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Bulgaria acude a las urnas con el expresidente prorruso Rumen Radev como favorito

Las elecciones legislativas anticipadas de este domingo decidirán si el país se acerca a Moscú o se afianza en la senda europea

Cartel electoral de Rumen Radev, en Sofía, el pasado jueves. Valentina Petrova (AP)

Tras la euforia de buena parte de los Estados miembros de la Unión Europa por la derrota electoral del ultranacionalista Viktor Orbán en Hungría, el más firme aliado del presidente Vladimir Putin, Bruselas se enfrenta a un posible nuevo estorbo en el seno del bloque. El expresidente de Bulgaria, el prorruso Rumen Radev se perfila como el ganador de las elecciones legislativas anticipadas de este domingo, las octavas desde abril de 2021.

Este expiloto de combate y jefe de la fuerzas aéreas del país, de 62 años, que se ha opuesto constantemente a la ayuda a Ucrania, renunció en enero a la Jefatura de Estado, un cargo más simbólico que con poder real. Tomó esta decisión unos meses antes del final de su segundo mandato para encabezar una coalición de izquierdas denominada Bulgaria Progresista, al frente de la cual se postula ahora como candidato a primer ministro.

A estos comicios, Radev se presenta como el nuevo adalid en la lucha contra la corrupción impuesta por la oligarquía de este país de 6,5 millones de habitantes. De esta manera, pretende capitalizar el descontento de una ciudadanía que desató a principios de diciembre grandes protestas en la capital, Sofía, que desencadenaron la caída del Ejecutivo al que los manifestantes tachaban de mafioso.

Liderados por integrantes de la generación Z, la de los nacidos entre 1997 y 2012, quienes participaron en esas protestas centraron su ira sobre todo en dos figuras políticas que, sin cargos entonces en el Gobierno, se consideraban en la sombra del poder. Se trata de Boiko Borisov, ex primer ministro hasta en tres ocasiones desde 2009 que controla la mayor formación del país, Ciudadanos por el Desarrollo Europeo (GERB), y Delyan Peevski, un poderoso oligarca sancionado por corrupción por Estados Unidos y Reino Unido y líder actual de la formación de la minoría turca, Movimiento por los Derechos y las Libertades (DPS, por sus siglas en búlgaro).

Radev dimitió tres semanas después de que Bulgaria entrara en el euro, el pasado 1 de enero. Precisamente, la adopción de la moneda única generó las críticas del ahora candidato, quien instó a las autoridades a convocar un referendo en este país, que deplora la renta per cápita más baja de la UE.

Una posible coalición

Los pronósticos sugieren que Radev necesitará un socio para formar un nuevo ejecutivo. Los sondeos otorgan al expresidente una horquilla de entre el 32% y 34% del voto, lo que le concedería alrededor de 100 escaños, por debajo de los 121 de la mayoría parlamentaria. Sin embargo, a su favor cuenta que se prevé un considerable aumento de la participación electoral: del 35% de las últimas elecciones a más del 50% en las de este domingo.

“Votar ahora realmente importa ya que tenemos un gran recién llegado: el político que goza de mayor popularidad”, explica a El PAÍS Parvan Simeonov, director de la empresa demoscopia MYARA. “Una mayor presencia en el voto seguramente beneficiará a Radev que busca la mayoría suficiente que le permita gobernar en solitario”, prosigue el politólogo.

Las encuestas dan entre el 18% y el 20% a la formación conservadora GERB, en la que sigue al frente Boiko Borisov, pero Radev se presenta a sí mismo como un oponente de la mafia arraigada del país y sus vínculos con políticos de alta esfera. En el último mitin preelectoral del miércoles, prometió “eliminar el modelo corrupto y oligárquico de gobernanza del poder político”, descartando cualquier acuerdo con Borisov o Peevski.

Un posible socio de coalición para llevar a cabo reformas podría ser la alianza proeuropea Continuemos el Cambio-Bulgaria Democrática (PP-DB), que se prevé que quede en tercer lugar con un 12 % al 14 % de los votos. Sin embargo, hay importantes cuestiones de política exterior que podrían impedir tal cooperación, incluida la controversia en curso en torno a la invasión rusa de Ucrania. Mientras denuncia oficialmente la agresión de Moscú, Radev ha apostado por retomar el diálogo con Rusia como una manera de acabar con el conflicto.

“Estas elecciones determinarán si Bulgaria finalmente remueve a dos oligarcas afianzados en el poder, Borisov y Peevski, al tiempo que no los reemplaza por una versión búlgara de Orbán”, señala a El PAÍS Asen Vasilev, exministro de Finanzas en tres ocasiones desde 2021 y líder de Continuemos el Cambio, de centroizquierda.

En cambio, el político confía en que habrá una cooperación en el Parlamento para una reforma judicial, que considera imprescindible para eliminar de los altos cargos a personas fieles de la oligarquía. “Las encuestas actuales señalan la posibilidad de una verdadera reforma judicial, aunque tengamos divergencias en cuestiones clave de política exterior y política económica”, destaca Vasilev. “Radev quiere seguir el modelo de Orban con Rusia en materia externa; en cuanto a la económica, él aboga por la austeridad y las medidas específicas para paliar la crisis en Irán, mientras que nosotros apostamos por un amplio paquete anticrisis que garantice que los ingresos y las pensiones aumenten más rápido que la inflación”, remarca.

En la misma línea está Bozhidar Bozhanov, colíder de Bulgaria Democrática (de centroderecha). Opina que la principal apuesta por estas elecciones pasa por “destruir el modelo estatal capturado en el que se vive” y asegurar que “Bulgaria no se convierta en la próxima Hungría en Bruselas”.

“Por primera vez en muchos años, existe la oportunidad de eliminar las formas ocultas y arraigadas en el poder, las formas ilegítimas de ejercer el poder a través del poder judicial, particularmente a través de la Fiscalía”, indica a El PAÍS. “Hay una posibilidad real de que así sea. Y si eso sucede, será por primera vez desde 2009”, subraya Bozhanov, quien deja abierta la opción de alcanzar un acuerdo con Bulgaria Progresista: “Después de las elecciones, nos sentaremos en la mesa de negociaciones y veremos si hay una coincidencia en las prioridades”.

Las elecciones están llamadas a ser trascendentales pese a presentar una menor carga emocional en comparación con las anteriores, según Rumena Filipova, directora de la organización independiente Institute for Global Analytics (IGA). “En ese período, hubo una oposición decidida entre las fuerzas políticas del statu quo y el cambio, que también se reflejó en las crecientes demandas ciudadanas por una mayor la transparencia; pero como no produjo un resultado definitivo y ni los partidos tradicionales ni los nuevos lograron obtener una mayoría decisiva, el entusiasmo social se disipó con el tiempo”, recalca a El PAÍS la experta, quien cree que el deseo de cambio hacia una mayor transparencia persiste.

“Los electores probablemente recurran a las tendencias preexistentes de votar por un hombre fuerte, mezcladas además con el impulso de votar por un nuevo partido político”, puntualiza Filipova antes de advertir que la cuestión principal pasa por saber si el próximo gobierno “mantendrá su orientación general de política exterior en alineación con la UE y la OTAN o si habrá una tendencia a profundizar las relaciones con Rusia y China”.

Durante la campaña, Radev evitó dar respuestas definitivas sobre el rumbo que tomaría si gobernara, seguramente para atraer votos tanto de prorrusos como prooccidentales. “Radev podría ser un acicate contra el radicalismo proEstado captando estos sentimientos soberanistas y utilizándolos de forma más racional; si se analizan sus mensajes, parece más prorruso en Bulgaria, pero más leal a la Unión Europa y la OTAN cuando está en el extranjero”, esgrime Simeonov. “Es consciente de que hay un espectro político cercano a Rusia por razones históricas y similitudes culturales que está vacío, ya que el Partido Socialista Búlgaro, que solía agrupar a este nicho, está luchando por entrar en el Parlamento”, concluye el analista.

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