La Foto del Año 2026 recoge el coste humano de las deportaciones masivas en Estados Unidos
El concurso World Press Photo premia a la estadounidense Carol Guzy, que pone de relieve el sufrimiento de unos niños separados de su padre en Nueva York


Los hijos de Luis, un migrante ecuatoriano, llorando desesperados porque a su padre se lo llevan los agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés) de Estados Unidos, es la Foto del Año 2026 del concurso World Press Photo. La autora es la fotógrafa estadounidense Carol Guzy, que captó la imagen tras una audiencia en un juzgado de inmigración en la ciudad de Nueva York, en agosto de 2025. La familia del detenido aseguró que este no tenía antecedentes penales y era el que mantenía a su esposa y a tres hijos. Publicada por Miami Herald, el jurado del premio ha considerado que, en una democracia, “la cámara en ese pasillo sirve de testigo de una política que ha convertido los tribunales en escenarios de vidas destrozadas”. En un género periodístico con mayoría de autores varones, Guzy es la séptima mujer en obtener el premio en la historia del certamen, establecido en Ámsterdam en 1955.
Los dos finalistas de esta edición son el palestino Saber Nuraldin, y el también estadounidense Victor J. Blue. Han captado, respectivamente, la emergencia humanitaria en Gaza y los juicios de las mujeres indígenas mayas achí, que fueron víctimas de violencia sexual en Guatemala por parte del Ejército y de fuerzas paramilitares.
Carol Guzy, que estudió enfermería antes de dedicarse a viajar con sus cámaras, estuvo en el interior de uno de los pocos edificios federales de Estados Unidos que permitió en 2025 la presencia de fotógrafos. La imagen galardonada recoge el desgarrador momento de la separación a la fuerza de Luis y su familia, y la propia autora ha destacado que pone de relieve la importancia crítica de esta historia a escala mundial. “Somos testigos del sufrimiento de innumerables familias, pero también de su dignidad y resiliencia, que trascienden la adversidad y resultan profundamente conmovedoras”. Considera por ello que este premio “les pertenece a ellos, no a mí”.
La documentación de World Press Photo recuerda que el ICE ha recibido “una financiación sin precedentes de 75.000 millones de dólares, que se ha traducido en un aumento del 2.450% en la detención de personas sin antecedentes penales”. El coste humanitario de esa inyección de fondos puede verse en el edificio federal Jacob J. Kavits, donde se encuentra el tribunal de inmigración que despachó a Luis, el migrante ecuatoriano. Hasta que una demanda le forzó a revisar sus “deplorables” condiciones, el ICE obligaba a los detenidos “a dormir en suelos de hormigón, sin acceso a una higiene básica y sin atención médica”, indican fuentes del concurso. Carol Guzy era ya la primera fotoperiodista en recibir cuatro premios Pulitzer (1986, 1995, 2000 y 2011). Ha trabajado en el Miami Herald y The Washington Post, y lo hace ahora para la agencia independiente ZUMA Press.
Los finalistas: Gaza y las mujeres achí
El primer finalista es el palestino Saber Nuraldin. Ha captado a una multitud de sus compatriotas subiendo a un camión de provisiones cuando entra en la Franja de Gaza a través del cruce de Zikim, situado al noroeste. Otros muchos se agolpan junto al vehículo intentando conseguir harina durante la denominada “suspensión táctica” de las operaciones militares por parte de Israel, para permitir el paso de ayuda humanitaria. La imagen fue tomada el 27 de julio de 2025, y las autoridades israelíes habían bloqueado todo el apoyo desde marzo. El 28 de ese mes, el Tribunal de Justicia de Naciones Unidas reclamó a Israel evitar la hambruna en Gaza, y le exigió que dotara a los palestinos de Gaza de servicios básicos y asistencia de carácter humanitario “a la vista de la propagación del hambre y la inanición en Gaza”.

Nacido en Gaza, Saber Nuraldín ha documentado la vida allí desde 1997. Para el jurado del concurso, “la composición directa de la imagen obliga al espectador a detenerse y ofrece una prueba visual de la hambruna y de la destrucción que rodea la escena”. Según la Oficina del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos (ACNUDH), miles de palestinos han muerto por ataques de las fuerzas israelíes cerca de los puntos de recogida de alimentos. La foto ha sido distribuida por la agencia internacional EPA Images.
El estadounidense Victor J. Blue es el segundo finalista. Publicado en The New York Times Magazine, en su caso, se trata de un retrato en blanco y negro de Doña Paulina Ixpatá Alvarado. Captada en Guatemala el 30 de mayo de 2025, la mujer pertenece a la comunidad indígena maya achí. Retenida en 1983 junto con otras mujeres durante 25 días, fueron agredidas sexualmente por miembros de las Patrullas de Autodefensa Civil. Tres de ellos fueron declarados culpables y condenados a 40 años de cárcel cada uno. Los hechos tuvieron lugar durante los años más sangrientos de la guerra civil del país entre 1981 y 1983.

El caso es conocido como Mujeres Achí, y 36 de ellas rompieron su silencio en 2011 contra sus agresores. Dado que se trataba de crímenes que, como la violación, estigmatizan a las mujeres, el jurado fotográfico sostiene que “su fuerza colectiva consigue convertir el legado de impunidad durante la guerra en una victoria histórica para la justicia”. Paulina Ixpatá está junto a otras mujeres y mira resuelta a la cámara con una rosa en la mano. Es el documento “de un momento de fuerza colectiva al final de una larga lucha”, dice World Press Photo.
Las tres ganadoras han sido elegidas entre las 57.376 fotografías presentadas por 3.747 autores de 141 países. En la presente edición, mujeres y personas no binarias firman el 22% de las fotografías. Es un aumento continuo desde que se introdujo, en 2021, el modelo de premios por regiones del mundo. La exposición itinerante con todos los premiados se inaugura este viernes 24 de abril en la Iglesia Nueva, de Ámsterdam. “El fotoperiodismo nunca ha sido un trabajo fácil”, indica Kira Pollack, presidenta del jurado global. Aún así, los fotógrafos van “a los tribunales y a las zonas de conflicto; a los rincones silenciosos del mundo donde la historia se está escribiendo sin testigos”. Lo hacen, asegura, porque creen que la evidencia importa.


























































