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Tania Llasera: “La gente ve Ozempic como un atajo y eso está estigmatizadísimo. España quiere verte sufrir por adelgazar”

La presentadora, ahora ‘influencer’, se ha convertido en la voz más importante del país en defender el derecho a la diversidad corporal

La presentadora Tania Llasera, en Bilbao el pasado martes.FERNANDO DOMINGO-ALDAMA

De las múltiples causas que Tania Llasera (Bilbao, 46 años) defiende en sus redes la que más le preocupa sigue siendo la validación de todos los cuerpos: “El ponerte primero sin necesariamente tener que perder peso”. A pesar de que lleva años haciéndolo, sigue encontrando perplejidad y desaprobación, en un mundo de nuevo obsesionado con la dieta y el peso. Llasera revolucionó Internet hace solo unas semanas cuando dijo que Ozempic no es una tentación para ella. “Me pasó lo mismo cuando engordé. La gente no se podía creer que no me pusiera a dieta”. Animal televisivo, dueña de pantallas, tiene el don de comunicar con dulzura hasta las cuestiones más complicadas: “Yo no sé por qué muchas de mis ideas se convierten en luz para las demás”. Su casi millón de seguidoras puede dar fe.

Pregunta. ¿Era usted la popular del instituto?

Respuesta. En absoluto. Yo venía de un entorno muy privilegiado y mi madre me dio a elegir entre seguir en el colegio americano de Bilbao o irme al instituto público y elegí el público. Y entonces allí me dieron hasta en el carnet de identidad. Era una niña pija insoportable, rubia, ojos azules, espectacular, pero que no sabía que era espectacular. Le daba mucha rabia a la gente y fui haciendo amigas y amigos, pero porque soy muy insistente. Si tú no quieres ser mi amiga pero yo considero que lo debes ser, no te preocupes que te voy a trabajar y lo acabaré consiguiendo.

P. ¿En 2026 le pediría a su madre que la cambiase a instituto público?

R. Sí. A mí me apetecía salir del cascarón y ver un poco de qué va la vida. Cuando eres adolescente estás hambrienta de nuevas experiencias y de saber quién eres en el mundo.

P. ¿Sabe por qué tantos adolescentes ahora visten solo de negro?

R. Pues a ver, cuando eres adolescente quieres ser parte de la masa, del grupo. Si todas tienen el pelo igual, tú también. Tanto en lo bueno como en lo malo, no quieres que hablen de ti ni destacar. Y entonces el negro es el color más discreto del universo. Aparte que adelgaza y si se mancha no se nota, de manera que es idea para una época en la que no te duchas mucho tampoco… cubre una multitud de necesidades.

P. Cuando piensa en las cosas que usted misma hizo para pasar desapercibida en el instituto, ¿qué le sorprende?

R. Yo lo hice al revés: llegué siendo una pija de tacones, pantalón campana y Barbour y me rapé el pelo. Me lo teñía de colores. Cambié mi estilo por completo e intenté no ser transmitida con una pija sino macarrizarme y lo conseguí bastante bien. Me veías y daba un poco de miedo incluso.

P. ¿Y cuando se fue a vivir a Inglaterra?

R. Pues la verdad que mi inglés es tan pijo que aunque yo tuviera pinta de macarra, en el momento que te dijera buenos días ya me ubicabas. Pero bueno, lo gocé. Nadie sabía nada de mí que es lo que todos buscamos cuando nos vamos al extranjero. Me dije: voy a hacer lo que me salga del moño. Y lo hice. Luego me fui a Londres a trabajar un año y medio en un estudio en el que ponía cafés, que por cierto allí Liam Gallagher me tocó el culo y le escupí la bebida. Yo quería ser montadora y fumarme todos los pitillos del mundo pero luego me di cuenta de que no quería pasar el resto de mi vida encerrada en una habitación. Me dejó un novio chileno israelí guapísimo cuando empezamos a trabajar, que estudiamos la carrera juntos: yo saqué mejores notas y encima encontré mejor trabajo. Yo creo que se murió de celos.

P. ¿Qué fue de él?

R. Pues me había entregado en cuerpo y alma como una imbécil y le lloré mucho. Ayer un amigo me mandó una foto en la que sale y dije: es la primera vez que veo la cara de este señor y no me remueve nada por dentro. Podemos decir oficialmente que lo superé ayer.

P. ¿Por qué elige usted siempre ponerse del lado de la luz?

R. Para dormir bien por la noche. Con ocho años mi mayor trauma era no pertenecer. Recuerdo estar jugando y pensar, ¿sabes qué? Si no voy a ser ni 100% inglesa, ni 100% española, voy a ser 100% yo.

P. Pero está de moda ser malo…

R. A lo mejor no está de moda ser bueno. Pero es que la educación, el intentar ser coherente con tus valores, todo eso es obligatorio. Mis hermanos son inmigrantes. Mi madre es inmigrante, mi abuelo fue refugiado la guerra civil, pasó más hambre que ni sé. De la guerra civil pasó a la segunda guerra mundial en Bournemouth, en un campamento. A mí me atrae mucho la gente que cambia de opinión, que evoluciona, pero sobre todo me parece muy sexy la gente que es abierta. Para mí el libre movimiento es fundamental y que se cierren fronteras me parece fatal.

P. ¿Y eso lo habla con sus hijos?

R. Sí, claro, siempre. Y de religión y de todo. Lulu tiene 8 y Pepe acaba de cumplir 10 y ya saben lo que es el consentimiento.

P. Hace poco planteó un dilema en torno al Ozempic que se ha hecho muy viral. ¿Cómo se le ocurrió?

R. Hablando con mi peluquero de toda la vida le conté: no sé que hacer porque todo el mundo quiere que me pinche y yo no quiero, además tengo una comunidad que me quiere porque soy un referente y voy a ser un fraude para ellos. Pero lo cierto es que no esperaba que alcanzara un millón de visualizaciones.

P. ¿Le cansa ser siempre la persona que pone el cuerpo para esta causa?

R. En el fondo es muy guay que te escuchen. Lo único que me molesta es que solo un dos por ciento de mi millón de seguidores son hombres.

P. Usted cuando ve a alguien que se pincha Ozempic, ¿lo detecta?

R. Se ve en la cara, no sólo en el cuerpo. Te quita volumen y te empequeñece. Me da cierto miedo, porque hay muchos factores. Te dicen que es muy bueno para la inflamación, para lo cardiovascular y pienso, hombre, claro, si te quitas kilos, sobre todo la zona abdominal, obviamente vas a estar más sano. ¿Pero cuál es el precio a pagar? Esto no lo sabemos todavía. ¿Cuándo ha querido big pharma nuestro propio beneficio? Hoy he hablado con mi prima de EEUU y me ha dicho que no se habla suficiente de los efectos secundarios. Se te quitan las ganas como de hablar, de vivir, de estar, de apasionarte con las cosas. Yo creo que el alma está en el estómago.

P. Sea sincera. ¿Siente una pequeña punzada de decepción cuando se entera de que alguien se está pinchando?

R. Yo creo que siempre nos juzgan, cuando lo hacemos bien y cuando hacemos mal. Hoy hablaba con una influencer a la que estaba intentando convencer para que viniera al podcast a hablar de su experiencia positiva con Ozempic pero no quiere. ¿Por qué? Porque la gente lo ve con un atajo y está estigmatizadísimo. España, que es un país católico, quiere verte sufrir, ir al gimnasio, pasar hambre, si no, no vale el adelgazamiento.

P. ¿Y cuál es la respuesta al dilema?

No me estoy pinchando. Y no digo que no me vaya a pinchar nunca porque nunca puedes decir este cura no es mi padre, esta polla no me cabe. Pero creo que no me voy a pinchar nunca.

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