World Press Photo premia las imágenes de conflictos globales y el impacto de la crisis climática
Los españoles Brais Lorenzo, Luis Tato y Diego Ibarra Sánchez se encuentran entre los 42 ganadores regionales del concurso mundial de fotoperiodismo


La Fundación World Press Photo, con sede en Ámsterdam, ha anunciado los 42 ganadores regionales del concurso que selecciona todos los años lo mejor del fotoperiodismo mundial. Repartidos en tres categorías (fotografías individuales, reportajes y proyectos a largo plazo), el jurado ha elegido imágenes de conflictos globales —desde Estados Unidos y Ucrania hasta Nepal, Pakistán y Palestina— y de los efectos del cambio climático. Hay también momentos de intimidad, duelo, aislamiento y supervivencia humanas que suelen ocupar menos espacio en los medios. Entre los galardonados en esta edición figura los españoles Brais Lorenzo (que publica en EL PAÍS, la agencia Efe y la revista 5W), Luis Tato (Agence France-Presse) y Diego Ibarra Sánchez. Las regiones mundiales, tal y como las reúne World Press Photo, son África; Asia-Pacífico y Oceanía; Europa; América del Norte y Central; América del Sur; Asia Occidental, Central y Meridional. La Foto del Año, que saldrá de este concurso regional, será anunciada el próximo 23 de abril.
En 2025, en la comunidad autónoma española de Galicia, más de 200.000 hectáreas de tierra se quemaron debido a la sequía y el aumento de las temperaturas atribuido al cambio climático, pero también por la despoblación rural y la falta de un manejo sostenible del bosque. El reportaje por el que ha sido premiado Brais Lorenzo, titulado Tierra quemada, documenta la desigual lucha de los vecinos contra las llamas y la devastación posterior. Son cuatro momentos, entre ellos una desoladora vista de San Vicente de Leira, en el municipio de Villamartín de Valdeorras (Ourense), arrasado por el fuego.

Los otros dos fotógrafos españoles premiados son Luis Tato y Diego Ibarra Sánchez. El reportaje del primero, titulado Protestas de la generación Z en Madagascar, documenta las manifestaciones de septiembre de 2025 en ese país de África oriental contra la corrupción. Fue un alzamiento similar al de países como Nepal o Bulgaria, donde la denominada generación Z (nacidos entre 1997-2010, aproximadamente) contribuye a forzar un cambio de régimen pero es excluida de la transición política posterior.
El trabajo de Ibarra Sánchez, Educación secuestrada, galardonada en el apartado de proyectos a largo plazo, muestra los efectos del extremismo, la guerra y los desplazamientos en el derecho de los niños a la educación. Su documento recorre durante varios años nueve países en Asia, Europa y Sudamérica, e incluye, entre otras, a un grupo de niñas en Afganistán que acuden a una escuela “informal” al aire libre, porque los talibanes no les permiten estudiar. Hay también una guardería destrozada por las bombas rusas en Ucrania; una maestra, Nora Nancy, obligada a huir de su casa por los asesinatos de la organización guerrillera FARC; cientos de libros quemados por el Estado Islámico (ISIS, en sus siglas en inglés), en Siria.
En la sección de fotografías individuales hay escenas muy duras, como la del choque entre oficiales del Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos y manifestantes junto a un centro de detención de ICE (Servicio de Inmigración y Control de Aduanas). Gases, soldados perfectamente equipados y civiles desarmados conforman una escena que marca la desigualdad de la situación. La firma Jan Sonnenmair. Hay otros momentos dolorosos, como el desespero de una policía australiana ante los cadáveres de Boris y Sofía Gurman, un matrimonio en la sesentena asesinado cuando intentaron desarmar a uno de los dos autores de un tiroteo masivo de tinte antisemita en la playa australiana de Bondi. La firma Edwina Pickles, para The Sydney Morning Herald. En otra imagen en esta categoría, un grupo de niñas negras sudafricanas, vestidas con trajes de ballet, suben por una escalera camino del escenario de su función de tercer curso en el Soweto Theatre. Durante el apartheid, solo los blancos tenían acceso a este tipo de representaciones culturales. Es de Ihsaan Haffejee, para GroundUp. Otra foto, tomada por Paula Hornickel, retrata a una anciana alemana, Waltraud, hablando en una residencia con Emma, un “robot social” que reconoce el rostro y recuerda conversaciones pasadas. Waltraud era reticente al principio, pero dice que los chistes del robot “son muy buenos; mi tipo de humor”.

En el apartado de reportajes, también sobre la política de inmigración dictada por el presidente estadounidense, Donald Trump, la fotógrafa Carol Guzy firma para el Miami Herald una batería de imágenes de distintos momentos del proceso de expulsión. En una, un guardia de seguridad llora al contemplar la separación de una familia en Nueva York. Una madre y su hija pequeña sollozan también a su lado.
Entre los proyectos a largo plazo, destaca uno titulado El coste de las agrotoxinas. Recoge el efecto humano del uso de herbicidas con glifosato en Argentina. Aprobados en 1996, en estos momentos “el 60% de la tierra cultivada del país es rociada con este producto, que afecta a 14 millones de personas”, según la documentación del premio. Es de Pablo E. Piovano, y enseña desde las uñas quemadas de un trabajador, que ha necesitado además un trasplante de hígado, a una niña con espina bífida, una malformación congénita atribuida por los médicos a la exposición al pesticida. O la “polineuropatía tóxica” de Fabián Tomasi, un trabajador agroquímico fallecido.
La presidenta del jurado global, Kira Pollak, que ha trabajado en The New York Times, la revista Vanity Fair y el semanario político TIME, declara en la presentación de los premios que “este es un momento crítico para la democracia, para la verdad, para la cuestión de qué estamos dispuestos a ver y señalar como sociedad, y qué ignorar”. En su opinión, los fotógrafos reconocidos este año “han hecho su parte y dejado su testimonio: ahora nos toca mirara nosotros”.
















Los ganadores del concurso correspondiente a 2026 han sido seleccionados entre las 57.376 fotografías de 141 países, firmadas por 3.747 autores. El modelo de concurso regional debutó en 2021 para fomentar una mayor diversidad de historias y narradores visuales en todo el mundo. Así, este año, 31 de los 42 ganadores “son locales de la región que han captado”, según portavoces del concurso. Comparado con 2025, ha habido ahora un 11% más de participantes de América del Sur, y un 14% más de Asia Pacífico y Oceanía. Por otro lado, “la participación de mujeres y personas no binarias representa un 22% del total”.
Tanto la Foto del Año, todavía por anunciar, como el resto de las ganadoras se expondrán en una muestra itinerante de World Press Photo que recorrerá 60 ubicaciones alrededor del mundo a partir del 24 de abril.
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