El desafío sanitario del Chile que envejece
El cambio demográfico tendrá un impacto estructural en todo el sistema de salud. Se incrementará la demanda por exámenes y consultas médicas. También aumentarán las hospitalizaciones, las intervenciones quirúrgicas, la necesidad de camas críticas, diálisis y rehabilitación

De acuerdo con las proyecciones del INE, el Instituto Nacional de Estadísticas, entre 2027 y 2028, es decir, en dos años más, las defunciones superarán a los nacimientos en Chile. Se trata de una señal contundente que anticipa transformaciones profundas en la estructura social y económica del país.
Para 2035, los menores de 15 años representarán apenas un 11% de la población chilena, mientras que los mayores de 60 años superarán una cuarta parte del total. Quince años después la tendencia se acentuará: los menores de 15 años descenderán a un 8,4%, y las personas mayores de 60 sobrepasarán un tercio de la población. Hacia 2070, este grupo podría constituir más de la mitad del país.
La velocidad de la transición demográfica de Chile ha sido especialmente acelerada, si la comparamos con otros países de la región o con las naciones de Europa, lo que impone acciones concretas y urgentes para enfrentarla. No se trata de una proyección lejana. Es el Chile que ya comenzamos a habitar.
Es sabido que a mayor edad aumenta la prevalencia de enfermedades crónicas como la diabetes, la hipertensión arterial, las patologías coronarias, las insuficiencias, como la renal o cardíaca, entre otras. Además, la artrosis de rodilla o cadera y distintos tipos de cáncer se vuelven más frecuentes. A ello se suma el incremento de trastornos neurodegenerativos como las demencias y el Parkinson, cuya incidencia crece con los años.
¿Qué implicancias tienen estas cifras para el sistema de salud chileno, tanto público como privado?
Este cambio demográfico tendrá un impacto estructural en todo el sistema de salud. Se incrementará la demanda por exámenes de laboratorio, endoscopías, imágenes, biopsias y consultas médicas generales y de especialidad. También aumentarán las hospitalizaciones, las intervenciones quirúrgicas, la necesidad de camas críticas, diálisis y rehabilitación. No se trata solo de un mayor volumen de prestaciones, sino de casos más complejos y con tiempos de atención más prolongados.
El desafío no se limita a la atención clínica. Un número creciente de personas mayores perderá autonomía tras una hospitalización o por el avance de sus patologías. A ello se suma el aumento de hogares unipersonales, especialmente en los tramos de mayor edad, fenómeno advertido por el propio INE. Esto se explica por múltiples factores, pero se proyecta que aumentará en la medida en que las personas tengan menos hijos, que potencialmente puedan hacerse cargo de sus familiares en esta situación.
La reciente publicación de la Ley 21.805, que reconoce el derecho al cuidado y crea el Sistema Nacional de Apoyos y Cuidados, constituye un avance relevante. Sin embargo, el envejecimiento acelerado de la población exige una mirada más amplia y articulada.
Se impone una planificación sanitaria de largo plazo que fortalezca la Atención Primaria como eje de seguimiento continuo de las personas, que proyecte con rigor la necesidad de camas críticas y pabellones quirúrgicos, que amplíe la capacidad de rehabilitación y que incorpore con mayor decisión la prevención para favorecer una vejez activa y autovalente. Del mismo modo, será indispensable dimensionar los recursos en salud mental, promover espacios de actividad física y socialización, además de generar condiciones para que quienes deseen continuar trabajando puedan hacerlo.
La experiencia demuestra que las decisiones estructurales en salud toman tiempo. La construcción de un hospital en Chile, por ejemplo, puede extenderse por más de una década a partir de la decisión política, pasando por el diseño, el financiamiento, la ejecución y la puesta en marcha final. Ese dato no sugiere que la infraestructura sea la única respuesta, sino que evidencia la lentitud con que se concretan las políticas sanitarias de envergadura.
Si se analiza este mismo ejemplo, no es infrecuente que los hospitales recién inaugurados en el país respondan a una realidad sanitaria ya desfasada. En muchos casos, se evidencian de inmediato brechas respecto de las necesidades asistenciales, porque fueron dimensionados una década antes. Con cambios demográficos vertiginosos, es indispensable adoptar medidas para evitar este tipo de dificultades en todos los ámbitos.
La lista de tareas es extensa y apremiante. Sabemos que el número de personas en lista de espera en el país es una urgencia que las autoridades deben priorizar, pero esta realidad obliga a trabajar paralelamente en las exigencias de nuestro futuro próximo.
Evitar que esto se convierta en una crisis de grandes dimensiones depende de la capacidad de anticipación del Estado y del compromiso coordinado del sector privado. El momento de actuar no es cuando las estadísticas se cumplan. Es ahora.







































