‘Millenial’, argentino, hijo de rabino: Eitan Bloch, el influyente asesor internacional de Kast ya no va a la sinagoga ni come kosher
En los círculos diplomáticos chilenos se le indica por su ascendiente en el jefe de Estado. De 32 años y hoy instalado en el ‘Segundo piso’ de La Moneda, vive desde los 15 años en Chile y trabajó en la embajada de Israel

El presidente chileno José Antonio Kast tiene un influyente asesor en temas internacionales que no está en la Cancillería, sino en el Segundo piso del palacio de La Moneda. Tal como lo tuvo Sebastián Piñera, en la figura de Benjamín Salas, y Gabriel Boric en la de Carlos Figueroa, una de las voces que más escucha Kast en asuntos de política exterior es la de Eitan Bloch. Él y un par de diplomáticos de carrera estuvieron detrás de la declaración donde el republicano, como presidente electo, celebró la captura de Nicolás Maduro en una operación de Estados Unidos en Venezuela, el 3 de enero pasado. Y según fuentes en círculos diplomáticos, el ascendiente de Bloch en el jefe de Estado no ha hecho más que crecer.
Nació en Mendoza (Argentina) hace 32 años, pero ya lleva más tiempo en Chile que en cualquier otro lugar, tanto así que quienes lo conocen afirman que se siente más santiaguino que otra cosa. El judaísmo pesa muy fuerte en su historia personal: su padre, Alejandro Bloch, es un rabino argentino de la corriente conservadora. Por la labor de su padre, vivió dos años en Buenos Aires, tres en Montevideo (Uruguay) y llegó a Chile en 2009, donde echó raíces: ahí conoció y se casó con una argentina y ya tiene una hija chilena de siete meses.
Eitan Bloch tenía 15 años cuando aterrizó en Santiago. De lo que se trajo del otro lado de la cordillera de los Andes, quienes han trabajado con él dicen que le queda un leve acento argentino (que no se sabe si es por su origen mendocino o por sus años en Chile), el cariño adquirido en su niñez por el club de fútbol Boca Juniors y su gusto por el rock de ese país, con Charly García y Soda Stereo a la cabeza. También escucha música clásica, pero por nada reguetón. Completó sus estudios secundarios en el Instituto Hebreo y su interés por la ciencia política lo llevó a matricularse en Derecho en la Universidad Católica (igual que Kast, que estudió ahí a comienzos de los años 80).
Esa vocación la habría desarrollado luego de tantas conversaciones en su casa, la casa de un rabino por donde suelen pasar políticos, diplomáticos y religiosos, y donde se habla de temas tan variados como filosofía, asuntos internacionales y políticas públicas. Era un “viejo chico” metido en conversaciones de grandes, comentan algunos cercanos. Sin embargo, lo suyo no era ser abogado, por lo que no hizo la práctica ni juró ante la corte. Solo sacó la licenciatura en Ciencias Jurídicas. No solo eso. Como buen hijo rebelde, tomó distancia de la religiosidad de su padre, y hoy no va a la sinagoga regularmente ni come kosher.

También ayudó a que no se titulara de abogado el hecho de que comenzó a trabajar en 2020 como asesor del entonces diputado democristiano Gabriel Silber. Fue el mismo Silber —miembro de la comunidad judía— quien más tarde recomendó a Bloch para trabajar en el departamento político de la embajada de Israel en Santiago. Se desempeñó al alero de los embajadores Marina Rosenberg y Gil Artzyeli, pero nunca obtuvo la nacionalidad israelí.
En forma paralela hizo un magister en Comunicación Política y Asuntos Públicos en la Universidad Adolfo Ibáñez —el mismo que cursó la vocera de Gobierno, Mara Sedini—, más orientado a su vocación inicial. Fue allí donde conoció al exconsejero constitucional y uno de los fundadores del Partido Republicano Antonio Barchiesi, con quien trabó amistad y quien lo llevó a militar en la colectividad de Kast.
La afinidad con el actual presidente fue progresiva, por lo que su nombramiento como asesor internacional no fue una sorpresa para nadie. Luego de firmar por el Partido Republicano, se incorporó al equipo de campaña presidencial de Kast que lideraba Alejandro Irarrázabal, amigo del presidente a cargo de la arquitectura del Gabinete y uno de los hombres más influyentes del Gobierno. La buena sintonía, primero con Irarrazabal, actual jefe de asesores presidenciales, el llamado Segundo piso de La Moneda, y luego con Kast, pavimentó el camino para la designación del joven argentino.
También ayudaron las redes que Bloch ha ido construyendo con los años en Argentina, Israel y Estados Unidos. En este país fue importante el haber sido nominado a la junta de la American Jewish Committee (AJC) Access Board, para líderes jóvenes. Gracias a eso viajó a Nueva York en 2024 donde tomó contacto con dirigentes de los partidos Demócrata y Republicano.
A Bloch le correspondió, la misma noche del triunfo electoral de Kast —el pasado 14 de diciembre—, coordinar los llamados de saludo de los presidentes de Argentina, Javier Milei; Ecuador, Daniel Noboa; El Salvador, Nayib Bukele; Bolivia, Rodrigo Paz, y de Perú, José Jerí. Esta semana se le vio acompañando al mandatario en su visita al portaaviones estadounidense USS Nimitz, frente a las costas de Coquimbo.
De personalidad introvertida, pelo castaño y barba cobriza, sus cercanos lo definen como alguien metódico, responsable y con un humor negro implacable. Su gusto por la buena comida, herencia de su madre, hace de la lucha contra los kilos una cruzada personal. Pero, aseguran, que su empeño en el Segundo Piso —donde comparte oficina con Barchiesi— está en mantener el bajo perfil, para así enfocarse en aconsejar a Kast en su política exterior y no en competir con la Cancillería. Ocupa, sin embargo, un rol con límites difusos, porque -en lo literal y simbólico, como ocurrió ya en el pasado- está demasiado cerca del presidente y suele ocurrir que su voz resuene más fuerte que la que viene del ex Hotel Carrera.
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