Sergio García rompe a golpes su ‘driver’ y es amonestado por el Masters de Augusta por su conducta
El golfista castellonense paga su frustración con el palo tras una mala salida, recibe un ‘warning’ del torneo y engorda su historial de malos comportamientos en el campo de golf


Los malos modos de Sergio García, nuevo capítulo.
Open Británico de 2025 en Royal Portrush. Última jornada. Hoyo 2. Sergio García golpea su driver contra el césped del tee de salida tras un golpe que no le gusta y rompe el palo.
Masters de Augusta de 2026. Última jornada. Hoyo 2. Sergio García golpea su driver contra el tee tras acabar su bola en el búnker de la derecha y a continuación lo estampa contra una pequeña nevera verde para los jugadores. El palo también se rompe y tiene que jugar el resto de la ronda sin él.
🚨😤🫨 #WATCH — Sergio Garcia is LIVID! He absolutely UNLOADS on the tee box after a poor golf shot in the final round at Augusta 🫨 pic.twitter.com/YI4UkSVxHW
— NUCLR GOLF (@NUCLRGOLF) April 12, 2026
García ha repetido la misma escena en el mismo hoyo y en la misma vuelta en los dos últimos grandes que ha disputado. Nada nuevo para un golfista que a los 46 años acumula un largo historial de malos comportamientos en el campo de golf: palos rotos o lanzados al aire, patadas a la bolsa, pies arrastrados por el green, bunkers atizados, enfrentamientos verbales con aficionados y hasta un escupitajo dentro de un hoyo. Su última salida de torneo no fue pasada por alto por los rectores del Masters de Augusta. Dos hoyos después, tras la salida en el par tres del 4, el presidente del comité de competición del Masters, Geoff Yang, se acercó al golfista español y le comunicó que su conducta era castigada con un aviso, un warning, y que otra acción de ese tipo supondría por lo tanto un golpe de penalidad.

Hombros caídos, mirada al suelo, gestos de enfado… El lenguaje corporal de Sergio García lo decía todo en esta última jornada del Masters de Augusta que compartió con Jon Rahm. Dos birdies del vasco en los tres primeros hoyos y dos bogeys del castellonense en ese tramo dejaban muy clara la distancia de juego y sobre todo de actitud con la que afrontaban esta ronda final sin nada en juego. Un jugador al que le importaba el resultado final, Rahm, y otro con ganas de que acabara su participación, García.
El castellonense ya había agitado los días anteriores el fantasma de una próxima retirada. “Es una hazaña poder pasar el corte jugando tan mal o con sensaciones tan malas. ¿Cuándo va a cambiar esto? Es lo que más me preocupa, porque pegarle como le estoy pegando a la bola me trae pensamientos que no son de los más bonitos”, afirmó después de la segunda jornada, e hizo entonces el gesto de colgar la bolsa de palos. “Nos vamos acercando, cada vez estamos más cerca”, añadió sobre la posibilidad de poner fin a su carrera próximamente. “No es un calentón de ahora. Si fuera un día, una semana, dos semanas, pero no cuando llevas cuatro meses y no sabes cuándo va a terminar… ni si va a terminar. Estoy fallando por los dos lados, por la izquierda y por la derecha, y eso es lo peor. Si lo fallas por un lado, más o menos lo puedes controlar, pero por los dos… Con todo, con los hierros, pero sobre todo con el drive. Y si no le pego bien al drive, que es lo que mejor he hecho toda mi vida, mi juego entero se viene abajo porque me quita toda la confianza. Ahora mismo me pongo sobre la bola y espero que no me dé un patatús mientras hago el swing. Y nada, después rezar para que la bola salga más o menos recta”, añadió.
Al día siguiente dejó también una reflexión significativa sobre su trayectoria y sobre su momento actual: “A lo mejor mis expectativas no son correctas. Tengo 46 años y hay que bajarlas. Con 25 o 30 era mucho mejor jugador y puede que la carrera vaya ahora hacia abajo. Cuando la veo, me duele no haber ganado un Open Británico”.
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