Sin la Copa, el Barcelona se estanca en la sequía
El equipo azulgrana, que cae ante la Virtus Bolonia (85-80) en la Euroliga, estira la mala racha tras tras dos años en blanco




Desde hace un mes que el Barcelona ha perdido el paso, negadopor los rivales de alta alcurnia y desdibujado por otros de menor caché y presupuesto, vuelta a las andadas ahora que parece diluirse el efecto Xavi Pascual. El ejemplo volvió a darse en Bolonia, incapaz el equipo de someter a una Virtus (85-80) enredada en lo bajo de la tabla de la Euroliga, por más que Punter (27 puntos) hiciera todo y más por evitarlo. Nada nuevo en este Barça, que lleva dos años de vacío, recién perdida la ocasión en la Copa. Batacazo tras batacazo.
Aunque suene paradójico, una canasta que no fue enmascaró el despropósito del Barcelona en el curso pasado. Fue un triple de Punter que no hizo chof y que descabalgó sobre la bocina a los azulgrana de la Final Four pasada. Eliminados en la pasarela. Pero desde el área deportiva del Barça decidieron que el casi valía; que Peñarroya seguiría en el banquillo a pesar de cumplir un segundo año en blanco tras el sellado primero por Roger Grimau. El club no se quedaba en blanco desde las temporadas del 2014 a la 2017. Y el guirigay se hizo grande, un libre albedrío que ya no se pudo recomponer. El técnico perdió el hilo al equipo y los jugadores al librillo. Cuatro derrotas de seis duelos en la ACB y sanseacabó.
Desde el área directiva pidieron a Joan Laporta más capital para la sección, más dinero para poder despedir al entrenador y firmar de una vez —de vuelta— a Xavi Pascual. El entonces presidente (ahora candidato a las elecciones) aceptó, pero con todas las áreas del club supeditadas al Fair Play financiero que impone LaLiga, la solución fue complicada. Los directivos debieron avalar con su firma y dinero por si el asunto se torcía. Resuelto el asunto económico, pudieron retirarse los avales. Y en noviembre llegó Xavi Pascual, que entró al vestuario como suele, con un derroche de energía que no discute con los infinitos detalles que plantea en los partidos. “Me convenció; solo habló de ganar y ganar, además de que evidenció que sabía dónde estaba”, explicó para EL PAÍS el base Nico Laprovittola poco después.
Suficiente para que el equipo recondujera la situación, baloncesto al abordaje para colocarse en la tercera plaza de la ACB y para situarse también en los puestos nobles de Europa. Pero insuficiente para imponer luego su ley en la Copa —cayó en semis ante el Baskonia— para disgusto de una afición que soñaba con el trofeo más plausible. No ganará la liga regular y queda por ver qué hace en los playoffs, del mismo modo que restan varias jornadas y al menos una eliminatoria para dilucidar si pisa la Final Four de la Euroliga.
Sin éxitos a la vista, desde el club han expresado en público su malestar con el banquillo —por eso llegó Pascual— y entre siseos con el área deportiva, encabezada por el mánager Juan Carlos Navarro, el mejor jugador posiblemente en la historia azulgrana (no se cuenta a Gasol, que apenas jugó en el Palau) que no da con la tecla fuera del parquet. Sugieren desde la Ciudad Deportiva que no hay un base y un pívot diferencial desde hace tiempo. Porque Hernangómez salió rana —tres años sin ser titular y cobra 4,5 millones, el que más del equipo— y porque Satoransky no tiene un gran tiro ni dirección, aunque sí defensa. “Falta alguien que asuste”, reivindican fuentes del club. Pero no hay dinero ni acierto en los fichajes de bases (Neto, Juan Núñez o Juani Marco) y en el otro aro, Vesely no puede solo. Taras que hicieron reforzar el área deportiva —Navarro y el director deportivo Mario Burno— con el exjugador Jordi Trías. Pero ni con esas.
Con Pascual en el banquillo el equipo lucha y compite, cosa que antes no sucedía, y queda tiempo para corregirse. Pero eso, de nuevo, no se dio en Bolonia.
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