

Máxima tensión ante la respuesta del Bernabéu al agravamiento de la crisis del Real Madrid
La afición blanca, enfadada en las últimas citas tras tiempo aletargada, toma la palabra este sábado contra el Levante


Álvaro Arbeloa entró por primera vez en el vestuario del Real Madrid como jugador en septiembre de 2004, con la caseta en armas y a punto de que José Antonio Camacho presentara la dimisión porque veía que no podía hacer su trabajo como quería. “Te choca llegar allí, a una plantilla como esa, que era la leche, y sentir tal carga de presión. Fue entrar de golpe en la realidad del fútbol”, recordaba en 2014 el actual técnico blanco en una entrevista en Jot Down. Su primera convocatoria, procedente del Castilla, fue para un partido a domicilio contra el Espanyol. “Después de dar la alineación, [Camacho] gritaba [a la plantilla]: ‘¡Ahora, id a hablar con vuestros amiguitos de la prensa’. Y uno se reía. ‘¡Sí, sí, ríete!’. Yo pensaba: ‘joder, estos tíos están por encima del bien y el mal”, continuó Arbeloa en esa charla. Aquel fue el último encuentro que dirigió el murciano antes de marcharse (derrota 1-0) y establecer uno de los momentos clave en el largo derrumbe de la etapa galáctica, esa con la que tantas comparaciones han surgido en los últimos días a la vista de la caída libre en la que ha entrado el Madrid de la 25-26.
El petardazo copero en Albacete y el mal juego en los últimos dos meses y medio sitúa a todos los actores implicados ante el juicio del Bernabéu en el duelo de este sábado contra el Levante (14.00, Movistar; sin Rodrygo, Lunin, Rüdiger, Militão, Trent, Mendy y Brahim). El aficionado toma la palabra en la grave crisis blanca. Desde el crac contra el Celta a principios de diciembre, que precipitó la caída irreversible del proyecto de Xabi Alonso, la grada ha pitado al equipo y, sobre todo, a Vinicius en los tres choques siguientes en la Castellana (Manchester City, Sevilla y Betis). Las dimensiones del hundimiento del miércoles en el Carlos Belmonte han disparado aún más la tensión y la incertidumbre por saber hasta dónde llegará esta vez el enfado de una masa que había permanecido aletargada durante meses.
El Bernabéu, antes de su gran transformación arquitectónica para alimentar los planes de negocio de la entidad, ya había cambiado su demografía. El elevado precio de las entradas (75 euros la más barata contra el Levante y 90 el martes ante el Mónaco; ambas muy difíciles de conseguir) ha ido alejando del estadio en los últimos lustros a una parte de las capas más populares —incluidos muchos peñistas del resto de España— en beneficio de turistas foráneos y gente de paso que busca una experiencia y no le importa tanto abonar precios tan elevados. Un público, en definitiva, más amable y con menos espíritu crítico.
Arbeloa pide apoyo
Este proceso de cambio social en el viejo Chamartín ha ido suavizando un recinto que en el pasado no aflojaba su ánimo fiscalizador en cuanto algo no le gustaba. En los años en los que Arbeloa empezaba a asomar en el primer equipo, por ejemplo, eran muy famosas las broncas a Guti; incluso, provocando una guerra de silbidos y aplausos entre partidarios y detractores del centrocampista en las mismas gradas.
En el pasado inmediato, sin embargo, durante toda la temporada pasada y el inicio de esta, el anfiteatro asistió sin grandes ni muchos enfados al progresivo declive del equipo (solo hubo pitos importantes en enero de 2025 tras el 5-2 del Barcelona en la Supercopa). Y hace menos de tres meses, el estadio despejó con un silencio muy mayoritario el grave desafío de Vinicius a Xabi durante el clásico. Los éxitos recientes también ayudaban a una mirada más indulgente. Sin embargo, la quiebra del equipo, reflejada en el desplome de resultados, juego e intensidad, ha terminado despertando en las últimas fechas el disgusto de los más habituales, ese bloque aún importante de abonados, muchos con décadas de antigüedad. El manejo en momentos como este de la grada de animación, la palanca que puede inclinar el sonido del estadio hacia un lado u otro, le ofrece al club un colchón para moderar daños, pero tampoco puede controlar cada asiento y las consecuencias del enfado de la masa.
“Respeto mucho la opinión del Bernabéu”, se arrancó este viernes Arbeloa. “Entiendo que el aficionado esté dolido y decepcionado con nosotros, pero yo les voy a pedir apoyo a sus jugadores, que estén a nuestro lado. En 123 años de historia, las grandes gestas se han conseguido cuando han estado con sus jugadores”, reclamó el nuevo entrenador blanco, que no dudó en rescatar y citar hasta a un mito como Juanito, el símbolo de las grandes noches europeas, para recibir al Levante en una mañana de enero. A diferencia de Xabi, Arbeloa se muestra mucho más locuaz en sala de prensa. Este sábado, además de pedir los ánimos de la afición, aseguró que Vinicius actuó en Albacete como “un líder” y advirtió a la prensa que le van a “tener siempre enfrente” que haya críticas a la cantera.
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