Tim Arnold, activista cultural: “Cuando dejé las redes me echaba la mano al bolsillo como si tuviese un miembro fantasma”
El músico y ‘performer’, activista contra la gentrificación y la exposición de los niños a los algoritmos actúa en el Teatro Soho de Madrid el 20 de febrero con su espectáculo Super Connected, en el contexto del OFF Festival


“Mi novia dice que cuando me comunico con españoles sale una parte de mi personalidad que no se ve cuando hablo en inglés”, explica risueño y divertido el músico y activista Tim Arnold tras recordar su infancia en Málaga (canciones de Mecano y Hombres G incluidas), donde estudió en una escuela Waldorf gracias al empeño de su madre, la actriz Polly Perkins. Excéntrico e hiperactivo, Arnold, quien tuvo su momento de gloria en los años del brit pop con una banda llamada Jocasta, ha sido activista por la preservación del Soho y uno de esos personajes de la bohemia británica que conoce a todo el mundo: eso le llevó a colaborar con David Bowie o a establecer una estrecha amistad con el bailarín Lindsey Kemp. Ahora llega a Madrid con su show Super Connected, un alegato contra la adicción a las redes sociales, con el que busca concienciar a las familias de la necesidad de proteger a los menores de lo que él considera una droga adulta.
Pregunta. Usted ha sido un activista muy señalado contra la gentrificación. ¿Qué consejo le daría a las grandes ciudades españolas para evitarla?
Respuesta. Yo creo que es importante establecer una diferencia entre gentrificación y destrucción de la cultura, porque a veces gentrificar es renovar y no todos los cambios son malos. Lo que yo intenté en el Soho fue demostrar que lo nuevo no tiene que significar tirar lo antiguo. Tenemos que proteger los teatros, los espacios culturales y las comunidades artísticas.
P. ¿Cree que lo que hizo allí ha servido para algo?
R. Pues en 2015 cuando me impliqué en la iniciativa Save Soho pensaba que no estaba haciendo nada. Pero con los años he ido hablando con gente de todo el mundo y me he dado cuenta de que aquello inspiró a muchas personas. Los jóvenes tienen que saber que cuentan con alternativas para estar en contacto con el arte en el mundo real y que no todo se puede experimentar mediante el móvil. La gente de mi generación lo sabemos, pero ellos no.

P. La semana pasada en España se habló de la posibilidad de prohibir las redes sociales a los menores de 16 años. Alguna gente alega que eso es un ataque a la libertad de expresión.
R. La libertad de expresión es un tema muy complicado. Creo que cuando eres un niño es importante que los padres tengan algún tipo de control. De un lado están los niños, del otro los padres. En la mitad, las compañías tecnológicas, Facebook, Meta, X, Amazon. Esto es muy peligroso. A mí me gusta la tecnología y la utilizo, pero soy adulto y puedo elegir. El móvil está diseñado para generar adicción y si tu cerebro no se ha terminado de desarrollar, esa adicción puede afectar toda tu vida. No estamos biológicamente preparados para un flujo infinito de información. La juventud está sufriendo las consecuencias de fingir que sí.
P. ¿Cuándo se produjo su despertar con respecto a este asunto?
R. En 2010 estuve unos meses trabajando en Apple como creativo. Tenía entonces 35 años y mis compañeros eran mucho más jóvenes. Empecé a escribir canciones sobre el tema por pura curiosidad. En ese momento yo ya había lanzado muchos álbumes pero comencé a usar las herramientas disponibles y me di cuenta de que me quitaban la fluidez, de que me hacían perder mi poder. Ahí empecé a investigar. Después un amigo psicólogo me contó la historia de una paciente de 16 años que dejó de ir al colegio, se quedaba en su habitación durante meses únicamente con WhatsApp, Facebook, todas las redes, comunicándose solo por internet. Eso me inspiró para escribir el álbum Super Connected y después hacer una película artística.
P. Usted no tiene hijos, pero le preocupa mucho como esto afecta a las familias. ¿Por qué ese punto de vista?
R. Hace unos años mi familia se rompió y me hizo darme cuenta de lo importante que era para mí. Ahora tengo una compuesta de amigos. Siempre he sentido empatía hacia los problemas de los demás. Por ejemplo, en el 2017 puse en marcha un proyecto llamado What Love Would Want que giraba en torno al amor en todas sus formas, incluyendo homosexual. Yo no soy homosexual, pero mi madre sí. He tenido dos madres y no me gusta que los jóvenes crean que hay algo malo en eso. Viví una infancia muy feliz gracias a la libertad creativa y quiero que todos los niños tengan esa opción. No tengo hijos, pero soy co-padre de los hijos de mi pareja desde la pandemia, y también yo fui niño.
P. ¿Y qué hay de las posibilidades creativas que han abierto las redes y las nuevas tecnologías? Usted se ha quejado de que en los años 90, cuando estaba en su banda independiente, Jocasta, las compañías no les dejaban experimentar…
R. He sido profesor de música durante varios años en una escuela a la que llegan jóvenes increíblemente talentosos diciendo quiero ser como Janis Joplin, Jimi Hendrix o David Bowie, que buscan la conexión humana, pero ahí estaban pegados al teléfono porque tenían dependencia de él. Muchas veces tenía que parar la clase porque andaban con el móvil y me ponía muy triste.

P. Su proceso de desconexión, ¿fue duro? Cuénteme un poco por qué fases pasó, por favor.
R. La primera vez que lo dejé metí el iPhone en un cajón y utilizaba un Nokia sin conexión, pero a los tres meses ya estaba otra vez de vuelta. Después lo volví a intentar durante nueve meses y escribía todo lo que pensaba cada vez que me entraban ganas de recuperarlo. Ahora para mi trabajo uso el portátil o una tablet, sin notificaciones, que es lo que interrumpe como un martillo machacón. Internet no es la droga, son los algoritmos que están diseñados para crear chutes de dopamina. En la web de Super Connected hay una lista de métodos alternativos para conseguir esa dopamina.
P. ¿Tenía ataques de mono en ese periodo?
R. Era más bien como si tuviese un miembro fantasma. Durante ocho meses me echaba la mano al bolsillo, claro, porque ahí es donde tienes un aparato que parece concentrar todo el poder del mundo. Era muy raro.
P. Hay mucha gente que argumenta que vivir sin redes también es un privilegio de clase. ¿Qué opina?
R. Pues que es verdad. La gente que viene a nuestro show no son ricos, muchas son madres solteras con hijos que necesitan un iPad para aplacarles y hacer las demás tareas de su vida. Es a esa gente a la que estamos intentando ayudar con este proyecto. Sabemos que los hijos de Mark Zuckerberg van a una escuela sin pantallas. Yo mismo estudié en un colegio Waldorf. Si la gente que pertenece al 1% no quiere un futuro digital para sus hijos, los demás tampoco deberían.
P. ¿Y es usted optimista o pesimista con respecto al futuro?
R. Siempre optimista. No se puede cambiar el mundo en un día, pero hay que plantar las semillas para los que vienen detrás. Nuestras vidas influyen en otras vidas.
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