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Javier Milei se enfrenta a la disyuntiva de bajar la inflación o reactivar la actividad económica

Las medidas que podrían volcar más dinero a la calle atentan contra la dinámica de los precios, que se acelera por décimo mes consecutivo

Javier Milei en Nueva York, el 9 de marzo.David Dee Delgado (REUTERS)

Javier Milei, que llegó a la Casa Rosada enarbolando una motosierra e hizo del orden macroeconómico su pilar fundamental, parece haber quedado preso de sus propios dogmas. El humor social se empieza a enrarecer por la gran cantidad de argentinos que sienten un empeoramiento de su vida cotidiana y el Gobierno se enfrenta al dilema de cómo oxigenar la economía sin acicatear la inflación ni alterar los rígidos fundamentos de su plan. Cuestionado hasta por economistas afines, el presidente ha admitido por primera vez que “no todos están mejor” con su gobierno, pero sin una autocrítica que permita vislumbrar cambios en el rumbo. “Voy a seguir manteniendo la dureza fiscal: la motosierra sigue encendida”, advirtió.

Si bien en un primer momento logró reducir la suba de precios del orden de 12,8% mensual —lo que marcó noviembre de 2023, el último mes pleno de gobierno de Alberto Fernández— al 1,5% en mayo de 2025, algo muy valorado por la población, desde ese momento la inflación comenzó a acelerar y cerró marzo en 3,4%, tras diez meses de escalada. Las esperanzas de cumplir con la promesa de que en agosto la inflación mensual “tienda a cero” o de que cierre el año en torno al 10% ya están perdidas, pero el Gobierno quiere evitar tocar las perillas que podrían hacerla saltar y complicar más los ingresos de las familias, golpeadas por salarios reales que cayeron 6% entre noviembre y marzo, según un reporte del Banco Provincia. El contexto mundial, con los combustibles en alza producto de la guerra en Irán, no contribuyen al cuadro.

Durante gobiernos peronistas como el de Cristina Fernández de Kirchner o Alberto Fernández, la decisión de poner más dinero en la calle se instrumentaba con herramientas directas: transferencias a grupos específicos (jubilados, sectores de menores ingresos, niños en edad escolar) o consumos subsidiados (desde alimentos en supermercados a las tarifas de los servicios públicos). Planes “platita”, los denominan la oposición, que llamaba la atención sobre las consecuencias que generaban en las cuentas fiscales y la inflación.

Para un presidente que ha repetido hasta el hartazgo que “la inflación es siempre y en todo momento un fenómeno monetario”, la posibilidad de emitir dinero para instrumentar este tipo de medidas está fuera de la mesa. Las políticas que utilizan el gasto público como motor en los momentos bajos del ciclo económico son “basura keynesiana” para Milei, que empieza a probar otras vías más discretas que puedan estimular el consumo y la inversión.

Este mes el Banco Central decidió reducir los encajes bancarios —el porcentaje de depósitos que deben mantener inmovilizado para poder hacer frente a eventuales retiros masivos—, lo que, junto a otras modificaciones regulatorias recientes, busca generar una baja de las tasas de interés y así impulsar el crédito bancario. Un límite para esta estrategia es la creciente morosidad de las familias argentinas, que hace que los bancos sean muy cautos a la hora de prestar dinero. Según la consultora 1816, en febrero la morosidad se ubicó en el 11,2% para las familias, el valor más alto desde 2004. “Ese dato consolida la idea de que hay una economía con récord de PBI e incluso con récord de consumo privado, pero que al mismo tiempo está mostrando dificultades para derramar en amplios sectores de la sociedad”, sostiene el informe.

La economía crece de manera muy heterogénea y, mientras los sectores más intensivos en mano de obra (industria, construcción, comercio) dan muestras de debilidad, los sectores que demandan menos empleo (agro, energía, minería) llevan la delantera. La construcción, por ejemplo, emplea a alrededor de 380.000 personas de manera formal y se desplomó en 2024 con la llegada de Milei al gobierno y su abrupto recorte a la obra pública. Ahora, iniciativas como el lanzamiento de nuevas concesiones para obras en rutas nacionales intentan restablecer cierto movimiento. En junio estarán en marcha obras en 9.000 kilómetros de corredores viales y se licitarán 12.000 kilómetros más, según precisó el ministro de Economía, Luis Caputo.

Para Matías Rajnerman, economista jefe del Banco Provincia, un desafío que enfrenta el Gobierno es cómo hacer para que los pesos que eventualmente logre poner en la calle no terminen destinándose a la compra dólares, lo que elevaría su cotización. En Argentina las subas del dólar se trasladan muy rápidamente a los precios locales, atizando la inflación. Por eso Rajnerman identifica el momento actual como una buena ventana para intentarlo, cuando empieza a venderse la cosecha anual del agro argentino al mundo y se contrabalancea el flujo: salen dólares del sistema, pero también entran.

El ministro Caputo no considera que exista una tensión entre bajar la inflación y dinamizar la economía. “Vamos a ver un proceso de desinflación con mayor crecimiento”, aseguró este martes en el encuentro anual de la cámara que representa a las empresas estadounidenses en Argentina, AmCham, antes de prometer que en abril el país entrará en “los mejores 20 meses que haya visto en las últimas décadas”. Su mensaje está alineado con el del presidente, que si bien ha admitido por primera vez problemas en la economía y les ha pedido “paciencia” a los argentinos, no tiene previsto alterar su plan de acción. “La motosierra no se detiene. Vamos a atarnos al palo del barco, no vamos a escuchar los cantos de sirena”, aseguró Milei en su discurso de cierre en AmCham.

El ultra tiene otras razones para mantenerse rígido en su plan. Su política fiscal “de caja cero” es valorada por el Fondo Monetario Internacional (FMI), que este miércoles aprobó la segunda revisión del programa de facilidades extendidas vigente con el país y liberó un nuevo aporte de recursos de alrededor de 1.000 millones de dólares. La buena convivencia con el organismo internacional es clave para Argentina, que es su mayor deudor en el mundo, con una deuda total que supera los 57.000 millones de dólares.

Para el economista Sebastián Menescaldi, director de la consultora EcoGo, Milei no tiene una salida de corto plazo para la disyuntiva que enfrenta. “Por ahora sólo puede hacer que no se agudice el malestar de la gente e intentar darle algo más de cuerda a la economía por la vía monetaria, pero a costa de que el dólar pueda tener una corrección y los precios sigan a un ritmo de inflación más elevado que el propuesto”, sintetiza. El presidente tiene a su favor que falta más de un año para las elecciones, lo que le otorga cierto margen para intentar cambios paulatinos que mejoren el humor antes del ajetreo económico que volverán a generar las urnas.

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