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Navantia y TKMS, sobre su histórica alianza: “No podemos dejar que otros hagan los submarinos de la OTAN”

Ambas compañías analizan aunar fuerzas de cara a futuros grandes contratos. El primero podría ser el de los submarinos canadienses, un proyecto de hasta 62.000 millones

Oliver Burkhard, consejero delegado de TKMS (izquierda), junto a Gonzalo Mateo-Guerrero, director de operaciones de Navantia, en la sede de Navantia en Madrid.Pablo Monge

Navantia y la alemana ThyssenKrupp Marine Systems (TKMS) firmaron la semana pasada un memorando de entendimiento que puede ser el germen de una de las mayores alianzas de la industria naval europea en el medio y largo plazo. El acuerdo, en caso de hacerse oficial, podría traducirse en la producción de submarinos alemanes en astilleros de Navantia en España. O viceversa, que Navantia colabore en la producción de este tipo embarcaciones en astilleros de TKMS, empresa que concentra la fabricación del 70% de los submarinos convencionales (es decir, no nucleares) para los países miembros de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).

“Lo que estamos haciendo ahora es entrar en un proceso para ver si esto realmente funciona. Antes de agosto, creo que tendremos muchos datos y un análisis hecho (...) la demanda es tan alta que deberíamos pensar más en una consolidación europea impulsada por la industria. Y creo que esto podría ser un primer paso en ese sentido“, señala el consejero delegado de TKMS, Oliver Burkhard, en una entrevista conjunta con Gonzalo Mateo-Guerrero, director de operaciones de Navantia, concedida a EL PAÍS.

“La rapidez es algo que todos los clientes solicitan. Quizá antes el tiempo de entrega no era lo esencial y lo era más la localización, ya que había mucho tiempo, pero no dinero. Sin embargo, ahora el tiempo ahora es crítico. ¿Cómo establecemos esa relación? Habrá que estudiar nuestros sistemas digitales, de ingeniería, de adquisiciones, el cómo podemos coordinarnos y producir juntos más rápido. El objetivo es tener antes del verano algo comercialmente aceptable para ambos, para lograr una situación beneficiosa para todos", indica, por su parte, Mateo-Guerrero, que junto a Burkhard recuerda que un encargo hecho hoy puede alargarse incluso hasta 2040.

El directivo alemán apunta a que la forma de trabajar hoy en la industria naval europea no es la más efectiva, con cada país teniendo sus propios astilleros y productos específicos, y que esta alianza a futuro puede ser la semilla de algo mucho más grande. “La idea de Airbus en los años setenta era precisamente esa: unir todas las fuerzas, reunir a todas las empresas bajo un mismo techo y construir un producto competitivo que pudiera resistir la competencia de Boeing. Y tal vez construyamos una especia de ‘SeaBus’ [Airbus de la industria naval], y nosotros somos los primeros, digamos, fundadores de una idea de ‘SeaBus’ (...) Podemos ser más fuertes y podemos usar las capacidades y los astilleros de ambos lados”, añade el consejero delegado de TKMS.

La construcción de un submarino, recuerdan ambos empresarios en la entrevista, “es algo que se parece más a la producción de un cohete que a un avión”, una actividad en la que no puede haber ningún error, porque, de lo contrario, puede resultar fatal y los tiempos de entrega son larguísimos. “La rapidez y la efectividad es algo que debemos tomarnos en serio, de lo contrario, otros pueden terminar quedándose con el negocio. Y no quiero que eso suceda. Que, por ejemplo, Corea u otros países terminen haciendo submarinos para la OTAN. Podemos hacerlos por nuestra cuenta”, afirma Burkhard.

En este sentido, la cabeza ejecutiva de TKMS señala que uno de los contratos en los que podrían colaborar ambas empresas es en el megaproyecto de los nuevos submarinos para la armada canadiense, valorado entre 60.000 y 100.000 millones de dólares canadienses (es decir, entre 37.300 y 62.160 millones de euros al cambio actual). En él, TKMS es finalista junto a la surcoreana Hanwha, después de un proceso de selección en el que Navantia quedó por el camino. “El Gobierno canadiense tomará la decisión a mitad de año. No sé el resultado, pero estamos llevando a cabo una gran campaña allí”, indica Burkhard, quien también menciona otros contratos que ponen al límite la capacidad de producción de TKMS.

“Alemania y Noruega, por ejemplo, han pedido seis unidades cada uno del submarino 212CD, lo que hace un total de doce. Esas cantidades es algo completamente nuevo, nunca nos habían pedido algo así (...) el libro de pedidos actual lo podemos cubrir, pero el futuro no y estoy bastante seguro de que habrá más movimiento”, añade el máximo directivo del gigante alemán.

Una cooperación bidireccional

A pesar de la diferencia de tamaño entre ambas, sobre todo en el sector de los submarinos, Burkhard considera clave esta colaboración con Navantia para mantener la posición de liderazgo de TKMS y que ambas pueden aprender la una de la otra. “Aún no hemos acordado trabajar más estrechamente. Si me preguntan por el resultado de esto dentro de cinco o diez años, no lo sé, pero la industria está dando un paso hacia delante. Hay muchos otros socios posibles, pero puedo decir que hemos elegido sabiamente a Navantia, porque es una empresa que tiene mucho que ofrecer, y a la que nosotros también podemos darle mucho. En TKMS tenemos que construir 22 submarinos en los próximos 30 años. Lo haremos, pero tal vez podamos construir algunos más junto a Navantia”, asegura el consejero delegado de la alemana, que incide en que se trataría de una alianza de cara a futuros contratos y no para dar respuesta a los actuales.

Esto último significa que, por ejemplo, el acuerdo con TKMS no afectaría a la producción de los submarinos S-80 que Navantia está haciendo en Cartagena para la Armada española, de los que ha entregado las primeras dos de las cuatro unidades encargadas. “Para nosotros, hoy es el punto de partida de algo que creará valor para la industria de defensa europea. Ese es el objetivo del acuerdo”, coincide, por su parte, Mateo-Guerrero, quien asegura que el momento del sector en el continente ofrece una oportunidad de colaboración que antes no existía. “Antes el mercado era más pequeño, competíamos y eso ahora ha cambiado. Hay oportunidades para crear valor y multiplicarlo para encontrar sinergias”, añade.

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