Gonzalo ilumina al Madrid ante el Betis
El delantero sostiene con un ‘hat trick’ a un equipo que, tras ir por delante, perdió el control ante el Betis


A veces no se sabe si este Real Madrid está al principio o al final. Tampoco está claro qué es mejor. O peor. Contra el Betis dejó rasgos con aires a lo que mostró en el Mundial de Clubes, con ritmo, estructura y Gonzalo marcando todo lo que le caía. El equipo de Xabi Alonso desprendía ese aroma, pero en el mismo partido tembló con la ternura del que está empezando. Perdió el control cuando ganaba 3-0 y volvió a emitir que se había olvidado todo de repente y se le podía escapar esa ventaja en dos apretones del Betis, ante el que solo se interpuso Courtois. Entonces, en la marejada extrema, volvió a aparecer Gonzalo, tan joven, tan entusiasta, tan letal. Tan olvidado. Cuando se fue sustituido, el Bernabéu lo despidió en pie, entregado.
La puntería del chico había sostenido al Madrid en su pelea por la Liga con el Barça. También a Xabi en su empeño por mantener a flote el proyecto, que tiene el jueves en Yeda otra prueba límite con la semifinal de la Supercopa de España contra el Atlético.
Siguen respirando después del susto, después de un comienzo que anunciaba que todo iba a ser distinto. Sacaron su versión comprometida. Sobre todo Vinicius, que se fue pitado del Bernabéu antes de las vacaciones y se lanzó a ahogar aquel descontento. Las tres primeras veces que recibió la pelota encaró a Ángel Ortiz y le dejó atrás. Contra el joven lateral recién llegado a la élite, el brasileño era de nuevo aquel bailarín preciso e inalcanzable. Bajo el hechizo, la grada olvidó un rato el descontento, pero volvió a despedirle silbando.
El Real despachó un primer tramo muy sólido, de equipo repentinamente maduro. El control, como en los días felices de Xabi, comenzaba con la presión, también impulsada por Vinicius, el primero en todo. Ayudaba mucho la compañía de Gonzalo, que no se ahorra nada, y tiene por delante unos días para seguir jugando mientras se recupera Mbappé. Como en el Mundial de Clubes.
El pelotón de Xabi era otra vez una pequeña orquesta armoniosa, con Bellingham de conector, la energía y el corte de Camavinga, el aplomo de Tchouameni, la seguridad de Carreras y Valverde en los laterales, y la imaginación recobrada de Rodrygo. Y siempre Vinicius, que a los 19 minutos ya le había sacado una amarilla a Ortiz. De esa falta salió el 1-0. Rodrygo la puso al segundo palo y allí cabeceó a la red Gonzalo con la naturalidad y la contundencia del especialista.
Ahí volvió a asomar el aroma del decepcionante 2025. Quedaba casi todo por delante, pero el Real retomó su versión de bajas revoluciones y el Betis volvió a hacer pie. Se reencontró con la pelota, hasta entonces secuestrada por el Madrid, y empezaron a tejer Fornals y Marc Roca, que buscaban el picante de Antony por la derecha. Por ahí aguantaba bien Carreras, y al otro lado estaba vivo Valverde, que desactivó dos ocasiones.
El Real no se dejó ir del todo. O al menos no de momento. Volvió a aparecer Gonzalo. Controló con el pecho un pase de Valverde en la frontal y soltó un derechazo sin dejar caer el balón, un extraordinario gol de volea que levantó una pequeña estela de entusiasmo. Sobre ella, Asencio marcó el tercero al cabecear un córner.
Entonces retomaron el proceso de disolución. Desapareció el centro del campo. Con 3-0, el Madrid perdió el control. Corría Rodrygo solo hacia Valles tras un pase largo de Courtois y corría hacia el otro lado el Cucho Hernández, que acortó la distancia y abrió un tramo que el Bernabéu atravesó convencido de que se les escapaba el partido. Courtois sintió temblar la portería con dos tiros al palo y salvó un mano a mano al límite.
Pellegrini seguía refrescando efectivos mientras Xabi contemplaba la evaporación. Hasta que intervino retirando a Rodrygo y a Vinicius, que volvió a irse bajo una pitada, aunque algo menos generalizada y más breve que la de diciembre: estaba más cerca de la banda.
Pero el estadio se revolvía inquieto. Hasta que volvió a calmarlo Gonzalo, tan olvidado hasta ahora. Tan certero. Embocó de tacón un pase de Arda desde el costado izquierdo. Y con ese sabor confuso y el quinto de Fran García, se va el Madrid a Arabia.
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