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El Caja Rural pedalea O Gran Camiño con la cabeza en el hospital en el que sufre Jaume Guardeño

Abel Balderstone, el líder del equipo navarro, recuerda a su compañero, en coma después de chocar contra un coche mientras entrenaba: “Pensábamos ir al Tour juntos, como siempre, pero será difícil”

Jaume Guardeño, en la salida de una etapa de la pasada Vuelta a España.Luis Angel Gomez / SprintCycling (SprintCyclingAgency©2025)

Abel Balderstone asciende hasta la base de la Torre de Hércules, allí desde donde se domina el mundo y el imperio romano choca con el Atlántico, y se desploma mareado, la cabeza un tumulto de lactato y endorfinas, tan lejos llegó arañando las arrugas del esfuerzo, y el corazón herido. Es joven y fuerte, se siente inmortal, 25 años, más de 1,90, tan rubio como altísimo, piernas de garza que giran velocísimas y hábiles, las ruedas de la bicicleta alineadas como en un raíl de tranvía, sin salirse ni un segundo de la cinta de granito de seis centímetros que le permite ahorrarse saltos por las piedras desiguales de la avenida que sube hasta el faro, y mientras pedalea, cuenta, inevitablemente, un rincón de sus pensamientos está fijo en una habitación de la UCI del hospital Parc Taulí, en Sabadell, donde duerme, en coma desde hace dos semanas, su amigo Jaume Guardeño, compañero en el Caja Rural.

“Todo el equipo estamos igual, pero Abel quizás está más afectado porque ha compartido con él muchas experiencias buenas”, dice José Miguel Fernández, el director del Caja Rural en O Gran Camiño, que recuerda la impresión que sufrió el 31 de marzo cuando le contaron que Guardeño, de 23 años, había sufrido un accidente cuando se entrenaba cerca de su casa en Caldes de Montbui (Barcelona). Su bici tropezó con una piedra, el ciclista trastabilló para enderezarla y acabó chocando contra un coche. Se dio un golpe tremendo en la cabeza. Inflamación. Edema. Coma. Nadie ha perdido la esperanza de verle despierto, alegre y soñador de nuevo. Ni su familia ni sus compañeros. “Durante las cenas, todos los compañeros se preguntan por él. Cada uno dice, ¿sabéis algo más? Todo el momento el equipo quiere estar pendiente de si hay alguna evolución y estar atentos a él”. Comparten la información que les llega del médico del equipo, Laureano Ozcoidi, que está en contacto con la familia, y del entrenador Josep Codinach, que le visita regularmente en el hospital. Y todos intentan sonreír y dicen que, seguro, sale adelante, ¿no es acaso la resistencia su mejor virtud como ciclista? ¿No sorprendió a todos a los 20 años cuando debutó en la Grandissima, la Vuelta a Portugal, horno de calor y dureza, que todos temen, y cada día iba a más, a más? Terminó 18º y mejor sub-23, y si dura más la carrera mejor habría quedado.

Tampoco tira la toalla Balderstone, que es de Ullastrell, cerca de Terrassa, a una hora de Caldes, y a veces salía a entrenar con Guardeño, o se cruzaba con él en la carretera. “Pienso mucho en él cuando estoy solo. Jaume es algo más que un compañero. Casi siempre coincidimos, hemos hecho juntos muchas vueltas y nos ayudamos mutuamente”, dice Balderstone mientras su masajista le limpia el sudor que humedece su magnífico maillot de campeón de España contrarreloj. “Es muy duro esto. Me imagino que para la familia tiene que ser superduro estar ahí, esperando”.

Guardeño es un talento nacido en Altea, en la costa alicantina, comarca que en invierno es el edén para ciclistas profesionales de todo el mundo, que inundan sus carreteras. Saltó a los 20 años del amateur como becario al Caja Rural profesional, más rodador que escalador. Dejó Altea y la familia para irse a vivir a Barcelona, donde estudia Fisioterapia y progresa tanto como ciclista que está en la lista inicial del equipo navarro para debutar en el próximo Tour de Francia. Era su sueño hasta que descubrió la fragilidad de su cuerpo, una propiedad que ningún joven conoce. Balderstone la ha descubierto con el accidente de su amigo. “Ya sé que nunca sabes cuando te puede pasar algo, y que lo que le ha pasado a Jaume le puede pasar a cualquier persona. En el ciclismo al final siempre estás en el foco, con coches, con todo. Cualquier caída puede ser trágica. Hay que vigilar mucho, ir con cautela”, reflexiona Balderstone, y verbaliza pensamientos que se niega cuando sale a entrenarse. “No me puedo permitir salir con miedo. Intento no pensarlo, porque este es mi trabajo y si lo pensara trataría de evitar unos riesgos que a veces son clave para ganar o algo. Pero, eso, da cosa”.

En el Tour que finalmente invitó por primera vez al equipo de Alsasua empezaron a pensar ambos, jóvenes ilusionados, durante la pasada Vuelta, en la que formaron una pareja sensacional, la gran sorpresa de la carrera español. “Hicimos la Vuelta a España casi de la mano. Fuimos el 13 y el 14 juntos, casi siempre nos ayudábamos”, dice Balderstone. “Y echábamos el resto con la mentalidad de quien lucha para ir al Tour. Pensábamos, iremos juntos, como siempre, y a hacerlo lo mejor posible. Pero, bueno, será difícil”.

Cuando llegó a la meta, Balderstone había marcado el mejor tiempo en la contrarreloj de 15 kilómetros que de la Torre de Hércules a la Torre de Hércules, bordeando playas, Orzán, Riazor, miradores y acantilados acariciados por el viento, supuso la primera de las cinco etapas de O Gran Camiño. Fue de los primeros en salir. Finalmente, se clasificó 13º, a 58s del ganador, el sorprendente danés de melena y bigotes de normando Julius Johansen, del UAE, cuyo líder, el inglés Adam Yates, fue sexto, a 41s. El jovencito noruego Jorgen Nordhagen (Visma), otro de los favoritos, fue cuarto, a 28s, mientras que el más favorito de todos, el vallisoletano del Movistar Iván Romeo pinchó en el camino de piedra al pillar su neumático la rejilla de un sumidero, y cedió 1m 29s.

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