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Trump vuelve con el discurso del estado de la Unión a un Congreso al que necesita tras el fallo de los aranceles

El presidente de Estados Unidos repasa este martes en el Capitolio las prioridades de su Administración

Donald Trump en Washington, el 23 de febrero. WILL OLIVER (EFE)

El discurso sobre el estado de la Unión, tradición anual de la política de Washington que consiste en que la ciudad pare y escuche de boca del presidente las prioridades por venir de su Administración, es siempre también el discurso sobre el estado de otras cosas. En este caso, cuando Donald Trump se dirija este martes a las 21.00 (hora local, seis más en la España peninsular) a una audiencia conjunta de la Cámara de Representantes y del Senado, será un examen al estado de su relación con el Congreso, al que, tras la sentencia del Supremo que tumbó el pasado viernes buena parte de sus aranceles, necesita para imponer el gravamen global del 10% (luego 15%) con el que piensa sortear el varapalo del alto tribunal.

No será fácil: el primer discurso del Estado de la Unión (SOTU son sus siglas en inglés) de su segunda presidencia llega en un momento difícil para Trump, cuya popularidad lleva meses bajo mínimos, y mientras deshoja la margarita de una posible intervención militar en Irán. Pero sobre todo coincide, como también es costumbre, con el año de las elecciones de mitad de mandato, previstas para noviembre. La ley en la que Trump quiere apoyarse para mantener su fe en los aranceles (ya saben: “la palabra más hermosa del diccionario” para el inquilino de la Casa Blanca) le permite imponerlos unilateralmente durante 150 días. Y cuando pasen esos cinco meses, necesita al Capitolio.

Ese momento llegará a finales de julio, cuando todos los miembros de la Cámara de Representantes y una tercera parte de los del Senado estarán en plena campaña para su reelección. La defensa de unos gravámenes con efecto en el bolsillo de sus votantes e impopulares, según todas las encuestas, no parece el mejor argumento de campaña para los republicanos que se debaten entre la lealtad al líder y su conveniencia electoral.

La sentencia del Supremo influirá también en la puesta en escena del SOTU, una ceremonia en la que este año serán tan importantes las presencias (el presidente acostumbra a mandar un mensaje a través de aquellos ciudadanos a los que decide invitar) como las ausencias: alguno demócratas han convocado un mitin en las inmediaciones del Capitolio para boicotear al discurso, pero la tormenta de nieve que azota la costa este hace peligrar la iniciativa. Sí estarán, como dicta otra tradición y pese a los insultos que les ha dedicado desde el viernes pasado a seis de ellos, los nueve magistrados del Supremo.

Será interesante ver cómo se relacionan el presidente de Estados Unidos y el del alto tribunal, John Roberts, redactor de la sentencia que tumba los aranceles. El año pasado, cuando Trump estaba recién llegado al poder por segunda vez y se dirigió al Congreso en lo que técnicamente no fue un SOTU, el republicano se acercó a Roberts para decirle: “Muchas gracias de nuevo. No me olvido”.

Se dio por hecho que el motivo de ese agradecimiento estaba en el fallo que en 2024 amplió la inmunidad del presidente de Estados Unidos en el ejercicio de su cargo (este dijo que se estaba refiriendo al hecho de que aquel le tomó el juramento en su toma de posesión). Aquella sentencia la redactó el conservador Roberts para un caso que examinó las decisiones que tomó Trump en los meses que condujeron al asalto al Capitolio. Entonces, Trump era el candidato republicano y la decisión allanó su camino a la Casa Blanca.

Desde la tribuna de la Cámara de Representantes —el mismo lugar en el que su entonces presidenta, Nancy Pelosi, rompió teatralmente las hojas del discurso que Trump dio en 2020— el republicano, flanqueado esta vez por el vicepresidente, J. D. Vance, y por el speaker republicano Mike Johnson, repasará este martes el resto de su agenda: de la política exterior a la economía, marcada por los aranceles, sí, pero también por su incapacidad para sujetar la inflación y por el elevado coste de la vida; y de la financiación, en el aire, del Departamento de Seguridad Nacional, sobre la que demócratas y republicanos siguen sin ponerse de acuerdo, lo que ha forzado un cierre parcial de la Administración, a la gestión de la frontera sur y la brutal política antimigratoria de la Casa Blanca.

Por lo demás, Trump ya ha avisado de que será un discurso largo (conociendo su tendencia a la logorrea, Washington se prepara para el SOTU más largo de la historia), y de que no lo ha ensayado mucho. También se puede dar por descontado que se saldrá más de una vez del guion y que lo salpicará de exageraciones, medias verdades y mentiras completas.

Al término, como también es tradición, recibirá la réplica demócrata, que en esta ocasión son dos. La recién elegida nombrada gobernadora de Virginia, Abigail Spanberger, le contestará en inglés. El senado Alex Padilla (California), que fue detenido por interrumpir una conferencia de prensa de la secretaria de Seguridad, Kirsti Noem, lo hará en español.

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