Australia aún añora a Ashleigh Barty y sigue esperando (sin éxito) a De Miñaur
El país oceánico, una de las grandes potencias históricas, aguarda a su jugador, rival de Alcaraz hoy en los cuartos: “Sé que mucha gente cree que no podré conseguirlo”


Aussie-aussie-aussie! Oi-oi-oi!
Suena una y otra vez el cántico orgulloso en las pistas de Melbourne Park, reviviendo el espíritu de los mineros británicos en los setenta para decir algo así como: “¡Hey, oye, tú! ¡Vamos, que se puede!”. Australia arropa siempre a los suyos, aunque la esperanza quede reducida ahora a una sola carta, la de Alex de Miñaur. Tras la eliminación de Maddison Inglis —lógica pura, 6-0 y 6-3 para Iga Swiatek—, solo él, citado con Carlos Alcaraz por una plaza en las semifinales (hacia las 10.45, Eurosport), puede reanimar a un gigante mustio. Todo el mundo elogia todavía a la gran Ashleigh Barty, pero Barty ya no está.
Ahora 29, se retiró en 2022, con 25 y después de haber alcanzado la cima, ganado tres grandes —Roland Garros 2019, Wimbledon 2021 y el Open de Australia 2022—, 12 títulos más y, sobre todo, habiendo dejado la fundada impresión de que en el caso de haber continuado compitiendo, podía haberse convertido en otra referencia histórica tanto por su efectividad como por su estilo cerebral, en desuso. Barty, sin embargo, dice que no volverá, como los suyos desean. “No echo de menos vivir con una maleta. Me encanta estar en casa. Soy muy, muy feliz viviendo una vida aburrida. Mi prioridad son mis hijos”.
Ella se fue, lejos queda ya queda la huella magistral de los Ken Rosewall, Rod Laver, Roy Emerson o John Newcombe, y nadie ha sido capaz de seguir la estela triunfal de la coleta de Patrick Rafter (dos US Open) o la melena rizada de Lleyton Hewitt, el último representante masculino del tenis oceánico que logró levantar un Grand Slam. Lo hizo en 2022, Wimbledon. A partir de ahí, mucho ruido y la nada. Excentricidades y fechorías por doquier, de la mano de los Tomic, Kyrgios y Kokkinakis. Mucha promesa y tanta o más desilusión. Y un rayo de esperanza: De Miñaur, de 26 años. ¿De Miñaur? Él es la única opción real.

“Estoy aprendiendo, ya no muero por los resultados”, concedía a este periódico el pasado junio, en Londres, viniendo a decir que la mejor forma de repeler la presión para él es concentrándose en otras cosas más allá del tenis. ¿Como Alcaraz? No, como De Miñaur, el prometedor tenista al que su país —raíces alicantinas, pero adherido finalmente a la federación australiana— sigue esperando, a ver si en un momento u otro consigue dar ese salto que insinúa e insinúa, pero que nunca termina de llegar. Él, garantía de cuartos allá por donde vaya. De momento, hasta ahí. Pocos más regulares, pero a ese tenis le falta filo.
Saco de golpes
“Sé lo que quiero y también sé que mucha gente cree que no podré conseguirlo”, se sinceraba en la sala de conferencias. “No hay problema, yo seguiré dándolo todo para demostrar que se equivocan. Siento que me queda mucho por hacer como tenista”, ampliaba antes de saber que se cruzaría con Alcaraz. Feo el panorama para él, pues. En los cinco precedentes, pleno: una derrota tras otra. Cayó las dos veces que se midieron sobre cemento. En todo caso, dice que está “listo para la batalla” y que, clave, intentará “dormir lo mejor posible”, relajarse y disfrutar de su estancia en Melbourne, donde este martes caerá fuego.

Se espera que el termómetro llegue a los 45º grados, aunque la central estará techada y él confía en que sea una caldera. Al fin y al cabo, en su día le ganó un par de veces a Rafael Nadal y otra a Novak Djokovic. Es decir, la calidad está ahí y le ha aupado hasta el sexto peldaño del circuito, pero falta un extra del que, dice, está más cerca: “Estoy demostrando que he mejorado y que tengo más que ofrecer. Me cansé de ese relato de que los grandes pegadores podían quitarme la raqueta de las manos. Con el paso de los años he seguido creciendo y uno de mis objetivos era precisamente no ser un saco de golpes ante este tipo de rivales”.
Cada vez más propositivo, De Miñaur anticipa que saldrá a buscarle al murciano y que siempre hay una primera vez para todo. También para batir a Alcaraz. “Mi trabajo es competir y dejar que mi tenis hable”, apuntaba. Solo se ha dejado un set por el camino, pero el de El Palmar supone prueba mayor. Junto a Sinner, la más dura. Siempre le quedará el arrope de la grada. “Alex, con la gente de su lado, se siente cómodo. Lo está haciendo muy bien y tendré que estar concentrado en mi tenis. No lo tomaré como algo personal, pero sé que la gente estará con él”, decía Alcaraz. También Barty. “Adoro esta vida”, celebra ella.
¿NUEVO RÉCORD DE CALOR?
Tanto desde el plano individual como el colectivo, Australia (28 Copas Davis) está considerada como uno de los transatlánticos del tenis. Sin embargo, esta edición se ha quedado desplumada cuando aún restan seis días de torneo.
En concreto, de los 21 representantes que lograron el acceso al cuadro principal —10 chicos y 11 chicas—, tan solo sobrevive De Miñaur. Duro panorama, como exigente será el día en la capital del estado de Victoria, donde el pronóstico augura un pico de temperatura de unos 45º.
El sábado, el termómetro ya estuvo cerca de los 40º y penalizó sobremanera al físico maltrecho de Jannik Sinner. Al italiano le salvó seguramente el techo, que hoy cubrirá de nuevo las dos pistas principales de acuerdo con la política para casos meteorológicos excepcionales.
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