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Francisco Martínez, candidato a rector de la Universidad de Chile: “La velocidad del cambio es tan grande que las instituciones no están preparadas”

El decano de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas dice que “una institución que es de todos es muy distinta a una que es de un grupo o de una religión”, habla de los desafíos en épocas de incertidumbre y se refiere a su plan: “Tenemos que desburocratizar la universidad”

Francisco Martínez en la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas, en Santiago, el 7 de abril. Cristian Soto Quiroz

Es uno de los cuatro candidatos a la rectoría de la Universidad de Chile, la principal universidad del país. Francisco Martínez (Viña de Mar, 68 años), decano de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas, en esta entrevista analiza el mundo, el país y despliega su diagnóstico y plan estratégico para la universidad que pretende liderar por el próximo cuatrienio. Su mirada de ingeniero marca una conversación donde habla de superar la burocracia, adaptarse al siglo XXI y a la velocidad de los cambios. Destaca, además, la importancia de lo público y del Estado. El 12 de mayo medirá fuerzas ante Pablo Ruiz-Tagle (decano de la Facultad de Derecho), Sergio Lavandero (académico de la Facultad de Ciencias Químicas y Farmacéuticas) y Alejandra Mizala (profesora del Departamento de Ingeniería Industrial de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas y del Instituto de Educación). De este grupo saldrá el sucesor o sucesora de la actual rectora, Rosa Devés.

Martínez asegura que el ambiente político chileno “está muy voluble, muy poco predecible”, lo que vincula a lo que ocurre en el resto del planeta. Habla de “la cantidad de cambios que están ocurriendo” y nombra dos fenómenos ineludibles: la tecnología y el cambio climático. La humanidad está preocupada, dice, pero tiene “pocas capacidades para enfrentar” estas transformaciones: “La sociedad entera está enfrentada a una situación muy vulnerable como organización, como orden, y si se mira la discusión de la última elección presidencial chilena, por ejemplo, estos temas no estaban presentes. Como si el contexto no nos afectara”. Para él, “estamos todos envueltos en un cambio bastante convulso y no sabemos cómo abordarlo claramente”.

Master of Arts y Ph.D. de la Universidad de Leeds, Inglaterra, que ha centrado su investigación en problemas como la desigualdad, Martínez destaca que la sociedad chilena está bastante educada en todos los niveles, pero advierte dos tipos de falencias. Primero, dice que Chile no ha logrado superar ciertas dificultades en la educación escolar y nombra lo que ha ocurrido con los colegios emblemáticos, como el Instituto Nacional, por la implementación de políticas que a su gusto “estaban bien orientadas, pero generaron resultados complicados”, en referencia al fin de la selectividad. “Chile ya no cuenta con esos emblemas de la educación que ayudaban como guía y referencia”, analiza. En segundo lugar, en educación superior técnica y universitaria, Martínez enumera: “En la agenda pendiente está la resolución estable y de largo plazo respecto del financiamiento de los estudiantes. Pero, además, el hecho de que la investigación y el desarrollo de tecnología no tenga el financiamiento que uno esperaría para un país en vías de desarrollo”. Normalmente, añade, debería ser en torno al 1% o 2% del PIB, pero “Chile está muy por debajo”. De acuerdo al ingeniero, el país no tiene un modelo de desarrollo que permita avanzar a buen paso y librarse de ciertas condiciones que lo tienen “atajado”.

“La U. de Chile es el lugar donde el país se piensa”

La institución que busca dirigir, asegura, es “una de las más importantes que tiene Chile y que ha creado Chile”. Añade que le da mucha solidez al país como organización, que siempre ha sido un referente, y sobre todo, que genera gran confianza para la sociedad en la construcción de su propia identidad y camino. “Estoy convencido de que la Universidad de Chile es el lugar donde el país se piensa, se cuestiona, se reflexiona”, dice Martínez, que habla de una misión y de hacerse cargo de esta responsabilidad, que “no necesariamente asumen otras instituciones de educación superior”. Es el rol que ha tenido en sus 183 años de vida la Universidad de Chile -piensa- y el que debe seguir ejerciendo en un contexto “particularmente interesante y complejo”. Y agrega: “En el siglo XXI debemos reconfigurar nuestra manera de mirar el problema del rol de la Universidad de Chile en el país, cambiando aquello que fue el siglo pasado. Ahora nuestro desafío intelectual es enfrentarnos a la discusión de cómo aportamos a la sociedad, a nuestros estudiantes, a la formación y a la creación y transferencia de conocimiento. Es una gran tarea que nos exige ponernos muy al día”, asegura Martínez. “La universidad tiene que abrir una reflexión estratégica que le permita asumir la incertidumbre en la sociedad y contribuir a ella”.

Habla de una reflexión permanente, actualizada y muy activa para contribuir a esa discusión, que es un problema de la sociedad completa. Este proceso, explica, conlleva desafíos internos, porque “uno de los problemas que tiene esta nueva situación, es la velocidad de adaptación”. Lo explica: “La velocidad del cambio es tan grande que las instituciones no están preparadas. Lo digo así, francamente. Ninguna de las instituciones de nuestro orden nacional tiene una capacidad de adaptarse. Y más allá de nuestro país tampoco, porque se observan crisis producidas por esta incapacidad de seguirle el ritmo a la tasa de cambio”.

Martínez apunta a “liberar ciertas restricciones”, en referencia a que se necesita “que la universidad adquiera autonomía propia”. No la formal, sino la real. Es ahí donde propone uno de los ejes de su candidatura: crecer (“crecer para generar un espacio de autonomía que nos permita tomar decisiones y crear nuevas formas de organización, de formar estudiantes, de hacer la investigación y transferirla al medio y de vincularnos”). Y prosigue: “Eso requiere de procesos que liberen nuestra estructura que fue diseñada para otra época y que necesita una nueva adaptación al siglo XXI”.

Insiste en que los presupuestos para investigación están tan restringidos que hacen que la universidad entera tenga muy poca capacidad para desarrollarse: “Tenemos que crecer en nuestra capacidad de generar nuestros propios ingresos”. Pero se refiere, además, a la organización: “Tenemos que desburocratizar la universidad”. Dice que la Chile debe ser mucho más ágil, responder más rápidamente y anticiparse a ciertas cosas. “Y tenemos una burocracia muy dura. Ese es un asunto importante y estratégico, junto con crecer”, explica sobre los ejes de su candidatura a rector.

Sobre si es un plus ser ingeniero ante los nuevos desafíos, responde: “La visión de la ingeniería ayuda para hacer transformaciones, sin duda. Toma en cuenta el componente complejo del diseño. Diseñar un proceso, no solamente decidir un proceso, lo que implica un trabajo metódico, sistemático y en el tiempo”. Martínez destaca, además, lo que ha está haciendo su facultad, que lidera como decano desde 2018: “El conocimiento científico está muy vinculado a las necesidades de la empresa, del Estado, de las municipalidades y, por lo tanto, nuestra vinculación es muy directa. Es una dimensión que también tenemos que mejorar en la universidad: transferir nuestro conocimiento muy directamente y, además, de una forma mucho más institucional”. Habla de vincularse para hacer proyectos, de alianzas estratégicas con grandes instituciones y de convenios a nivel internacional.

Una gran escuela de educación continua

El decano de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas aborda la importancia de diseñar crecimiento en ciertas áreas. Y pone ejemplos: “Hemos propuesto crecer en educación continua, lo cual significa no solamente hacer un poco más de lo que hacemos, sino de otra manera”. Su plan es diseñar “una gran escuela de educación continua, porque hay una necesidad país de actualizar a los profesionales”, algo que Martínez ya ha desarrollado en su facultad y que ahora busca exportar a toda la universidad. Habla de estrategias de desarrollo bien definidas que tienen que ver con inversión pero, sobre todo, con diseñar una buena solución. De la importancia de crecer en docencia, en el número de estudiantes o en la matrícula en pregrado. “La universidad se ha cuestionado la capacidad que tiene, pero nunca hemos tenido una visión estratégica de cómo hacerlo. Y nosotros en la Universidad de Chile tenemos capacidades todavía disponibles para poder estudiar nuevamente en detalle, carrera por carrera, cuáles son las opciones o dónde es pertinente hacerlo”. El ingeniero piensa en más estudiantes, pero de carreras nuevas: “Multidisciplinarias, no tan disciplinarias. Una oferta nueva para las necesidades de este siglo”. Menciona, como ejemplo, tecnología en salud o energía. “El desarrollo tecnológico requiere una renovación”, reflexiona.

Se le consulta para qué más estudiantes de universidades públicas cuando hace tiempo se habla de tener más técnicos y, encima, nacen cada vez menos niños en Chile. Y profundiza en el estado de las cosas: “Chile ha caído en el porcentaje de la población que se forma en instituciones públicas. En todo el país la educación superior pública es de 15%. Por lo tanto, estamos creando una sociedad basada en una formación mucho más privatizada, que tiene una menor noción del servicio público”. Desde los años 80 en adelante, explica, en Chile se produjo “una privatización enorme en la educación universitaria y técnica” que llevó al país a la situación actual, donde la participación de lo público es muy minoritaria. Martínez destaca “los valores profundos propios de la educación pública”, como “el pluralismo, la libertad esencial intelectual que no está limitada o el respeto por diferentes personas”. Y agrega: ”Somos conscientes de que somos una universidad que es de todos. Y una institución que es de todos es muy distinta a una que es de un grupo o de una religión. De partida por su estructura, que es mucho más participativa, horizontal, igualitaria”, describe.

Sobre el papel de una universidad pública en un Gobierno que no es pro Estado, como el que lidera el presidente José Antonio Kast, Martínez asegura que “la universidad debe convocar a la discusión sobre los desafíos fundamentales del país, proponiendo fuera de la contingencia las discusiones relevantes que el país debe enfrentar”. Pero en aquellos temas que afectan directamente a la institución, a la educación, “vamos a participar como un foro y un lugar de discusión, con las opiniones que correspondan y con estudios que sean relevantes, como lo hemos hecho siempre”, dice. El candidato reitera en la idea de que “la universidad es de todos y tiene que contribuir a la diversidad de visiones y al bien del país”. Y aunque quiere darle tiempo a la Administración de Kast, que recién arrancó hace un mes, asegura que “la mirada de que el Estado se retira y los estudiantes se autofinancian a través de crédito, en el caso del CAE generó una situación compleja en que, finalmente, el Estado ha tenido que abordar“. El decano defiende que “hay un componente que tiene que ver con la equidad, las oportunidades, igualar la cancha, que no deberíamos abandonar como sociedad".

Aparece en la conversación el ataque a la ministra de Ciencias, Ximena Lincolao, en la Universidad Austral hace unos días. Y Martínez toma posición: “Si bien la manifestación libre de opiniones es un derecho que debe resguardarse en las universidades, esta debe ejercerse siempre con pleno respeto hacia las personas y las instituciones. Para prevenir situaciones que vulneren estos principios, resulta fundamental que las universidades cuenten con protocolos claros de actuación frente a este tipo de contingencias”.

“Es un fascinante momento de la humanidad”

En la universidad, cuenta Martínez, la equidad está muy relacionada con la solidaridad. “El que puede contribuye de alguna manera para que los que están en peores condiciones puedan tener acceso a la educación, a las actividades”. Y no piensa que ambos conceptos -la equidad y la solidaridad- estén en retirada en la sociedad chilena. “A veces se acentúan relatos que no necesariamente están contrastados con la realidad”, explica. “Cuando uno se mete en la sociedad viva, la solidaridad está presente, la gente se preocupa por los demás y sufre por los demás. El otro es un relato muy ideológico que se enfatiza en algunos aspectos para soportar ciertas posiciones ideológicas”.

Asegura que la sociedad chilena, y en general la latinoamericana, “tiene un carácter muy solidario y una matriz originaria muy colaborativa”. No ve ninguna contradicción en el hecho de que, a nivel individual, familiar, la gente busque el bienestar: “Una mirada no está contrapuesta con la otra”. Pero Martínez piensa que ahí hay un desafío, que “la solidaridad y la equidad son temas que tenemos que mirar de nuevo y de otra manera, construir nuevas formas”. En ese sentido da vuelta la mirada a la tecnología, “que puede superar problemas que antes no pudimos resolver”. Habla de oportunidades, aunque no desconoce los riesgos. “Puede generar el efecto de excesiva concentración, mucho más de la que hemos conocido. El rol público y de las instituciones públicas es esencial en esa discusión”, añade Martínez. Dice que la tecnología es uno de los asuntos que nos están presionando y que tenemos que tomarnos ”muy seriamente y con mucho coraje", porque, además, no hay tanto tiempo para darle vuelta. “Esto cambia día a día y se amolda a nuevas condiciones”, añade el ingeniero.

Sobre un asunto ineludible hoy en las conversaciones, la inteligencia artificial, augura que la universidad tiene que ser un foro de discusión muy profundo, abierto e integrativo de todas las visiones, “pero adicionalmente tiene que defender a la sociedad y entender qué desafío está enfrentando”. Asumir que la tecnología, además, de todas maneras va a estar. “Me parece que es un fascinante momento de la humanidad. Desde el punto de vista intelectual, los desafíos son notables. Por lo tanto, las universidades, en particular las universidades públicas, tenemos una oportunidad”, dice Martínez, que sueña con la universidad que formará, de ganar las elecciones el 12 de mayo. “Una institución -explica para finalizar- que inicie un proceso de permanente adaptación a los cambios que van a seguir ocurriendo cada vez más rápidamente”.

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