Gustavo Dudamel elige las voces del Palau para el mayor reto de su carrera
El director venezolano dirige durante tres noches la ‘Missa Solemnis’ de Beethoven en su última temporada al frente de la Filarmónica de Los Ángeles

“Ni debutar en Estados Unidos, ni la Filarmónica, ni Dudamel. El gran reto es la Missa Solemnis”. Estas palabras del director de los coros del Palau de la Música, Xavier Puig, definen el reto al que se enfrentan los 125 cantores del Orfeó Català y del Cor de Cambra este fin de semana en Los Ángeles. Cantan una obra de “extrema dificultad técnica” que, cuando Beethoven la terminó hace algo más de doscientos años, rompió con todo lo que estaba establecido en la música clásica. Todavía hoy es de esas composiciones que definen una carrera porque, según Gustavo Dudamel, muchos directores la evitan o esperan mucho tiempo para hacerla: “Yo la estudiaba desde muy joven y he esperado a tener un poco más de canas”.
Es ahora, en su última temporada como director de la Filarmónica de los Ángeles tras más de 17 años, que ha decidido dar el paso: tres conciertos junto a las voces del Palau y en el Walt Disney Opera House, uno de los auditorios más bellos y con mejor acústica del mundo gracias al trabajo conjunto del arquitecto Frank Gehry y el acústico Yasuhisa Toyota. Hasta este domingo, 6.800 personas vivirán cómo el venezolano afronta uno de los mayores retos de su carrera (sobrehumano según él mismo), que fue aplaudido durante más de seis minutos este pasado viernes. Una ovación final que seguro que se alargó porque sorprendió a todo el mundo no llevando partitura y dirigiendo de memoria.
“Es lo más complicado que hemos hecho nunca”, dice la corista Núria Subirà de 27 años que, sin embargo, añade que Dudamel es quien lo ha puesto fácil: “Anima y sabe conectar con los músicos, sabe cómo explicarnos el sonido que quiere que saquemos”. También Esteve Serna (joven corista de la misma edad) admitía estar muy tenso antes de salir pero que al mirar al podio cambió todo. Y otra de las coristas, Sandra Castelltort agradecía a Xavier Puig (director de l’Orfeó y el Cor de Cambra) que antes de salir les hablara de alegría y entrega. “Me ayudó a concentrarme y darlo todo, ha sido un viaje celestial que ha dejado huella en nuestro corazón como quería Beethoven”.
Los tres cantores que forman parte del casi centenar de personas que se han pedido vacaciones de sus trabajos o que han abandonado sus vidas para viajar a Los Ángeles para este reto. Son los 94 del Orfeó que, en esta ocasión, se unen a los 34 profesionales que forman parte del Cor de Cambra. Puig dirige al primero desde el pasado septiembre y el segundo desde hace 8 años y considera que esta combinación ha sido fantástica. “Hemos mezclado la profesionalidad con la vocación y estoy muy contento de la calidez que se ha creado”. Y todo ha sido un trabajo duro de más de seis meses en los que primero se empaparon del contexto de la Missa para después trabajar con todos los profesores de canto del Palau. Incluso se dividieron en pequeños coros de cámara para trabajar más intensamente.
El resultado ha sido su primera experiencia en América, pero seguramente no será la última. Cuando termine esta temporada en Los Ángeles, Dudamel empieza una nueva aventura en Nueva York. Y quiso terminar su discurso de agradecimiento a todo el coro asegurando que en los próximos años “habrá más Missa y una Octava de Mahler que tenemos pendiente”. Igual dentro de poco los 125 coristas tienen que pedir más días libres.
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