Matvii Bidnyi, ministro de Deportes de Ucrania: “Es un milagro que nuestros atletas compitan en pleno genocidio ruso, todos sufren ansiedad y agotamiento”
Entrevista con el ministro del gobierno de Volodímir Zelenski a escasos días de que arranquen unos Juegos Olímpicos de Invierno en los que los atletas rusos volverán a competir como neutrales, sin bandera ni himno nacional

Se enciende la cámara y Matvii Bidnyi, barba frondosa, traje gris y corbata burdeos, comienza a medir sus palabras al otro lado de la pantalla desde una ubicación indeterminada. Quedan pocos días para que en Italia arranquen los vigesimoquintos Juegos Olímpicos de Invierno de la historia y el ministro de Deportes de Ucrania, tan ocupado, tiene ganas de hablar. “Nada ha cambiado, Rusia sigue atacando e invadiendo nuestro territorio”, alerta a EL PAÍS desde un despacho de paredes oscuras en el que, eso sí, no faltan banderas: la de la Unión Europea, la ucrania y una tercera, azul y con un extenso lema en cirílico. “Por el deporte y la juventud”, traduce él, orgulloso de un país que, advierte, ha dado al mundo leyendas como el boxeador Oleksandr Usyk, el Balón de Oro Andrei Shevchenko o la plusmarquista mundial y campeona olímpica de salto de altura Yaroslava Mahuchikh.
Pregunta. ¿Cuál es el objetivo de Ucrania en Cortina d’Ampezzo 2026?
Respuesta. En unos Juegos Olímpicos todo gira en torno a ganar o al deseo de ganar. Nosotros, en cambio, estamos orgullosos de que, a pesar de esta terrible guerra, llevamos a un equipo preparado y representado por nuestra bandera. Eso es lo más importante.
P. La visibilidad internacional.
R. Es que hoy en día es crucial para nosotros. Es nuestra lucha existencial. Mire, aquí en Ucrania alcanzamos estos días los 17 grados bajo cero y miles de familias se están congelando porque no tienen con qué calentar sus hogares a causa del terrorismo energético ruso. Rusia ha atacado nuestras centrales eléctricas para matarnos de frío. Es un acto de genocidio, otro más. Queremos contárselo al mundo. Y hacerlo bajo nuestra bandera.
P. ¿Cómo es posible prepararse para unos Juegos en esas condiciones?
R. Es un milagro. Si hablamos de infraestructuras, por ejemplo, nos resulta casi imposible tener pistas de hielo, porque se necesita muchísima electricidad para mantenerlas y, claro, entre tener a punto varias instalaciones deportivas o calentar los hogares de miles de familias, la elección es obvia. La realidad es que ahora mismo es muy difícil preparar una cita tan importante en Ucrania. Muchos de nuestros deportistas tienen que salir al extranjero para ello. Por desgracia, no les queda otra.
P. ¿Ha cambiado algo desde París 2024?
R. Absolutamente nada. Rusia sigue atacando y ocupando nuestros territorios. Esta misma semana, sin ir más lejos, han bombardeado una piscina olímpica en Kiev, destrozando el sistema eléctrico y la mayoría de ventanas del edificio. Ayer me enviaron las imágenes y el agua ya está congelada. Se ha convertido en una pista de hielo. Un lugar en el que entrenaban nuestros nadadores y en el que miles de niños se iniciaban en el agua. Piénselo, ¿cómo van a estar nuestros deportistas? Su estado psicológico dista mucho de ser el ideal para una preparación efectiva. Todos sienten ansiedad y, por supuesto, agotamiento.
P. Si hoy paseáramos por Kiev, ¿qué veríamos?
R. Muchos generadores emitiendo un ruido inconfundible. También numerosos centros de acogida en los que miles de ciudadanos buscan calefacción, agua caliente, té o electricidad para cargar baterías y teléfonos. Verían, en definitiva, mucha gente agotada, furiosa incluso, pero con el espíritu de lucha intacto.
P. Los Juegos Olímpicos siempre se han presentado como un espacio de neutralidad política. ¿Lo ve así?
R. Veo un matiz importante. Cuando hablamos de guerra, no hablamos de política, sino de crimen. Y eso es lo que está cometiendo Rusia. No es una cuestión política, sino un genocidio.

P. Hace unos días compartió un vídeo en sus redes sociales en el que varios atletas ucranios de bobsleigh y skeleton [ambas modalidades de descenso invernal] mostraban una pancarta que decía: Rusia es un Estado terrorista; cada ciudadano ruso es culpable. ¿Está de acuerdo?
R. Totalmente. Y si algún lector de EL PAÍS visitara hoy Kiev creo que también estaría de acuerdo. Lo que Rusia está perpetrando en una capital europea en pleno siglo XXI es un genocidio. ¿Por qué deberíamos callarnos? ¿Por qué deberíamos guardar silencio si nos están matando?
P. Como sociedad, ¿hemos sido lo suficientemente firmes con Rusia?
R. Mire, si el deporte existe en cualquier sociedad moderna es porque respeta una serie de valores humanitarios, un orden internacional y un estado de derecho civilizado. Si eso se destruye, el deporte deja de existir. Por lo tanto, creo que las instituciones deportivas también son responsables de lo que sucede en el mundo. No puede ser que un país actúe como un estado terrorista y no solo siga siendo parte de la sociedad civil, sino que forme parte también de eventos deportivos como los Juegos Olímpicos. No es normal, por mucho que les vistan de blanco y se refieran a ellos como atletas neutrales.
P. ¿Ve posible separar política y deporte?
R. Insisto, no es política. Si alguien aprovecha un escenario como los Juegos Olímpicos para pedir o condicionar el voto, eso sí es política. Aquí estamos hablando de algo muy distinto. Esto es un crimen.
P. Si un atleta ruso se desmarca públicamente de lo que su país hace en Ucrania, ¿es suficiente para que usted perdone?
R. Tenemos un caso como el de la tenista Daria Kasatkina [nacionalizada australiana tras criticar la invasión rusa de Ucrania]. Creo que la suya es una postura lo suficientemente firme y convincente, pero no hay ningún otro caso como el suyo. Al final, sabemos que si un deportista ruso se arrepiente en público de lo que hace su gobierno, va a la cárcel. De hecho, Kasatkina no está en Rusia. Por eso tiene libertad para adoptar esa postura.
P. ¿Se siente apoyado por el Comité Olímpico Internacional y otras grandes instituciones deportivas?
R. La respuesta a esa pregunta tiene dos caminos. Por un lado, agradecemos mucho el apoyo de las instituciones que se vuelcan con los atletas ucranios, invitándolos a entrenar en sus países y echando una mano. Pero, por otro lado, existe un movimiento generalizado que aboga por restaurar los derechos deportivos de Rusia. Y mire, ni nos gusta ni creemos que invite al optimismo, pero no nos queda más remedio que entenderlo. Al final, a todo el mundo le interesa organizar el mejor evento posible. Y para eso hace falta apoyo. Apoyo, por ejemplo, de patrocinadores como Gazprom, que pueden duplicar o incluso triplicar un presupuesto. Cómo no vamos a entenderlo. Así es como funciona el mundo. La rueda ha seguido girando y nada ha cambiado desde febrero de 2022 [cuando se agravó la invasión rusa en Ucrania].
P. ¿Cree que hemos normalizado la situación?
R. Lo que tiene que pensar cualquier ciudadano europeo es que esto está pasando muy cerca de su casa. Kiev es una ciudad de cinco millones de habitantes y Ucrania tiene una población similar a la de España. Y en pleno siglo XXI, en un Estado de derecho declarado, hemos sido atacados y ocupados por otro país. Más de 600 deportistas y entrenadores han sido asesinados desde el comienzo de la guerra. Y el deporte es solo una pequeña consecuencia de todo lo que estamos viviendo. Los drones siguen ahí fuera, las bombas siguen cayendo y nuestros compatriotas siguen luchando por su vida en los hospitales. Lo estamos perdiendo todo.
P. ¿Cómo valora Volodímir Zelenski el deporte en su país?
R. La primera preocupación del presidente, como es lógico, es la seguridad. No hay que olvidar que estamos en guerra, y todo lo demás es secundario. Pero más allá de eso, él ve el deporte como una herramienta de comunicación al mundo. Así lo muestra en cada uno de nuestros encuentros. Es más, para él, nuestros atletas son nuestros verdaderos embajadores en el mundo. Los que ponen voz a lo que todavía hoy sucede en Ucrania.
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