Maria Arnal: “En un mundo tan loco, parece que la fe puede ser un lugar de refugio. No es mi sitio”
Ama de su voz. En su debut en solitario, Maria Arnal experimenta con la inteligencia artificial: “Ahora no estoy empezando como artista. Ahora sé qué artista soy y me encanta“. El 27 de febrero presenta su nuevo proyecto en Madrid

Tararea. Desde que llega a la sesión fotográfica Maria Arnal (Badalona, 39 años) pierde la mirada en el infinito y canturrea. “Mis padres siempre dicen que antes de empezar a hablar ya cantaba. A ellos les gusta mucho cantar y supongo que fue una manera de empezar a comunicarme. Primero vino el canto, después el habla”, razona. Dice que repetía en bucle la canción infantil El gegant del pi, que en su casa ella y sus tres hermanos oían mucho folk, músicas del mundo, canción de autor catalana... Su primer acercamiento a la música no dio frutos: “Con cinco años me apuntaron a una escuela, con una profesora muy estricta. Un día lloré mucho y nunca quise volver. Siempre pienso qué hubiera pasado si hubiera sido una buena profesora. Si me hubiera motivado, ayudado, en vez de moldearme desde el susto y la inseguridad. Sentí que la música no era para mí, porque la autoridad en ese espacio me había anulado. Nunca creí que podría tener la vida que tengo”.
Ahora ella hace la música y la lleva por el mundo, del escenario del Sónar al laboratorio de física de partículas CERN de Suiza. “A los 17 años me regalaron una guitarra y empecé a escribir canciones, muy inocentes y muy malas. Algo muy emo”, rememora. Estudió Traducción e Interpretación y el Erasmus en Lisboa le descubrió nuevos sonidos. Allí decidió que quería dedicarse a algo creativo, inició un máster de artes escénicas y comenzó a trabajar de acomodadora en el Teatre Lliure. Durante una baja por una rotura de fémur descubrió al etnomusicólogo estadounidense Alan Lomax. Su ejemplo y ese parón dieron un vuelco a su mundo: “Tuve que volver a casa de mi madre, fue depresivo, pero ahora veo que también mágico. Ahí estaba esa guitarra que me habían regalado a los 17. Como mi cuerpo estaba enfermo, yo estaba muy pendiente de lo que sentía mi cuerpo. Cantar y tocar la guitarra me sentaba mejor que el Nolotil, el calmante que me daban para el dolor. Me apunté a la Escola de Música Moderna de Badalona y tuve un profesor, Esteve Genís, que me dijo: ‘Tu voz tiene algo especial, búscate un repertorio y vamos a hacer un bolo”. Su primer concierto fue en un chiringuito de la playa local y ya no paró. En 2015 arrancó el proyecto Maria Arnal i Marcel Bagés, con el que publicó dos álbumes —45 Cerebros y 1 Corazón (2017) y Clamor (2021)— y ahora lanza su primer disco en solitario, AMA. No ha dejado de explorar: el año pasado estuvo nominada al Goya por su tema para La virgen roja, de Paula Ortiz; en los últimos meses ha girado con La mort i la primavera (de la compañía de danza La Veronal, basado en la novela póstuma de Mercè Rodoreda) y en julio viajará a Tokio para llevar al Teatro Bunkamura de Shibuya un espectáculo del coreógrafo Marcos Morau (director de La Veronal). “Estoy muy agradecida por cómo se está desarrollando mi carrera”, dice con una sonrisa, “sé que no hay muchas carreras así”.
Pregunta. Sus padres eran los dos profesores.
Respuesta. Sí, ya están jubilados. Mi madre era profe de Ciencias. Y mi padre fue profesor de Primaria y estuvo en el Departamento de Educación del Ayuntamiento de Badalona muchos años, diseñaba actividades entre colegios públicos porque hay mucha segregación entre barrios, creaba programas para evitarla.
P. Un trabajo muy social.
R. Sí, totalmente. Y mi hermana trabaja para Save the Children, ha estado en Gaza dos años, estuvo dos años en Ucrania... Se dedica a cuestiones de infancia en conflictos bélicos. Es muy duro, no sé cómo lo hace.
P. Les influyó lo que vivieron en casa...
R. Sin duda, mis hermanos mellizos se dedican a la educación. También nos marcó la idea de comunidad, mis padres tenían su grupo de amigos, crecimos con ellos como si fueran tíos... Había esta cosa del compartir. Y también a través de la música, estábamos todos en coros y en el coche íbamos cantando a diferentes voces. La música siempre estuvo allí como un lenguaje más.
P. ¿Qué cantaba en sus inicios?
R. Canciones tradicionales, lo que había aprendido de Lomax, con arreglos muy básicos, muchas estarían después en el repertorio con Marcel. Y empecé a escribir letras, pero decía que eran tradicionales para jugar un poco con la autoría y para estar protegida.
P. ¿Por qué cree que en los últimos años se ha mirado tanto a las raíces, a temas tradicionales que en algunos momentos fueron denostados?
R. Hubo una memoria, una idea de identidad muy ligada a la generación anterior, la que vivió bajo la dictadura. Es que la Sección Femenina de la Falange directamente había recopilado el folclore y de esta manera también metían todo el ideario fascista desde la infancia, a través del canto y del baile. Es normal que tras la dictadura se quisieran distanciar de eso, buscar otros sonidos, y también había una escena musical mundial que estaba explotando. En mi generación, que hemos crecido con las Spice Girls, Britney Spears y Christina Aguilera, de repente entendemos lo que es una Niña de los Peines, que hay toda una riqueza y una sofisticación increíble de cantantes de aquí, tanto de copla como de flamenco; nuestra generación no ve el franquismo en eso, ve exactamente el valor creativo, el valor comunitario o simplemente la belleza en las letras.
P. 45 Cerebros y 1 Corazón tomaba título de fosa común de la Guerra Civil en Burgos; Clamor hablaba del cambio climático y el fin del mundo. ¿Para usted, la música no debe ser ajena al momento histórico y social que vive?
R. Pues la verdad es que no tiene por qué serlo y también me encanta escuchar música que no tiene la intención de decir nada que tenga que ver con el mundo. El primer disco para mí era como una especie de revisión de lo folk. Clamor nace de mi corazón roto, porque me separé y estuve supertriste, por eso me gustaba la idea de hacer un disco que hablara sobre cómo la humanidad ha afrontado la idea de fin del mundo a lo largo de la historia. Al final son maneras que encuentro de contar cosas que me pasan.
P. Tras formar parte de un proyecto con Marcel Bagés y con David Soler, ¿qué la ha llevado a iniciar ahora un camino en solitario?
R. Si pudiera volver atrás, empezaría en solitario. Con Marcel y David encontramos una manera de funcionar que con el tiempo se fue perdiendo. Ahora siento que estoy en una explosión creativa. Seguir queriendo lo mismo mientras vas creciendo es muy difícil.
P. Ha contado que AMA nace de su relación con su prima, que falleció y había perdido a sus padres de niña por el VIH. Ese virus, y el tabú a su alrededor, han protagonizado ficciones recientemente, de Romería la película de Carla Simón, a Silencio, la serie de Eduardo Casanova.
R. El disco empieza con una frase escrita por la poeta Safo: “Lo que te quede por decir, te quedará por llorar”. Como explican todas estas historias, esta enfermedad estuvo rodeada de un silencio por el miedo al estigma y al rechazo social, así que yo no supe de qué se había muerto mi prima hasta años más tarde. Ella dejó una carta que no pude responderle, porque ya se había ido, y este disco es una carta hacia ella en la que le explico quién soy ahora.
P. ¿Ha cambiado su proceso creativo? Hay muchos sonidos, vocales...
R. Sí que está la idea de intentar poner palabras a emociones del cuerpo, que no tienen esas palabras. Este disco está hecho todo a partir de improvisaciones de la voz y luego le he puesto las letras a las canciones.
P. ¿Es la voz un instrumento que muchas veces se olvida? En AMA ha experimentado con ella, hasta la ha clonado con inteligencia artificial (IA) gracias a una beca en el Barcelona Supercomputing Center (BSC).
R. La voz se asocia a la palabra, pero la voz es un instrumento. Y este disco reposa musicalmente, de una manera muy presente, en la dimensión polifónica de la voz. He usado la herramienta de IA que creamos en el BSC, he clonado mi voz con muchos modelos muy diferentes y todos están ahí como espejos de mi propia voz que tienen dimensiones distintas a la mía física.
P. Muchos creativos temen la IA, FKA Twigs defendió en el Senado de los Estados Unidos un uso regulado de esta tecnología. ¿Cómo lo ve?
R. Yo también estoy a favor de la regulación. Siento que todo el mundo habla de la IA, pero nadie sabe cómo funciona, falta una curiosidad más rigurosa. En mi caso, como persona que vive en esta época marcada por esa tecnología, lo que he escogido es estudiarla, ver si creativamente es interesante o no. Hay muchos tipos de IA, no hay una. Mi manera de usarla es artesanal y centrada en la clonación de mi voz, no de ningún otro instrumento o sonido. He aprendido un montón de mi propia voz gracias a ver lo que es reproducible y lo que no. Pero la IA generativa musical no me interesa para nada.
P. ¿Depende de quién la use y para qué?
R. Al final la IA no es autónoma, son humanos decidiendo cómo usarla. Es normal que nos dé miedo tener una tecnología tan potente, sobre todo porque vivimos en una realidad que está más loca que nunca. Por eso tenemos que ayudar a regularla de maneras que sean positivas para la sociedad.

P. “Ama”, además de las iniciales de su prima, es una entrada con nueve acepciones en el Diccionario de la RAE. ¿Qué significado aporta usted?
R. Para mí, ama es la energía de mi momento ahora. Tiene que ver con ser dueña de mi propia voz, de haber encontrado un espacio propio. Ahora no estoy empezando como artista. Ahora sé qué artista soy y me encanta poder tener tantos proyectos diferentes: tener la parte de compositora, de creadora, de investigadora... Poder tener todo esto, presentarme al mundo desde este lugar. Soy ama. De mi momento. Ama de mi voz. Sabiendo además que puedo reproducirla soy más consciente de lo especial que es. Y también me conecta con mi herida personal.
P. Que me quiten suena como un himno feminista, es un recorrido histórico por cómo se ha tratado la mujer en el que repite: “Aquí me quedo”. ¿Es importante esa autoafirmación hoy en día?
R. Totalmente. Para mí la idea de esta canción fue hacer una enumeración de castigos, de martirios, de violencias normalizadas hacia la mujer, a lo largo de siglos. Cuando tú te pones en una especie de genealogía de tu propio cuerpo, el cuerpo de una mujer, sientes que todo eso ha pasado por ti. Quería ser poética pero clara. Cuando hablo de “Que me expulsen de mi cuerpo”, hablo de que se tenga control sobre cosas como el aborto, o sobre qué es la belleza y qué no lo es. Muchas veces el patriarcado nos hace sentir que ser amas es un problema por el que debemos ser castigadas de alguna manera. Así que el estar, el decir, “No, yo estoy aquí y estoy porque tengo que estar”, es la emoción de esta canción. Estoy por mí y estoy por las otras.
P. ¿Qué peso tiene la literatura en su música? Además de a Safo hay referencias a Alicia en el País de las Maravillas, y ha dicho que entre sus influencias están Paul B. Preciado o Irene Solà.
R. Pues tiene muchísimo. En este disco el prólogo es de Sara Torres, que es muy amiga mía. Pero también he visto un montón de películas que me han inspirado, como el documental de Nan Goldin, La belleza y el dolor, o Romería y toda la obra de Carla Simón. Y hay mucho de danza, por eso este disco es muy físico y habla del cuerpo, del recuerdo, de sensaciones.
P. Incluye un madrigal, ¿qué la llevó a esa composición pagana en tiempos de religiosidad musical?
R. Como el mundo está tan loco, parece que la fe puede ser un lugar de refugio... No es mi sitio, pero lo puedo entender. En mi caso, como el disco tiene este contenido tan polifónico, quería hacer un madrigal que no se pareciera nada a los renacentistas. Lo que me interesaba es ese momento en el que lo polifónico deja de ser para Dios y pasa a ser un espacio de paso entre el mundo y la interioridad. Y se desarrolla el concepto de la voz interior, de que lo que piensas es diferente de lo que dices. Me parecía muy juguetón.
P. En Puerta habla de miedos, de enfrentarse a ellos. ¿Es lo que le ha enseñado este proyecto?
R. Es una especie de mantra, canto: “Yo ya di ya otra vuelta entera una vez más”. Siento que esa vuelta la he dado en mi carrera, hacia dentro, más profunda. Y que ahora me muestro con una cara más auténtica.
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