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Daria Kasatkina, la tenista gay que cambió Rusia por Australia: “Feliz, agradecida y libre”

Estrena pasaporte después de anunciar su homosexualidad y criticar la invasión de Ucrania. Pero no es la única. Su país de origen continúa perdiendo representantes

“Oficialmente australiana. Feliz, agradecida y libre”.

El pasado sábado, un día antes de que comenzase a disputarse el cuadro final del Open de Australia, la tenista Daria Kasatkina posaba feliz con el certificado de su nueva nacionalidad entre las manos y la bandera del país oceánico de fondo. La imagen significaba, por fin, la culminación de un proceso interno que en determinadas fases le costó gestionar: “Básicamente, estaba intentando salir del agujero. Y nunca es fácil”. Han sido años de zozobra y tensión para ella, señalada por el Kremlin desde que en 2022 anunciase su homosexualidad y, al mismo tiempo, criticase abiertamente la invasión rusa sobre Ucrania.

A partir de ahí, la presión y las críticas le condujeron a adoptar una decisión que adopta forma estos días en Melbourne, donde Kasatkina compite de manera oficial como jugadora australiana. “En los últimos años he pasado por situaciones que escapaban a mi control y, por desgracia, han sido muy, muy agotadoras emocionalmente”, relataba ante los periodistas, habiendo dejado atrás los días de oscuridad y encantada de representar a una nación que, recalca, sí vela por las libertades individuales y le permitirá de verdad ser ella misma. “Este es un lugar para vivir, un lugar para criar a tus hijos”, concedía en unas declaraciones recogidas por el diario The Guardian.

La deportista, de 28 años, contaba al mismo medio que el estrés le impidió completar el calendario la temporada pasada, pero que al mismo tiempo ese margen le sirvió para aligerar la carga mental. Encontró refugio en los estudios y después de aprobar el examen con nota —“veinte preguntas, de opción múltiple, era bastante factible; saqué un cien por cien”—, disfruta hoy de la nacionalización que da carpetazo a las angustias. Su familia continuará residiendo en Rusia, pero ella continuará en Dubái —vivió varios años en Barcelona, donde fue dirigida por el técnico Carlos Martínez— y a corto plazo se casará con su pareja, la reconocida skater Natalia Zabiiako.

“Es duro, pero si quería vivir una vida libre y abierta, desgraciadamente no podía hacerlo en Rusia. Tenía que encontrar otro lugar. Y lo hice”, afirma. Su anuncio y las críticas por la ofensiva bélica sobre Ucrania —“una pesadilla en toda regla”, calificaba en una charla difundida por medio de YouTube— le costaron el repudio del gobierno de Vladimir Putin, que de forma inmediata la incluyó en la lista de traidores. Ese mismo año, precisamente, la australiana alcanzó el pico de su carrera, reflejado en la ascensión al octavo puesto del ranking mundial y las semifinales de Roland Garros, su mejor registro en un gran torneo. De hecho, durante el último lustro ha sido una de las rusas más regulares.

Goteo de salidas

Kasatkina ha ganado ocho títulos y tras sopesarlo y finalmente maniobrar, obtuvo en marzo la residencia permanente. A su lado estuvo Daria Saville, antes Gavrilova, otra tenista (31 años) que adquirió la nacionalidad australiana (2015). En su caso, el cambio no respondía a cuestiones políticas o sociales, reivindicaticas, pero sí estructurales. En ese sentido, Rusia ha ido perdiendo activos a lo largo de los últimos años, con la fuga de al menos una decena de jugadores. Si el caso de Kasatkina responde a la criminalización rusa de la homosexualidad y el factor bélico, la mayoría conectan con lo económico, puesto que otras naciones ofrecen mayor respaldo en la transición al profesionalismo.

Del mismo modo, cabe recordar que los tenistas de Rusia y Bielorrusia compiten bajo bandera neutral —sin sus colores ni el himno— desde que lo decidieran la Federación Internacional de Tenis (ITF), la ATP (circuito masculino) y la WTA (femenino). Tampoco participan en las competiciones por equipos como la Copa Davis y la Billie Jean King Cup. Las restricciones limitan la proyección de sus jugadores y varios han optado por actuar. En los últimos tiempos lo han hecho Anastasia Potapova (55ª del mundo), Kamilla Rakhimova (57ª) y Polina Kudermetova (150ª), además de la propia Kasatkina. Entre las nacionalidades elegidas están la francesa, kazaja o uzbeka.

El gran referente masculino, Daniil Medvedev, siempre ha evitado hacer cualquier referencia de corte político, mientras que le número uno del mundo, la bielorrusa Sabalenka, tampoco tiene intención alguna de alinearse bajo otra bandera. Envuelta ahora por el azul australiano, Kasatkina transmite su felicidad y celebra la nueva condición: liberada. “Por fin puedo respirar. Puedo vivir y dedicarme a mi trabajo sin preocuparme por las cosas que están fuera de mi control”, aprecia. “No se trata solo del pasaporte, sino de aceptación. Sentir el apoyo y el calor de la gente es fantástico. Estoy jugando un Grand Slam en casa. Es increíble que pueda estar diciendo esto”, zanja la 43ª del mundo.

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Sobre la firma

Alejandro Ciriza
Cubre la información de tenis desde 2015. Melbourne, París, Londres y Nueva York, su ruta anual. Escala en los Juegos Olímpicos de Tokio. Se incorporó a EL PAÍS en 2007 y previamente trabajó en Localia (deportes), Telecinco (informativos) y As (fútbol). Licenciado en Comunicación Audiovisual por la Universidad de Navarra. Autor de ‘¡Vamos, Rafa!’.
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