Claves de un miércoles negro en Champions y cómo la nueva caída de tensión del Real Madrid ya pesa sobre Álvaro Arbeloa
El nuevo técnico, que no ha dejado de elogiar a los jugadores, sufre a los 15 días de llegar la misma falta de intensidad que lastró a Ancelotti y Xabi Alonso


Desde que llegó al banquillo del Real Madrid hace dos semanas, Álvaro Arbeloa se ha esforzado en elaborar un discurso a la medida de los jugadores. Ha asumido en público toda la responsabilidad de las derrotas, por sangrantes que sean y pese al escaso tiempo que lleva en el cargo. Ha subrayado la defensa de Vinicius, señalado por el Bernabéu, y ha asegurado que exigiría a la plantilla que le dieran “el mayor número de balones” porque “es el más desequilibrante del mundo”. Ha puntualizado que no quiere a dos delanteros “que bajen a perseguir a los laterales”. De Fede Valverde ha afirmado que “encarna el espíritu de Juanito”. Ha enfatizado “el nivel de implicación” de Jude Bellingham, bajo sospecha por su rendimiento, y ha contado que el otro día le dijo en un entrenamiento que “dejara de correr [tanto]. Está corriendo lo que no está escrito”, afirmó este martes.
Y un día más tarde, después de la noche de brazos caídos en Lisboa, rechazó explícitamente hablar de falta de intensidad en el equipo, algo que no negaron Kylian Mbappé (“es un tema de tener más ganas”) ni Bellingham (“han ganado todos los balones divididos”). El Benfica recorrió 10 kilómetros más que el Madrid (151,9-141,5), que desde el inicio de la temporada pasada solo ha superado a su rival en este apartado estadístico en un partido (Atalanta, diciembre de 2024) de los 22 disputados en Champions, según los registros de la UEFA. El nuevo entrenador blanco, sin embargo, se atornilló en este punto de las explicaciones y no admitió una carencia que apuntaría a la implicación del vestuario, asunto crítico desde agosto de 2024 y que ya reconocieron Carlo Ancelotti y también, al final, el hermético Xabi Alonso.
La noche negra de Portugal condensó gran parte de los déficits del Madrid. Primero de falta de conexión con el encuentro y, cuando quisieron acelerar en la segunda parte, de incapacidad para generar juego y ocasiones. Desde el 3-2 de Mbappé en el minuto 58, el Benfica disparó más a portería (cuatro veces) que los blancos (tres), aunque hasta los últimos instantes se daba por hecho que ese resultado le valía a los portugueses para seguir teniendo opciones de pasar, pero nunca a los merengues tras el gol del Sporting en San Mamés. En toda la noche, los lusos tiraron entre los tres palos el doble (12-6) que su rival.
El 4-2 ante José Mourinho, repartidas todas las buenas palabras mutuas, coloca ya definitivamente a Arbeloa en el centro de la escena de la crisis blanca para saber si toma alguna decisión a partir de ahora, sobre todo, ante el agujero antiguo, y confeso por muchos integrantes de la caseta, de la voluntad. Solo 15 días después de su ascenso al primer equipo, ya ha sufrido la caída de tensión de los jugadores. Las posibles soluciones sobre la creación de fútbol, el otro gran y viejo lastre, se antojan más complicadas a corto plazo porque afectan más a la planificación deportiva del club.
De entrada, con la derrota caliente, el nuevo técnico insistió en colocarse como escudo para seguir protegiendo a los jugadores. En las formas, en cambio, sí se le notó más seco y escueto, e incluso cortante en alguna respuesta. Mientras en Albacete, dos días después de su toma de posesión, se explayó y no regateó ningún tema, en Lisboa se mostró mucho más cerrado.
El punto crítico de la intensidad, además de una rémora que también admitió la entidad hace semanas, apunta de lleno a la idea que él ha comentado de lo que espera de sus jugadores. “Quiero un equipo con ganas, energía, motivación, carácter, personalidad y ambición, que transmita pasión desde el minuto uno, más allá de las ideas de fútbol que iremos trabajando”, señaló hace 10 días.
Y el domingo, el Bernabéu
A la espera de sus medidas, continuistas o no, lo que es seguro es que la caída a la eliminatoria del playoff contra el Benfica o el Bodo/Glimt (este viernes, a las 12.00, el sorteo; la ida el 17 o 18 de febrero y la vuelta, el 24 o 25) le impide tener cinco semanas para centrarse solo en la Liga, una ventana que le habría concedido más horas de trabajo con la plantilla (“esta primera semana he tenido más ruedas de prensa que entrenamientos”, llegó a decir). El imprevisto también afectaría, según el argumentario del club y de él mismo, a la necesidad de mejorar la condición física, uno de los puntos que más ha repetido Arbeloa en línea con la dirección.
Después del 6-1 al Mónaco, el técnico proclamó su deseo de que la cita fuera un punto de inflexión. Cuatro días más tarde, las mejores palabras para la victoria del Madrid en Vila-real fueron a la seriedad. Pero la visita a Mou en una cita aparentemente de paso devolvió un equipo hipotenso y huérfano de fútbol. Y este domingo (14.00), contra el Rayo, el Bernabéu tomará de nuevo la palabra.
Tu suscripción se está usando en otro dispositivo
¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?
Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.
FlechaTu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.
Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.
¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.
En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.
Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.




























































