes montañas, el pueblo hui, conocido por su espíritu emprendedor, construyó decenas de encantadores pueblos dedicados al comercio durante las dinastías Ming y Qing. La zona ya no es una potencia económica, pero se ha reinventado como destino turístico. Aunque algunos lugares parecen más bien parques temáticos folclóricos, la gran mayoría de estas poblaciones tienen comunidades que buscan lograr el equilibrio adecuado entre el turismo y la conservación. Puestos a escoger un rincón, el pueblo de Likeng es el más bonito de esta zona, atravesado por arroyos y rodeado de arrozales, con farolillos rojos que se balancean al viento sobre puentes arqueados.
El antiguo corazón de China, más allá de Xi’an y los guerreros de terracota
El centro del país fue el corazón de China durante las dinastías Qin, Han, Sui y Tang. En las provincias de Shaanxi, Henan, Hubei y Hunan, estas dinastías dejaron algunos de los mejores sitios arqueológicos, culturales y religiosos. Aquí también fluye el tramo más bonito del río Yangtsé y los paisajes de montaña son espectaculares.
A las afueras de Xi’an, el Museo de los Carros de Bronce recibe muchos menos visitantes que los Guerreros de Terracota de al lado (se pueden visitar ambos con la misma entrada), aunque es un hallazgo arqueológico de similar importancia.
En la provincia de Shaanxi, el casco antiguo de Hancheng (muy pintoresca, con sus casas con patio y sus polvorientas tiendas de antigüedades) y el pueblo de Dangjia, detenido en el tiempo y oculto en un valle, donde generaciones de familias construyeron elegantes casas con patio y adornadas con tallas de piedra, son preciosos y tranquilos.

En Hunan podremos evitar las hordas de turistas de Fenghuang yendo a las ciudades antiguas de Hongjiang, que se extienden por un laberinto de estrechos y empinados callejones flanqueados por unos 380 edificios restaurados; o la también ciudad antigua de Qianyan, del mismo estilo, mucho menos visitadas. Y en Henan son interesantes el pueblo de Nanjiecun, que es como un regreso a la era maoísta, ya que es una de las últimas comunas populares de China. También al margen de las masas podremos acercarnos al centro de impresión xilográfica de Zhuxian Zhen, famoso por sus talleres de producción de níanhùa (grabados en madera que se cuelgan en los hogares en Año Nuevo).
Una escapada al sur: Hainan, en la costa de Guangdong
Si buscamos playas, las hay, por ejemplo, en Hainan, una zona vacacional tropical con un paisaje variado, sitios donde hacer surf y buenas rutas de ciclismo. La provincia costera de Guangdong es famosa por su cocina cantonesa (la mejor se come en Guangzhou) y su eclecticismo arquitectónico, mientras que lo más famoso de Guangxi son los paisajes kársticos de caliza de Yangshuo.

En Hainan, la temporada alta en Sanya va de octubre a abril. El litoral de la bahía de Ri Yue también se llena por las noches en la misma época. Guangxi, Yangshuo y Xingping se abarrotan de turistas durante el día. Hay que salir de excursión o a escalar a las montañas y esperar que la gente que va a pasar el día se vaya. En Guangdong conviene evitar Guangzhou cuando se celebra la Feria de Cantón.
El suroeste: la tierra de los pandas
Otra posibilidad para descubrir una China diferente es viajar hacia el sureste para descubrir una región de asombrosa variedad que se extiende desde los flancos del Tíbet hasta las montañas cubiertas de selvas del sureste de Asia. Las provincias de Yunnan, Sichuan, Guizhou y la municipalidad de Chongqing son de las más singulares del país, están menos urbanizadas que las regiones costeras y aquí encontraremos muchos grupos minoritarios que viven en las montañas cubiertas de niebla.

En vez de visitar el concurrido Centro de Investigación y Cría del Panda Gigante de Chengdu, el destino más popular, podemos ir al Jardín de los Pandas Gigantes de Wolong que, al estar tan apartado, es la reserva de pandas que menos visitantes recibe de la provincia. O al Centro del Panda Ya’an Bifengxia, donde viven 70 pandas gigantes, entre ellos algunos enviados de zoos de otros países y ejemplares destinados a su liberación.
En invierno y primavera hay menos visitantes en el parque nacional de Jiuzhaigou (patrimonio mundial, y una de las grandes atracciones turísticas del país), aunque algunos lagos sufren escasez de agua. En Dali (una ciudad que se puso de moda hace un par de años y ahora está llena de familias chinas y cafeterías modernas) hay que quedarse en el lado oriental del lago Erhai, donde apenas hay turistas. Aun así, merece la pena pasear por el casco antiguo de Dali, que puede evocar los antiguos viajes de mochileros a Yunnan: una vieja ciudad tranquila y bien conservada llena de albergues. Para encontrar espacios tranquilos en el oeste de Yunnan se recomiendan como destinos alternativos Baoshan, sobre todo para visitar dos templos muy peculiares, o Tengchong, donde está el pabellón conmemorativo de la segunda guerra chino-japonesa.
Siguiendo la Ruta de la Seda en el noroeste
Las provincias de Xinjiang, Qinghai, Gansu y Ningxia cubren gran parte de China, una inmensa zona donde se pueden vivir aventuras con muchos menos turistas, de momento. Viajaremos entre antiguas paradas de la Ruta de la Seda, encontrando camellos, yaks, nómadas y peregrinos por el camino en paisajes que van de altas montañas nevadas a dunas o praderas ondulantes.

Debido a su enorme tamaño, su aislamiento y lo agreste de su terreno, estas provincias suelen visitarse menos. Aquí hay auténticas joyas, como las praderas cerca de Xiahe, una ciudad que ha crecido alrededor del enorme monasterio tibetano de Labrang; el espectacular lago Tianchi, cerca de Urumqi, que recordará a un exquisito plato de porcelana azul y que, sin duda, merece su apodo (que se traduciría como “celestial”); o las cambiantes dunas de arena del desierto de Tengger, junto al río amarillo, en las que es fácil salir a explorar y perderse en un buggy todoterreno.
Fechas a evitar si piensas en viajar a China

En China hay momentos que conviene evitar, sí o sí. Al menos si queremos visitar los lugares más turísticos e inevitables. Uno de esos momentos es el Festival de la Primavera (Año Nuevo chino). Los trenes y aviones se llenan de gente que vuelve a casa para las fiestas, así que lo mejor es quedarse en las grandes ciudades, donde hay menos gente. Otro momento a evitar es el mes de mayo: casi todo el mundo tiene fiesta los tres primeros días del mes y se dispara el turismo nacional. Y lo mismo pasa a finales de julio y en agosto, días de vacaciones escolares, cuando muchas familias viajan y abarrotan los sitios turísticos. Y tampoco es buena época para viajar el Día de la Fiesta Nacional, cuando coincide con el Festival del Medio Otoño, este festivo de principios de octubre (la Semana Dorada) puede durar hasta ocho días y se complica el viajar.
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