Los 10 lugares favoritos de María Olivia Mönckeberg: “El recuerdo del régimen de Pinochet se mete en la vida y en los sitios que te gustan”
La periodista, autora de libros de investigación y premio Nacional de Periodismo 2009 tiene predilección por los espacios vinculados con su historia, con su familia y aquellos donde suele ir a pasear con su perro. “No me gusta el cerro Chacarillas, porque ahí se iban a juntar los partidarios de la dictadura”, afirma

Parque Forestal. Para muchos de mi generación ir al parque era un paseo. Me fascinan las plantas, todo lo que tenga que ver con árboles, y el Parque Forestal siempre me gustó mucho. Además, me encanta la relación que tiene el parque con el arte, con el Museo de Bellas Artes y el Museo de Arte contemporáneo. Aparte de ser periodista, soy hija de arquitecto y tengo hijos arquitectos, y todo el tema estético me importa mucho. Una lleva metido el gusto por la arquitectura, por la pintura, y por eso me gusta esa mezcla que se da en el Parque Forestal entre la naturaleza, entre los árboles y estos museos tan significativos, tan importantes.
El GAM (Centro Cultural Gabriela Mistral). Estoy espantada con esto de que le hayan cortado presupuesto [decidido por el Gobierno de José Antonio Kast]. Me parece impresionante que no tengan un sentido de perspectiva cultural y de lo que importa. Y eso que con el GAM a personas de mi generación les pueden pasar cuestiones bastante contradictorias. Mi primer trabajo fue en la Universidad Católica, en la revista Debate Universitario. Y desde ahí vi la construcción del edificio de la UNCTAD III [Tercera Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo, celebrada en Santiago de Chile entre el 13 de abril y el 21 de mayo de 1972] en tiempos de la Unidad Popular [en el Gobierno de Salvador Allende]. Después vino el golpe militar [en septiembre de 1973], y la junta de Gobierno se instaló en ese edificio que lo llamaron Diego Portales. Trabajando en la revista Ercilla me tocó llevar a ese edificio los originales de algunas ediciones para que los vieran los censores. Ya en democracia pasó a ser GAM [en 2010]. Ahí hay cafés, una librería y es bonito que esté conectado con el barrio Lastarria. Lo encuentro un punto de mucho interés, por todo lo que significa como eje cultural y por lo que ya estaba significando. (Av. Alameda Libertador Bernardo O’Higgins 227, Santiago).

Barrio París-Londres. Me gusta mucho, con sus callecitas curvas, esa cuestión como sorpresiva, el tipo de construcción, y el hecho de que guarda mucha historia. Hay algo que me llama mucho la atención y que me encantan: los adoquines de las calles. Curiosamente ahí se han instalado varias de las sedes de partidos políticos. También ahí estuvo la primera casa de la Concertación en tiempos del ‘No’ [1988] y de la primera elección presidencial y parlamentaria [1989]. Pero también ahí está el contrapunto. Cómo [la dictadura de Pinochet] se mete en la vida y en los sitios que te gustan: el recuerdo terrible de Londres 38, la casa de la DINA [el aparato represivo del régimen de Pinochet]. Es una de las casas por donde pasó más gente, donde torturaron a más gente y de donde desaparecieron personas.
Cerro San Cristóbal. Algunos le dicen Parque Metropolitano, pero para mí va a ser siempre el cerro San Cristóbal, porque me gusta ese cerro, y no me gusta el cerro Chacarillas, porque ahí se iban a juntar los partidarios de la dictadura. De niña o ya con mis hijos subía por Pío Nono para ir al Zoológico y a la Virgen, y por la subida de Pedro de Valdivia, por donde se llega al Parque Japonés. El cerro San Cristóbal siempre fue sinónimo de paseos, de caminatas, del Zoológico, de mirar las plantas.
Iglesia de San Vicente Ferrer (de los Dominicos). Ahí está esta iglesia blanca con las dos torres, estilo colonial, donde termina Apoquindo. Hoy ahí está la estación terminal del Metro. Es llamativo que esa iglesia, la de los dominicos, le haya dado nombre a todo un barrio. El pueblito de artesanos que hay ahí es muy entretenido, pero también tiene un cuento con la pintura. Obviamente es de interés para el turismo extranjero. El conjunto de la iglesia, los museos que han hecho al lado, como el museo de cera, el pueblito detrás, y ese parque y espacio amplio que tiene hacia adelante, lo hace muy interesante, donde puedes pasear, y yo puedo pasear con mi perro. (Avenida Apoquindo 9085, Las Condes).

Cerro Calán. En invierno o en otoño es rico para caminarlo, para subirlo, porque es bajo. Es muy bueno, sobre todo para los muy mayores, que no podemos subir cerros más inclinados. A la vez puedo ir con Tim, mi perro. Es muy tranquilo, muy seguro, con una linda pasarela. Tiene una maravillosa vista a la cordillera y a la ciudad, y tienen unos mapitas y dibujitos para conocer los cerros. Ahí han plantado muchos árboles que, esperemos, crezcan y vayan generando un sentido más de parque, también. (Camino el Observatorio 1515, Las Condes).
Parque Bicentenario. Ese parque ha tenido un desarrollo notable. Con ese edificio precioso de la municipalidad de Vitacura, fue hecho por arquitectos muy consagrados. Y el parque mismo, al lado del Mapocho, tiene toda esa relación con lo que es el río, un eje de la ciudad. Se preocupan de todo, de las plantaciones, de los muchos árboles que tiene, de las lagunas con peces, con aves. Y como me gusta caminar con el perro, y a veces voy con algunos de mis hijos también perrunos, es muy entretenido.
La Quinta Normal. Es naturaleza, con sus árboles y su su laguna, pero también son los recuerdos de niña chica. Aparte de los museos, —el Museo de Historia Natural, el Ferroviario, el de Ciencia y Tecnología, que son muy entretenidos— era el lugar donde se hacía la exposición de animales. Siempre he sido muy de ciudad, por lo que ahí fue de las primeras veces que vi vacas y caballos. Ahí les daban premios a los mejores ejemplares. Les ponían a las vacas unas medallitas rojas y unas cintitas de colores. La Quinta Normal era como un panorama que uno iba una vez al año, a esa exposición que luego dio origen a la FISA, la Feria Internacional de Santiago. (Av. Matucana 520, Santiago).

Museo de la Memoria y los Derechos Humanos. El esfuerzo que se hizo es impresionante, bonito, necesario para que lo visiten los jóvenes. Partió siendo un proyecto bicentenario, y lo bueno es que ha seguido desarrollándose, con actividades, donde la gente dona fotografías, colecciones, libros, revistas, y donde se va generando memoria. ¿Por qué ese museo? Para que esté presente, se sepa lo que en este país pasó [durante la dictadura] y para que nunca más vuelva a pasar. (Matucana 501, Santiago).
Campus Oriente de la Universidad Católica. Ese campus fue mi colegio, el colegio de las Monjas Francesas, donde estudié toda mi enseñanza básica y media, como se dice ahora. Tengo ahí los mejores recuerdos de niñez y de juventud. Hasta el día de hoy uno tiene los WhatsApp de las compañeras de colegio. Vivía en la calle Holanda, y nos íbamos a pie al colegio. Teníamos el patio de la preparatoria, el patio de las humanidades, el gimnasio, piscina, cancha de voleibol y pista de atletismo. Pero el colegio estaba lleno de clausuras. Las monjas mantenían patios totalmente cerrados para nosotras, salvo para las alumnas internas. Era la clausura de las monjas, donde vivían. Me quedé con las ganas de saber qué había ahí. Recién en 1971 pasó a ser de la Universidad Católica. (Av. Jaime Guzmán Errázuriz 3300, Providencia).







































