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Mourinho y Arbeloa, condenados a eliminarse en los ‘playoffs’ de la Champions

Dos días después del alevoso 4-2 de Lisboa, el sorteo de los dieciseisavos vuelve a enfrentar al Madrid con el Benfica y cruza al Atlético con el Brujas

José Mourinho y Álvaro Arbeloa declararon el amor mutuo que se profesan tantas veces en los últimos días que prepararon el escenario de una tragedia romántica mientras se enfrentaban en la última jornada de la liguilla de la Champions. Este viernes el bombo de la UEFA decretó que la escandalosa derrota del Madrid en Lisboa (4-2) fue solo el primer capítulo de un drama del que no podrán salir bien parados sus dos queridos protagonistas. Madrid y Benfica volverán a abrazarse, esta vez a doble partido, ahora sin vuelta atrás, para dirimir el pase a octavos de final en el que sin duda será el cruce más sentimental, patético y terrible de los playoffs.

“El fútbol es muy cruel”, repetía Vicente del Bosque. Lo decía como quien advierte de un peligro. Como si rumiara una maraña de recuerdos amargos, de situaciones que se podrían haber evitado, tal vez, con un poco de prudencia. El viejo seleccionador, sabio a la fuerza, parecía alertar contra la tentación de provocar a un monstro que de todas maneras, de algún modo misterioso, vendrá a cobrar su libra de carne. No se puede decir que Mourinho no aprendiera la lección de la hubris después de convertirse en el entrenador más popular del mundo para luego a partir de 2012 fracasar sucesivamente en el Madrid, el Chelsea, el United, el Tottenham, la Roma y el Fenerbace. Un ciclo de decadencia que le llevó al paro y le hizo llorar en público, víctima de su adicción a la adrenalina, una necesidad angustiante de volver, decía, a ponerse las botas y dirigir a 22 “chicos” en un campo de hierba.

Ahora es uno de sus “chicos”, como dice Mourinho, quien amenaza su estabilidad en el Benfica, el club de sus orígenes al que regresó como un náufrago. Arbeloa, fiel escudero suyo en los conflictivos años madridistas de 2010-13, inesperadamente ocupa el banquillo al que Mourinho tanto añoró volver. La eliminatoria los descubre en crisis a ambos. Faltos de crédito y sometidos a juicio de la tribuna en cada partido, si bien a Mourinho la última semana le ha brindado un balón de oxígeno. La victoria del Benfica ante el Madrid no solo permitió al equipo con más solera de Portugal evitar la eliminación. El Benfica hizo el mejor fútbol en lo que va de temporada. Con un despliegue memorable de Schjelderup, Sudakov y Prestianni en ataque, llevando la iniciativa y gobernando su área con autoridad gracias a un Otamendi que recordó a sus años de esplendor, y gracias al estado alarmante de su rival. El Madrid descubrió todas las carencias anímicas y técnicas que no pudo soslayar Xabi Alonso y las multiplicó en una deriva que coloca a Arbeloa en la precariedad.

La semana del 24 de febrero, coincidiendo con la vuelta, el Bernabéu ejercerá de árbitro de esta peculiar disputa entre discípulo y maestro. El premio: conservar el empleo y enfrentar en octavos al Sporting de Portugal o al Manchester City.

Menos dramático será la eliminatoria que el sorteo deparó al Atlético de Madrid. El equipo de Simeone, que cayó ante el Bodo Glimt el miércoles, se medirá al Brujas con vuelta en el Metropolitano sin que los precedentes inviten a la preocupación. El equipo belga, enérgico e irregular como buen conjunto de jóvenes, viene de experimentar una primera fase traumática. Lo goleó el Bayern (4-0), lo goleó el Arsenal (0-3), lo goleó el Sporting (0-3), perdió con el Atalanta (2-1), se repuso con el Barça (3-3), fue superior al Almaty de Kazajistán (1-4) y al Mónaco (4-1), y en la última jornada le ganó al Marsella con amplitud (3-0) pero sin disipar la impresión de vulnerabilidad y bisoñez. No por nada el Brujas es el tercero de la liga belga. Donde el peligro es realmente grande es al otro lado del cruce: en octavos espera el Tottenham o el Liverpool.

El resto de los cruces que produjo el sorteo de Nyón fueron Mónaco-PSG; Galatasaray-Juventus; Dortmund-Atalanta; Qarabag-Newcastle: Bodo-Inter; y Olympiakos-Leverkusen.

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