Starmer afronta una semana clave para evitar que el escándalo de Mandelson y Epstein provoque la caída de su Gobierno
El primer ministro y el alto funcionario de Exteriores fulminantemente cesado comparecerán en el Parlamento


Una semana para intentar sobrevivir como primer ministro. Keir Starmer comparecerá voluntariamente este lunes ante la Cámara de los Comunes para intentar explicar a los diputados —sobre todo, a los de su propio grupo laborista— el último escándalo en torno a Peter Mandelson, que ha acabado con el despido fulminante del secretario permanente del Ministerio de Exteriores (el alto funcionario de mayor rango de ese departamento), Oliver “Olly” Robbins.
El primer ministro y antiguo abogado y fiscal de éxito tiene por delante el caso más endiablado de su vida. Starmer deberá demostrar que no fue un mentiroso y que no fue un inepto. Que en ningún momento fue informado de que el Departamento de Escrutinio de Seguridad del Reino Unido (UKSV, en sus siglas en inglés), el organismo independiente que examina exhaustivamente el historial personal de candidatos a un cargo público, había vetado la designación de Mandelson como embajador ante Estados Unidos, que aun así siguió adelante.
Que, por tanto, ni él ni sus ministros presionaron a Robbins, el único con capacidad para ignorar ese veto, para que siguiera adelante con el nombramiento. Que en ningún momento fue informado del veto del UKSV, y por tanto no mintió al Parlamento al asegurar que se había cumplido rigurosamente con el proceso de escrutinio en la designación como embajador del controvertido exministro laborista. Que si alguien tiene motivos por todo esto para estar furioso es él mismo, al que su equipo de altos funcionarios mantuvo en la sombra. Y finalmente, que no piensa dimitir.
“Es totalmente inaceptable que cuando el primer ministro debe impulsar un nombramiento no se le informe de que el candidato ha sido vetado”, explotó el jueves Starmer en París, donde acudió para presidir conjuntamente con el presidente francés, Emmanuel Macron, una reunión para buscar la reapertura del estrecho de Ormuz. “Es algo imperdonable y estoy muy furioso al respecto”, añadió.
No es el único furioso con este asunto. Olly Robbins, según han explicado a los medios británicos sus amigos y compañeros, está a punto de estallar. Ha sido convocado el martes que viene a la Comisión de Asuntos Exteriores del Parlamento, y se prevé que sus declaraciones desaten la tormenta. Se considera un chivo expiatorio en una refriega política. Llevaba apenas dos semanas en el cargo de secretario permanente del Ministerio de Exteriores cuando llegó a la mesa de su despacho el nombramiento de Mandelson, cuyas turbulentas relaciones con el multimillonario pederasta, Jeffrey Epstein arrojaban serias dudas sobre la inteligencia de esa decisión.
Robbins es un alto funcionario de prestigio, que estuvo durante dos años al frente de las negociaciones del Brexit con la UE, y que estaba ganando mucho dinero en el sector privado antes de regresar al Gobierno.
Resulta todo un misterio entender por qué se jugó de un modo tan temerario su reputación y prestigio profesional, al ignorar el veto del UKSV para impulsar un nombramiento en cuya decisión no había participado. A no ser, y esa es la principal sospecha que acosa a Starmer, que la presión política desde arriba hubiera sido muy fuerte.
Un proceso complejo
Pero todo puede ser más complejo de como los partidos de la oposición, que esta vez huelen claramente sangre y no dejan de reclamar la dimisión de Starmer, quieren representarlo.
Son muchos los expertos que señalan que la obligación legal de los altos funcionarios conocedores de cualquier decisión en el proceso de escrutinio de un candidato es la de no revelar esa información a los ministros o miembros del Gobierno, para preservar la naturaleza del proceso.
“No ha habido un abuso del procedimiento, ni siquiera un fallo de procedimiento. Hay un deber formal de no revelar los detalles de un escrutinio. Nunca puedes decir nada a los miembros del Gobierno, porque entonces se vendría abajo todo el sistema”, ha explicado a la BBC Ciaran Martin, él mismo ex alto funcionario y amigo personal de Robbins.
De hecho, Downing Street ha revelado en las últimas horas que otros dos altos funcionarios, la secretaria del Gabinete, Antonia Romeo, y la secretaria permanente de la Oficina del Gabinete, Catherine Little, también conocieron el veto hace apenas dos semanas, y evitaron informar a Starmer por temor a incumplir su obligación legal de secreto.
La comparecencia de Robbins prevista para el martes puede derrumbar en apenas unas horas el enésimo intento de Starmer de salir vivo de una crisis política monumental. El primer ministro ha anunciado transparencia total en el asunto, y ha ordenado la puesta en marcha de una investigación independiente para conocer lo ocurrido.
Pero más allá de gestos drásticos, la oposición política ve con escepticismo, y hasta con cinismo, el nuevo intento del primer ministro de sacudirse cualquier culpa y presentarse como la víctima, en un Gobierno que no deja de dar bandazos.
Resulta increíble para muchos que Robbins no avisara, al menos verbalmente, a Starmer y a sus ministros, de los problemas que podía suponer el nombramiento de Mandelson, después de que el UKSV hubiera emitido ya un rechazo tan rotundo a esa decisión. Es verdad que la elección del exministro como embajador en el Washington de Donald Trump ya se había anunciado, antes incluso de que concluyera el proceso de escrutinio, y una marcha atrás habría sido todo un fiasco político. La presión para que la designación siguiera adelante era muy elevada, pero eso no justifica que, según la versión del propio Starmer, hubiera una confabulación para ocultar el veto tanto a él como a su equipo cercano.
Aunque muchos diputados laboristas vuelven a dudar de la capacidad de Starmer para liderar el país y el partido, de momento esperarán. El 7 de mayo se celebran elecciones municipales en Inglaterra y autonómicas en Escocia y Gales. Los sondeos vaticinan un nuevo hundimiento del Partido Laborista y un auge de la extrema derecha de Reform UK y del independentismo escocés.
La oposición del Partido Conservador, del Partido Liberal Demócrata y de la formación de Nigel Farage clama por la caída inmediata de Starmer, al que acusa de mentir descaradamente al Parlamento. El grupo parlamentario laborista mantiene silencio, pero es consciente de que entra en la semana decisiva para el futuro de su primer ministro.
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