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La dimisión del presidente Rumen Radev deja un vacío de poder sin precedentes en Bulgaria

La renuncia del jefe de Estado se produce después de que las protestas que tumbaron el anterior gobierno dejaran al país bajo la autoridad de un Ejecutivo interino

Dimisión del presidente Rumen Radev Bulgaria

El presidente de Bulgaria, Rumen Radev, presentó este martes de manera oficial su dimisión ante el Tribunal Constitucional en una decisión sin precedentes que abre un periodo aún más convulso en este país de la Europa del Este, miembro de la Unión Europea desde hace diecinueve años. Ahora, esa instancia judicial debería constatar que el jefe de Estado abandona su cargo por iniciativa propia para ratificar la renuncia, seguramente esta semana. En ese momento, será relevado por la vicepresidenta Iliana Yotova hasta enero del próximo año, cuando se acabe el actual mandato. Se trata de la primera vez que un jefe de Estado deja sus funciones y que una mujer ocupará el cargo en la joven democracia búlgara.

Este movimiento, que no ha sorprendido a la opinión pública, ha reavivado la incertidumbre política en un país que ingresó en el euro el pasado 1 de enero con un gobierno interino y encaminado a sus octavas elecciones legislativas desde 2021, previsiblemente en marzo o abril. El último Ejecutivo cayó a principios de diciembre después de tres semanas de multitudinarias protestas encabezadas por jóvenes contra un proyecto de presupuesto al que acusaban de galvanizar la corrupción y, luego, contra los propios dirigentes.

Desde hace varios meses se hacían cábalas en Bulgaria acerca de la dimisión de este antiguo comandante de las Fuerzas Armadas y sus planes de liderar un proyecto político, que evitó especificar y que todavía se desconoce, de cara a los próximos comicios. “Nos enfrentamos a una batalla decisiva por el futuro de nuestro país. Estamos preparados, podemos y triunfaremos”, declaró el presidente, de tendencia izquierdista, en un discurso televisado a la nación el lunes, en el que arremetió contra todos los estamentos en su “último discurso como presidente”. “Si el Gobierno hubiera defendido los intereses nacionales, respetado la Constitución y la separación de poderes, y rechazado la corrupción y la arrogancia, no se habría planteado la cuestión de formar mi partido. Tras muchos debates, es evidente que ya existe un partido de consenso antimafia”, subrayó el expiloto de 62 años.

Además, el mandatario recordó los retos a los que se enfrentó desde que ganó sus primeras elecciones presidenciales en 2016: la defensa del Estado en múltiples crisis, las protestas generalizadas contra la influencia oligárquica y el nombramiento de ejecutivos interinos en siete ocasiones. También criticó el actual modelo de gobernanza al tacharlo de fachada de democracia controlada por mecanismos oligárquicos y ser el responsable de que el país cuente con la menor renta per cápita de la Unión Europea.

“La política se lleva a cabo al margen de las instituciones” y “los titiriteros” emiten leyes en el Parlamento, afirmó Radev en alusión al que ha sido el hombre fuerte del principal partido gubernamental de centroderecha GERB, Boiko Borisov -tres veces primer ministro desde 2009- y Delyan Peevski, un exmagnate de los medios de comunicación sancionado por corrupción por Estados Unidos y actual líder de la formación de la minoría turca, partido que suele cumplir la función de partido bisagra desde la oposición.

“La creación de un nuevo partido político probablemente acentuará aún más la fragmentación de la escena política en Bulgaria; la difícil cuestión de formar un gobierno de coalición y elegir socios políticos volverá a primer plano y puede resultar complicada de resolver”, explica Rumena Filipova, directora de la organización independiente Institute for Global Analytics (IGA). El actual Parlamento atomizado de nueve formaciones, con importantes diferencias entre ellas, ha hecho prácticamente ingobernable el país desde principios de esta década.

“Radev intentará canalizar parte de la energía de las manifestaciones que se ha venido acumulando desde noviembre y diciembre, aunque no es seguro se traslade a su proyecto político como consiguió hacer para que fuera reelegido”, recalca la experta en relaciones internacionales.

El periodista independiente Kristian Yulzari no está tan seguro de que se vaya a presentar en las filas de algún partido en esta primavera. “Seguramente esté pensando más a largo plazo, en otras hipotéticas elecciones, porque apenas tiene tiempo para registrar su propio partido”, considera este joven comunicador que reveló un caso de malversación en el Ministerio de Juventud.

Posiblemente, Radev se acerque al debilitado Partido Socialista Búlgaro (PSB), formación que lo respaldó en su camino a la Presidencia y, de acuerdo a los sondeos, no superaría el umbral del 4%, lo que implicaría un posicionamiento de centroizquierda, pero también podría hacerlo a alguna otra facción que abandere el patriotismo moderado del que siempre ha hecho gala, asegura la politóloga Gergana Stefanova.

“La pregunta clave será por qué nicho electoral se decantará”, sostiene la analista. “Cuando afirmó en un foro económico en San Petersburgo en 2019 que, con la creación del alfabeto búlgaro —el cirílico—, Bulgaria dio la escritura a Rusia y que, casi nueve siglos después, Rusia devolvió a Bulgaria su libertad mostró una potente imagen de patriota que muchos ciudadanos admiran”, explica Stefanova. “Menuda cara se le puso al presidente Vladímir Putin cuando Radev le dijo que los rusos le deben su escritura a Bulgaria”, profundiza.

Confianza

Para Simeon Gordeev, estudiante de Derecho de la Universidad de San Clemente Ohridski y uno de los promotores de las protestas, Radev “goza de confianza en la sociedad búlgara como una figura equilibrada, diplomática y no contaminada por el anterior entorno político. “Pese a sus poderes constitucionales limitados, logró participar directamente en la vida política del país, se convirtió en el rostro de las grandes protestas de 2020 que derribaron el Gobierno de Boiko Borisov y emergió como portavoz de la lucha contra la mafia”, explica el universitario.

Radev, que obtuvo su segundo mandato de cinco años al reunir casi el 67% de los votos en segunda vuelta en 2021, ha mantenido una relación cordial con la coalición opositora formada por Continuamos el Cambio-Bulgaria Democrática (PP-DB), por sus siglas en búlgaro, de orientación europeísta), lo que podría sentar las bases de un eventual acuerdo, aunque también existen importantes divergencias entre ellos.

El aún presidente, que tendría una aprobación del 44% de la población según una encuesta reciente de la empresa Market Links, ha manifestado a menudo su oposición a enviar ayuda militar a Ucrania por la ofensiva de Rusia y, en una entrevista con la CNN el año pasado, expresó su decepción por la falta de apoyo entre los aliados de la UE a los autodenominados “esfuerzos de paz” del presidente estadounidense Donald Trump.

“La lucha por la orientación internacional de Bulgaria se relanzaría una vez más si Radev entrara en un nuevo gobierno”, remarca Filipova. Por su parte, la coalición PP-DB ha dejado claro dos líneas rojas para alcanzar un acuerdo con otro proyecto político: oposición al modelo de gobernanza “Borisov-Peevski” y compromiso inequívoco con el papel de Bulgaria en la UE y la OTAN.

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