Bulgaria estrena euro entre el entusiasmo y el miedo: “La nueva moneda impulsará los negocios”
Muchos expertos anticipan subidas de precios con la divisa europea aunque se espera que favorezca el comercio y el turismo en el país con menor renta per cápita de la UE


Apenas había transcurrido una hora de la entrada del año nuevo cuando Mariana Valkova se acercó a un cajero automático del bullente bulevar Vitosha de Sofía. Bulgaria acababa de convertirse en el vigésimo primer país de la Unión Europea en adoptar el euro, un hito que fue recibido con tanta alegría como temor, después de que esta nación balcánica ingresara en la Unión Europea hace 19 años. “Retiré 100 euros para contemplar los billetes y festejarlo después”, confiesa esta programadora de 58 años con enorme regocijo después de practicar, junto a sus amigos, el baile popular nacional Horo —similar a la sardana— en la tarde de Año Nuevo en el centro neurálgico de la capital búlgara.
Esa medianoche, numerosos ciudadanos se congregaron desafiando las temperaturas bajo cero para celebrar la entrada a la eurozona frente a la sede del Banco Nacional Búlgaro, donde se proyectaron las monedas búlgaras de su nueva divisa, y así dejar atrás la leva (león en búlgaro), en uso desde 1880. “Nuestra entrada en la familia del euro impulsará los negocios y nos acercará aún más a Europa”, vaticina Valkova.
Pese a ser un día festivo, muchos establecimientos se encontraban abiertos ese primer día del año. Algunos incluso están abarrotados de compradores. “Nos hemos visto un poco desbordados por el cambio de sistema que mezcla la leva y el euro”, explica Ivan Morsova, que trabaja en una tienda de outlet. Revela que ya no le quedaban euros en dos horas. “Nos hemos visto obligados a pedir a los clientes que pagaran con la tarjeta”, cuenta este empleado de 23 años. La convergencia entre ambas monedas —los ciudadanos pueden emplearlas indistintamente en el comercio— durará hasta finales de este mes. Después, solo se aceptará la divisa europea.
Aunque la introducción real es ahora, desde hace dos meses los negocios ya muestran el cambio de la moneda local al euro, lo que ha provocado que el precio en euros casi siempre termine en céntimos. “Redondeo en euros a la baja”, cuenta Nina Zareva, dueña de un local dedicado a la venta de calcetines. Esta mujer de 57 años considera que la nueva divisa galvanizará una economía fuertemente golpeada —asegura— por la crisis política. Bulgaria es el país con la menor renta per cápita de la UE (11.330 euros en 2024, según datos de Eurostat). A principios de diciembre, unas multitudinarias protestas encabezadas por la generación Z contra unos presupuestos que la ciudadanía consideró que exacerbaban la rampante corrupción desencadenaron la dimisión en bloque del Gobierno tripartito de inclinación conservadora. Se prevén nuevas elecciones en marzo, las octavas en cuatro años. “Necesitamos pasos que nos brinden esperanza y, sin duda, el euro nos los ofrece”, asevera Zareva en un perfecto italiano.
En cambio, otros negocios anticipan subidas de los precios. “Los proveedores ya nos han aumentado los costes, así que lo hemos hecho nosotros también, aunque solo han sido unos 20 céntimos por el momento”, detalla Maria Doncheva, propietaria del bar De vin, un negocio especializado en vino búlgaro. La comerciante, de 63 años, señala que conoce numerosos establecimientos que han decidido cerrar durante unos días para evitar confusiones con el cambio. “La situación se normalizará en unas dos semanas, pero será complicado al principio porque no tenemos suficiente efectivo para atender la demanda”, dice Doncheva.
En el mercado denominado Las mujeres, el más grande de Sofía, se observan muchos puestos cerrados. Los que han abierto creen que les puede generar un problema el hecho de carecer de euros, pero también lo han hecho en señal de protesta. “Empezamos devolviendo en euros y, enseguida, hemos tenido que volver a la leva”, relata Nikolai Spasov, un vendedor de fruta mientras enseña la caja donde guarda los euros. “Los consumidores preguntan si pueden pagar con la antigua moneda y, por supuesto, no nos queda otra salida que aceptarla”, prosigue.
La moneda única se introdujo por primera vez en 12 países el 1 de enero de 2002 —entre ellos España— y, desde entonces, se ha ampliado hasta alcanzar los 350 millones de europeos que la usan. Bulgaria entró en 2020 en la denominada “sala de espera” de la moneda única, al mismo tiempo que Croacia, que la adoptó en 2023. “Ahora, por fin, podrá participar en la toma de decisiones dentro de esta unión monetaria”, indica Georgi Angelov, economista del Instituto Sociedad Abierta en Sofía. Entre los beneficios, cita un comercio más fluido, menores costes de financiación y precios más estables. Se estima que las pequeñas y medianas empresas se ahorrarán unos 500 millones de euros en comisiones de cambio y el sector mejor parado en este país con salida al mar Negro será el turismo, que genera el 8% del PIB nacional, alrededor de los 110.000 millones.

Desde 2021, los sucesivos gobiernos del país, con 6,4 millones de habitantes, han defendido la adhesión al euro con la esperanza de que impulse la economía, refuerce los vínculos con Occidente y lo proteja frente a la influencia de Rusia. Sin embargo, los búlgaros llevan tiempo divididos. Muchos temen que la introducción pueda acarrear precios más altos y añadir más inestabilidad política. Según el último Eurobarómetro, el 49% de la población se opone al euro. Pese a todo, el presidente Rumen Radev saludó la entrada en la zona euro como el “paso final” de la integración de Bulgaria en la familia comunitaria, aunque lamentó que no se hubiera consultado a los búlgaros mediante referéndum.
Desde finales de diciembre, colas de personas se adueñan del paisaje de las casas de cambio o bancos. Cambian dinero al euro, pero también compran oro. Durante seis meses, los búlgaros podrán canjear hasta 10.000 euros sin comisión y sin justificar su procedencia. Después, deberán hacerlo en el Banco Nacional. “El euro perjudicará a la economía porque la eurozona tiene una política muy inflacionaria; las instituciones no prestan atención a la crisis de deuda que se avecina y países de la eurozona que no son tan grandes, como es el caso de Bulgaria, corren el riesgo de que se pasen por alto sus peculiaridades políticas internas”, expresa Trayan Damyanov, que lleva más de media hora de espera y sin visos de que lo atiendan pronto. Este corredor de seguros de 34 años, que reconoce que comprará oro porque lo considera un valor más seguro que el euro, recalca que la inflación es elevada. Aunque el dato oficial la sitúa en el 5%, Damyanov asegura que el impacto es mayor: “En muchos alimentos y necesidades cotidianas, las subidas están en torno al 20%; la gente es consciente de ello, aunque las estadísticas no lo reflejan”.
Las instituciones tratan de alejar esos temores. “Hubo una fuerte oposición política a la adhesión al euro, incluso de partidos que se encontraban dentro de las coaliciones gubernamentales, pero supimos reconducir la situación económica al subir los salarios y las pensiones y elaborar un plan para reducir el déficit al 2% y contener la inflación”, argumenta Asen Vasilev, exministro de Finanzas en tres ocasiones desde 2021 y el encargado de preparar el ingreso del país al euro. “Con el euro se obtienen tipos de interés bajos, menor riesgo en inversiones; en costes de transacción vamos a ahorrar alrededor de mil millones de euros al año, ya que el 60% de nuestras exportaciones e importaciones provienen de la eurozona”, abunda Vasilev, actual líder de la oposición por el partido Continuemos el Cambio (de centroizquierda), en coalición con Bulgaria Democrática.
Uno de los elementos que sí ha florecido con motivo del cambio de moneda es la mayor visibilidad del dinero negro. “Si se mira la cantidad de efectivo en circulación, las monedas y billetes en leva disminuyeron en un año en 7.500 millones de euros; y entre Navidad y Año nuevo, más de 500 millones entraron en el sistema bancario”, afirma el ex ministro de Finanzas. El mercado inmobiliario también ha absorbido una parte importante de ese dinero sumergido. “Una vivienda cuesta un 50% más que antes, ya que mucha gente pensaba que era el momento de adquirirla por si se disparan los precios con el euro, de modo que por ahí pasó esencialmente gran parte de ese dinero y el resto en el sistema bancario”, concluye Vasilev.
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