El militar que prepara al Bodo Glimt contra el Atlético: “Es más difícil ser futbolista que piloto de cazabombarderos”
Björn Mannsverk asesora a los jugadores del equipo noruego, primerizo en la Champions, para ayudarles a sobrellevar la presión


“Tal y como yo lo veo, es más difícil ser jugador de fútbol que piloto de cazabombarderos”, dice Björn Mannsverk sin que se le mueva un músculo de la cara. “Me asusta estar en el banquillo de los grandes estadios de la Champions, ¡y yo no juego! Pero puedo sentir la presión. Todo depende del entrenamiento: los jugadores están entrenados para eso. Yo estaba entrenado para volar”.
Mannsverk fue piloto de cazabombarderos en la Real Fuerza Aérea Noruega. Se retiró como jefe de escuadrón después de participar en misiones en Libia y Afganistán. Demasiado viejo para la aviación de combate, con 57 años emplea su experiencia para intentar ayudar a los futbolistas del Bodo Glimt. No están en guerra pero necesitan orientación. Es inevitable, tratándose de jóvenes con poco recorrido profesional que desde hace unos meses se han visto obligados a salir de Bodo, la pequeña ciudad del Círculo Polar Ártico en donde tienen la base, para aprender sobre la marcha según transcurre la primera temporada de sus vidas en la Liga de Campeones. Un periplo que puede concluir este miércoles en el Metropolitano o no. ¿Quién sabe? Después de tres derrotas y tres empates creían que lo tenían todo perdido cuando le ganaron al Manchester City por goleada (3-1), obtuvieron la primera victoria del fútbol noruego en Champions después de 20 años de sequía, y ahora están a tres puntos de sumar nueve y ponerse en la frontera de los playoffs.
“Ya no hablamos del partido con el City”, dice Mannsverk, que se autodefine como “un poco adiestrador de rendimiento y un poco asesor”, y que realiza su trabajo en conjunto con el entrenador, Kjetil Knutsen, y a través de charlas con los capitanes y con los jugadores. “El del City fue el mejor partido de la historia del Bodo, pero ya se jugó. No podemos desconcentrarnos con el pasado si queremos dar lo mejor contra el Atlético. Necesitamos el 100% de la energía. Por su puesto que sentimos la presión. La gestionamos hablando mucho de ello. Si nos hemos crecido un poco después de ganarle al City, lo hablamos. Si tenemos una pequeña posibilidad de ganar tres puntos y meternos en el playoff, ¡hablémoslo! No podemos controlar el futuro, pero podemos hablar. Así lo hacemos todo el tiempo: hablamos mucho de lo que pensamos, de lo que sentimos, y entre todos se nos hace más fácil manejarlo”.
El Bodo ascendió a Primera División en 2017. Fue el director ejecutivo del club, Frode Thomassen, quien contrató a Mannsverk para que ejerciera, en sus palabras, de “contraedificador” del proyecto que nacía. Si había una estructura, el asesor debía crear contrafuertes. Baluartes mentales. Rutinas que ayudaran a los jugadores a sobrellevar la incertidumbre inherente a su condición de exploradores del nuevo mundo de las competiciones europeas.
Aquello que normalmente te estresa es tu modo de pensar y tus sentimientos. La capacidad para ignorar tus propios pensamientos siendo consciente de ellos puede ser un arma muy fuerte, y es algo que los futbolistas hacen muy bien
“Como piloto de cazas”, explica, “aquello que normalmente te estresa es tu modo de pensar y tus sentimientos. Es lo que llamamos diálogo interior. Puede ser muy negativo y tenemos que aceptar que nunca desaparece completamente, así es que los pilotos aprendemos a convivir con nuestro diálogo interior sin prestarle atención. Es como la radio: la siento, pero no la escucho. Esa capacidad para ignorar tus propios pensamientos siendo consciente de ellos es un método. Puede ser un arma muy fuerte, y es algo que los futbolistas también controlan muy bien. Los mejores atletas en todas las disciplinas son aquellos capaces de estar presentes mentalmente: aquí y ahora, sin pensamientos que te distraigan. Si te cuesta estar presente, sufres; te vuelves lento, decides tarde, la competición se te vuelve una pesadilla”.
Dice el director deportivo, Havard Sakariassen, que el Bodo prefiere reclutar jugadores escandinavos, sobre todo noruegos y daneses, porque todos provienen de la misma cultura ancestral “socialdemócrata”. Espontáneamente, anteponen el interés colectivo al lucimiento individual. Para afinar el sentido de comunidad, Mannsverk dedica gran parte de su trabajo a mejorar eso que llama feedback y que puede traducirse como comunicación en el sentido de retroalimentación. “El feedback es el aceite de la máquina”, señala. “Y no tiene que ver con el fútbol. Tiene que ver con todo. Cada jugador del Bodo se compromete a respetar un pacto: respetar la opinión del compañero sobre él, aunque no le guste. Porque cada persona necesita comunicar y que le comuniquen. Todos necesitamos contribuir. Y nada de lo que se diga dentro del grupo debe ofendernos cuando es para mejorarnos a nosotros y al equipo”.
A los jugadores les aconsejo que no piensen mucho en los partidos. Muchos hacen tantos planes que cuando llega el partido están mentalmente fatigados. Les digo: ‘¡Ya es tarde para que seas mejor jugador de lo que eres! Relájate’
La coordinación, el entusiasmo, el dinamismo y la generosidad que demostraron Hogh, Didrik, Hauge y Evjen en los relámpagos que destruyeron al City solo se comprenden a partir de un estado de exaltación general. Además de buenos jugadores, están felices de compartir el viaje. “Nuestra misión”, explica Mannsverk, “es enfocarnos en rendimiento y desarrollo. Nuestra gran ventaja es la mentalidad. Sabemos que nuestro tiempo y nuestros recursos son limitados. De modo que tenemos que ser astutos para no perder tiempo y energía en cosas que no podemos controlar. El resultado es lo primero que descartamos. No podemos controlar el resultado: tienes los árbitros, tienes el clima, los otros equipos nos pueden superar… Sería una pérdida de tiempo y energía si pensamos demasiado en el resultado”.
“¡Claro que queremos ganar!”, afirma, “pero solo podemos enfocarnos en la preparación, nuestros entrenamientos, la actitud, la concentración, la recuperación, el sueño, la nutrición... Lo esencial es que aprendamos a comportarnos como un equipo. El equipo es la estrella y debemos ser leales a ello. Salir al campo, no tener miedo y hacer lo que estás capacitado para hacer, nada más. No puedes ser mejor que eso. Si logramos cumplir con estos principios y respetamos el plan, el equipo alcanzará su máximo y con el tiempo lograremos resultados. Si sales al campo pensando en que tienes que meter goles o tienes que ganar, la presión puede generarte mucho estrés. Si la responsabilidad es compartida por el equipo, el estrés se reduce”.

Después de pasar por los campos del Galatasaray y el Dortmund, quizás la visita al Metropolitano represente un rito menos perturbador para los novicios del Bodo. El asesor les recomienda no pensar demasiado en lo que pueden encontrarse. “Por supuesto que tienes que preparar los partidos a partir del conocimiento del rival”, dice; “pero estudiar demasiado al rival puede ser peligroso. La preparación excesiva conduce al pensamiento excesivo porque el cerebro siempre intenta imaginar nuevas soluciones para nuevos problemas hasta una complejidad infinita que, por último, no puede controlar. Lo que recomiendo es hacer las cosas del mismo modo sin importar a quién vayamos a enfrentar”.
“Si por ejemplo”, concluye, “dedicamos una hora a ver vídeos del Atlético porque es un gran equipo, en lugar de dedicar los 20 minutos que le dedicamos a la sesión de vídeo de los rivales de la liga noruega, la gente empieza a pensar ‘esto es diferente, esto es más importante, tenemos que ganar este partido…'. Yo a los jugadores les aconsejo que no piensen mucho en los partidos. Me he encontrado que muchos hacen tantos planes que cuando llega el partido están mentalmente fatigados. Les digo: ‘¡Ya es demasiado tarde para que seas mejor jugador de fútbol de lo que eres! Relájate. No pienses más en el partido. Haz cualquier cosa y cuando llegues al estadio y entres al vestuario entonces empieza a pensar en el partido’. Hay que descansar el cerebro para que se active de manera adecuada”.
Después de una vida de vértigo supersónico, Björn Mannsverk confiesa impertérrito que no se siente un hombre de fútbol. Alguna vez incluso ha abandonado el estadio en pleno partido después de ir a ver a la selección de Noruega. “Me aburría”, dice, y añade: “¡pero ver al Bodo me entretiene!”.
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