El gallego Carlos Canal se estrena como ganador en O Gran Camiño
El ourensano se impone en Barreiros al sprint en una etapa en la que Iván Romeo se transforma en el mejor gregario


El ciclismo es apaisado, como el paisaje, como la olas del Cantábrico bruto a las que da velocidad —russsshhhhh, susurra la espuma— el dron televisivo cuando chocan contra la costa de la Mariña lucense como queriendo competir con el pelotón —riiiiiinnnnggggg, chirrían los frenos de disco—, que no es una serpiente, sino un mar en marejada en la última curva de la etapa, cuando ya ha saltado, incontenible, Carlos Canal, gallego de Xinzo de Limia, que gana su primera carrera como profesional junto a la playa agitada de Barreiros, y ya la marea crece y cubre los arenales que bordea la carrera desde Viveiro, Xove, Burela y Foz.
Corona Canal el trabajo de equipo, el Movistar de Iván Romeo que pinchó el martes en la contrarreloj porque a su rueda delantera le entró hambre y se comió una alcantarilla y que el miércoles, atravesando los bosques de eucaliptos hacia el mar, pasado el Alto de Noceda, acelera y rompe el pelotón, y lleva a todos con el gancho, y termina de prepararlo todo guay Nelson Oliveira, que lanza a Canal, primer gallego que gana la gran carrera gallega. La aceleración de los Movistar es fatal para Julius Johansen, el danés que ganó la contrarreloj, que se queda cortado y entrega el maillot amarillo a otro portugués, Rafael Reis.
“Por fin alcancé mi sueño. Ha sido un camino interminable. He dado muchas veces al palo en el pasado”, dice Canal. “Anticipé el sprint para no quedarme cerrado. Sabía que mis compañeros habían dejado la vida, que no tenían ya para hacer ese rush final, y como picaba un poco para arriba, decidí lanzar desde muy lejos, confiar en que era capaz de sostener un sprint largo y así ha sido”.
Habla emocionado el ciclista ourensano, casi al borde del llanto feliz a lo Van Aert, como un veterano al borde de la frustración eterna, pues es este su sexto año de profesional, pese a que solo tiene 24 años y representa, en cierta forma, el futuro del ciclismo español, como lo representa Romeo, campeón de España a los 22 años.
Tanto confía la afición en el potencial del ciclista vallisoletano que hasta le echa en cara que no se sumerja en el mundo de las clásicas de adoquines, las carreras de verdad, la París-Roubaix, por ejemplo, con su planta inmensa, y peso, y la potencia con la que acelera cuando quiere, y es capaz de atacar en un repecho, como en la pasada Dauphiné, y dejar frustrado al pelotón que le persigue, incapaz. “¿La París-Roubaix? Ya veremos”, dice, una entrada en materia que no transmite mucha pasión, dando largas a una carrera que hasta Álvaro Pino, el ganador de la Vuelta a España hace 40 años, disfrutó con su pequeño cuerpo de escalador.”. “Es una carrera muy loca que no encaja mucho con otros objetivos que tengo. Pero, bueno, seguro que estaré, no sé cuándo, pero seguro que estaré en el futuro. Ya estuve mi primer año en profesional allí y bueno, la verdad que se ve mejor desde casa. Se disfruta más y se sufre muchísimo menos. La gozo mucho desde casa, como para ir ahí a torturarme. Bueno, es una carrera espectacular y bueno, el tiempo dirá”.
Canal sprints to a home victory 🤩
— Cycling on TNT Sports (@cyclingontnt) April 15, 2026
Carlos Canal repays the tireless work of his teammates Nelson Oliveira and Iván Romeo as he wins the sprint on Stage 2 of O Gran Camiño 💪🏻 pic.twitter.com/rPjBzghWtQ
Romeo es un ciclista vertical, más de 1,90, que se apaisa, paralelo con el asfalto, cuando tira del pelotón a más de 50 por hora, Adam Yates, Jorgen Nordhagen, los favoritos vigilando su rueda. Y Canal, silbando un poco agobiado, y muy admirado. “Bueno, yo soy joven, pero Romeo me hace parecer un viejo a su lado porque te transmite la ambición, las ganas de luchar hasta el último metro…”, dice, obnubilado el gallego. “Además, estábamos juntos en la habitación. Es un tío que me hace desear tener al menos la mitad de ambición que tiene él y esas ganas de comerse el mundo. Esta juventud… ¿Después de ver cómo se ha dejado la piel por el equipo, cómo íbamos a dejarlo a medio camino y decepcionarle?”
El retrato que hace de Romeo, que se prepara para la Dauphiné y para el Tour, las carreras que le dan fama mundial, y, el Tour en el que se cayó en la escapada decisiva, frustración, es muy diferente al que le dibuja el aficionado escéptico. Es el retrato de la perfección. “Nos lo pasamos muy bien. Es un tío al que a veces tachamos de motivado porque parece que se va a comer el mundo pero es mejor eso que darse por vencido”, prosigue Canal, tan emocionado su abrazo con Ezequiel Mosquera, exciclista galleguista, inventor y organizador de O Gran Camiño, que solo unas gaitas y un cantar a Breogan le pueden hacer honor como fondo. “Romeo es un tío que, aunque todo le vaya a la contra, lo da todo y además lo mejor que tiene es que cuando tiene que disputar él, lo hace y demuestra que es capaz de ser un líder, y también es el líder para ayudar a los demás”.
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