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Trump lanza la batalla por el asalto definitivo a la Reserva Federal

El despido de la gobernadora Cook es el primer paso para una toma de control de una institución hasta ahora independiente, cuyos efectos van más allá del ajuste de los tipos de interés

Donald Trump y Jerome Powell en 2017, en el momento del nombramiento del segundo al frente de la Reserva Federal. Foto: Carlos Barria (REUTERS) | Vídeo: EPV
Nuria Salobral

Donald Trump, presidente de Estados Unidos, ha insultado hasta la saciedad a Jerome Powell, presidente de la Reserva Federal, (Fed, por sus siglas en inglés), el banco central del país y la institución monetaria más influyente del mundo. Ansioso por que baje los tipos de interés, Trump le ha llamado en los últimos meses idiota y estúpido, más terco que una mula, señor demasiado tarde... “Lo insulto de todas las maneras posibles para que haga algo. Lo hago de todas las maneras posibles. Soy desagradable. Soy amable. Nada funciona”, reconocía en junio el republicano. Trump también ha amenazado abiertamente con despedir a Powell, aunque haya reculado después, como tantas veces desde que llegó al poder en enero de este año.

La marcha atrás tenía motivos tanto pragmáticos como legales: por un lado,la amenaza de despedir a Powell puso en guardia a los inversores en bonos, elevando la rentabilidad exigida para comprar deuda soberana y demostrando cómo la confianza en el banco central es un bien muy preciado para una economía tan endeudada como la de EE UU, aunque sea la mayor del mundo. “La administración Trump representa una grave amenaza para la independencia de la Fed. Podría dar al presidente Trump más influencia sobre la bajada de los tipos y tendría implicaciones de gran alcance para la economía mundial y los mercados financieros. Podría acabar provocando una venta masiva mucho mayor del dólar estadounidense”, asegura Lee Hardman, analista del Mitsuibishi UFJ Financial Group, el banco más grande de Japón, país que posee el mayor volumen de deuda soberana de EE UU.

Por otro lado, el riesgo legal de despedir a Powell es demasiado elevado. El presidente y resto de miembros de la Junta de Gobernadores de la Reserva Federal cuentan desde mayo con el blindaje del Tribunal Supremo, que reconoció que “la Reserva Federal es una entidad cuasi privada con una estructura única” después de que Trump ya haya despedido sin temblarle el pulso a varios altos cargos de agencias federales independientes.

Para hacerse con el control de la Fed, el presidente de EE UU ha optado por una estrategia de asalto alternativa que va más allá de un relevo de Powell - cuestión de tiempo pues su mandato acaba en mayo- y que le aseguraría el diseño de un banco central a su gusto en el medio plazo.

El primer paso no es precisamente discreto: Trump ha comenzado por tratar de despedir a la gobernadora Lisa Cook, nombrada por Joe Biden y asesora económica de Barak Obama, a la que acusa de fraude hipotecario. Ella rechaza el despido, que asegura carece de base legal y no tiene una causa justificada, según exigiría el dictamen del Supremo. Debería existir una conducta indebida, negligencia, incapacidad o mala praxis, aunque estos conceptos no están claramente definidos en la legislación. Cook ha demandado a Trump por intentar destituirla y serán los tribunales los que decidirán si puede continuar en el cargo y participar en la próxima reunión de la Fed, del 17 de septiembre, en la que se espera el primer recorte de tipos desde el pasado diciembre. El viernes se celebró una primera vista sin que el juez tomara una decisión.

Esa rebaja, sugerida por Powell en el reciente foro de Jackson Hole, no es suficiente para la Casa Blanca. La batalla política va más allá de un movimiento puntual que, además, no depende solo del voto de Powell o de Cook. Se trata de un movimiento calculado, el primero con el que Trump pretende extender su influencia en los dos órganos de gobierno clave de la institución: la Junta de Gobernadores y los bancos regionales que forman la Reserva Federal.

Las decisiones sobre tipos de interés se toman en el denominado Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC por sus siglas en ingles), que cuenta con doce componentes: los siete miembros de la Junta de Gobernadores, incluido Powell (y Lisa Cook), más cinco presidentes de los bancos regionales, cuatro en turnos rotatorios durante un año más uno fijo: el presidente de la Fed de Nueva York. El proceso de renovación en los próximos meses de las vacantes en la Junta de Gobernadores y de los 12 gobernadores de bancos regionales que componen la Fed va a ser, por tanto, la oportunidad de Trump para imponer su influencia en el banco central, más allá del relevo seguro de su presidente, en mayo de 2026.

Para empezar, Trump cuenta con la vacante en la Junta de Gobernadores dejada por Adriana Kugler, que presentó su dimisión el pasado 2 de agosto, y para cuyo relevo el presidente estadounidense ha propuesto a su economista de referencia, Stephen Miran. Los siete miembros de la Junta de Gobernadores de la Fed, entre los que se elige al presidente y vicepresidente de la institución, son propuestos por el presidente y deben contar con la aprobación del Senado. Y su mandato es largo, de 14 años, seis más que los miembros del Consejo de Gobierno del BCE, una duración extensa en ambos casos que busca velar por la independencia más allá de los cambios de signo político pero que en este caso Trump puede aprovechar para extender su influencia en el tiempo.

Miran ocupará la vacante de Kugler de forma temporal hasta el 1 de febrero, cuando concluía el mandato de la economista dimitida, si bien Trump ya ha sugerido su deseo de que lo ocupe de forma permanente. La Casa Blanca está de hecho acelerando los trámites para que el Senado dé su visto bueno al nombramiento con rapidez y Miran pueda ya participar en la reunión de la Fed en septiembre. El despido de Cook, de confirmarse, deja otra vacante que terminaría por inclinar la Junta de Gobernadores a favor de Trump. Dos de sus miembros, Michelle Bowman y Christopher Waller, que se perfila para la sucesión de Powell, ya votaron en julio a favor de un recorte de tipos, a los que se sumarían los dos nuevos gobernadores elegidos por Trump. “Si se confirma la destitución de Cook y Powell se marcha el año que viene, el presidente Trump habrá nombrado a cinco de los siete gobernadores”, añaden desde Citi. Aún está por ver en todo caso si Powell, ya fuera de la presidencia, decide extender hasta enero de 2028 su mandato como miembro de la Junta de Gobernadores, una incógnita que todavía no ha resuelto.

Las decisiones de Trump se encaminan a la rápida renovación de esa Junta de Gobernadores antes de un momento clave: el febrero el organismo tiene previsto votar la renovación de los mandatos de los 12 presidentes de los bancos regionales de la Fed, de los que cinco tienen voto en las decisiones sobre tipos de interés que toma el FOMC. Se trata de los presidentes de la Reserva Federal de Nueva York (el único con voto permanente en el FOMC), el de Boston, Filadelfia, Cleveland, Richmond, Atlanta, Chicago, St. Louis, Minneapolis, Kansas City, Dallas y San Francisco. Estos 12 bancos regionales operan en todo el país con el fin de asegurar que las perspectivas económicas de hogares y empresas quedan recogidos en las medidas y decisiones de la Fed y comparten con la Junta de Gobernadores la responsabilidad de supervisar a las instituciones financieras. Para 2026, está previsto que formen parte del FOMC los presidentes de la Reserva Federal de Cleveland, Filadelfia, Dallas y Minneapolis, de acuerdo a turnos rotatorios de un año de duración.

El despido de Cook, con mandato hasta 2038, iniciaría, por tanto, un cambio de calado en los órganos de gobierno de la Fed, con la particularidad añadida de que -a diferencia de los miembros de la Junta de Gobierno- ni el presidente ni el Senado tienen competencias en la designación de los doce presidentes de los bancos regionales de la Fed, que son elegidos por los respectivos consejos de administración regionales y cuyo nombramiento solo requiere la aprobación de la Junta de Gobernadores. Su mandato se renueva cada cinco años. “Aunque la sustitución de Cook no cambiaría directamente la mayoría de votos del Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC), su puesto es importante porque podría cambiar la mayoría de votos de la Junta de Gobernadores en cuestiones como el nombramiento de los presidentes de los bancos de la Reserva“, señala Tiffany Wilding, economista de Pimco, la mayor gestora de renta fija del mundo. La experta asegura que el ataque de Trump a la Fed supone entrar en “territorio desconocido” y advierte de que la erosión de la independencia del banco central podría elevar las primas de riesgo y la debilidad del dólar.

La exvicepresidenta de la Reserva Federal, Lael Brainard, que formó parte de la Junta de Gobernadores entre 2014 y 2023, tiene clara la estrategia de Trump. “El presidente está actuando esencialmente para cambiar la mayoría de la Junta de Gobernadores mucho antes de lo que se había contemplado en términos de la estructura institucional y sus mandatos. Y eso abre la puerta, cuando en febrero se produzca la renovación de todos los presidentes de los bancos de la Reserva, a la posibilidad de no renovar a algunos de ellos”, declaró Brainard esta semana en una entrevista en Bloomberg Televisión. “Se trata realmente de un ataque sin precedentes a la independencia de la Reserva Federal como institución”, añadió.

El proyecto económico de Trump, que ha dinamitado el statu quo comercial con los aranceles más altos en décadas y prevé una rebaja de impuestos que elevará la deuda pública y el déficit, requiere tiempo y tipos más bajos de interés y en la Casa Blanca están decididos a asegurárselos. El secretario del Tesoro de EE UU, Scott Bessent, lanzó recientemente su llamamiento más contundente en favor del recorte en el precio del dinero y defendió que los tipos deberían estar al menos 1,5 puntos porcentuales por debajo del nivel actual. Muy lejos de la horquilla del 4,25%-4,5% actual y en la que Powell hasta el momento ha optado por esperar y ver. El gobernador Christopher Waller, firme aspirante a presidir la Fed, sí sugería este viernes la posibilidad de un recorte de tipos de hasta medio punto si el mercado laboral empeora.

Ahora bien, el movimiento de controlar la Junta de Gobernadores, y con ello a los presidentes regionales, va más allá de las decisiones sobre tipos de interés, sin duda pieza esencial de la política monetaria. La influencia y poder de la Fed se materializan también en la supervisión financiera, en el análisis macroeconómico, en la selección de personal y, en definitiva, en la operativa de una institución gigantesca y autónoma, que no depende del presupuesto del Congreso para financiarse y que vigila el estado de salud de la mayor economía del mundo. “El diseño institucional de la Reserva Federal garantiza un altísimo grado de independencia. Sin embargo, ningún banco central opera en un vacío político. Las críticas públicas por parte de figuras políticas pueden erosionar la confianza ciudadana en su objetividad e independencia. Las pérdidas contables, el patrimonio neto negativo o decisiones políticas opacas o parciales podrían minar todavía más esa credibilidad. Por tanto, una campaña sostenida de ataques públicos podría allanar el camino para futuras reformas legislativas”, avisa Karsten Junius, economista jefe de J. Safra Sarasin Sustainable AM.

La Fed afronta la presión para bajar tipos en una economía en la que los precios aún se resisten a bajar y los recortes de tipos pueden ser nueva gasolina para su ascenso. En una de las intervenciones más explícitas desde el ámbito de los bancos centrales, el finlandés Olli Rehn, miembro del Consejo de Gobierno del BCE, advirtió que la erosión de la independencia de la Fed conduce a más inflación. “Si la independencia del banco central se viera realmente mermada y la Reserva Federal de EE UU comenzara a tomar decisiones basándose en criterios distintos a los principios de una política monetaria sólida —por ejemplo, porque el presidente exige tipos de interés más bajos—, la consecuencia inevitable sería un repunte de la inflación", aseguró Rehn este jueves. “Siempre ha habido alguna presión sobre la Fed por cuestiones fiscales, por las emisiones de deuda, pero la situación actual va más allá. No se ha llegado aún a un momento crítico, pero si hay una intervención más radical en la Fed, el mercado se va a poner muy nervioso. La perdida de confianza en la autoridad monetaria siempre genera problemas”, avisa Santiago Carbó, catedrático de economía de la Universidad de Valencia e investigador de Funcas.

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Sobre la firma

Nuria Salobral
Es jefa de la sección de Inversión en el fin de semana y redactora especializada en temas financieros y política monetaria. Trabaja en Cinco Días desde 2006, donde ha cubierto la quiebra de Lehman Brothers, el rescate a la banca española o las decisiones del BCE. Nacida en Madrid, es licenciada en Periodismo por la Universidad Complutense.
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