La carrera por cargar combustible en Chile antes del alza anunciada: “Nos tendremos que limitar más todavía”
El Gobierno de Kast anuncia un gran incremento en el precio del combustible a partir de este jueves. Las gasolineras se copan de clientes deseosos de llenar el estanque y ahorrarse unos pesos

Los automovilistas comenzaron a copar las gasolineras para llenar los estanques de sus vehículos minutos después que el Gobierno chileno de José Antonio Kast anunciara, la noche del lunes, un alza histórica en el precio del combustible a partir del jueves. La medida busca enfrentar el valor del petróleo en los mercados internacionales, disparado por la guerra en Oriente Próximo y el cierre del estrecho de Ormuz por parte de Irán.
Se trata de una medida impopular tomada a menos de dos semanas de la inauguración del Gobierno conservador y que se espera se vea reflejada en los próximos sondeos con una caída del respaldo a Kast, que según en una encuesta del domingo estaba en 51%. El propio mandatario reconoció el martes ese costo: “Lo que no podemos hacer es engañar a las personas, no podemos comprar popularidad a costa de dineros que no tenemos, endeudándonos para después en corto tiempo más tener que pagar las consecuencias en temas sociales, en temas de ayuda a las familias más necesitadas”.
Al mediodía del martes, se mantenían las filas de autos, camionetas y otro tipo de vehículos en las gasolineras de todo el país. Si bien avanzaban, no se reducían, y los operarios no tenían un minuto de descanso. Sin embargo, se espera que la concurrencia aumente de la misma forma que se acerca la hora en que entrará vigor el alza: a las cero horas del jueves la gasolina de 93 octanos debe subir en torno a un 38%, mientras que el diésel, usado preferentemente para los camiones, se incrementará en torno al 60%.

Con paciencia esperaba su turno Bastián Monje, de 32 años, en una gasolinera del municipio santiaguino de Ñuñoa. “Va a costar ordenarse con las lucas [el dinero]. Pero es necesario, se tiene que hacer. Es un costo que hay que asumir”, sostiene este este hombre que usa su auto para trasladarse a su trabajo.
Con más pesadumbre veía el panorama María José Veliz, de 35 años, fonoaudióloga de profesión pero que se gana la vida haciendo repartos para Wallmart. “Lo encuentro fatal. La clase media es la que se ve más afectada. (…) Ahora nos tendremos que limitar más todavía. Y no solo va a subir la bencina [gasolina]… Y no hay ningún alivio para el bolsillo”, explica.

La decisión del alza del precio de los combustibles, si bien era esperada, sorprendió por el monto, nunca antes visto en las últimas décadas. El precio de la gasolina de 93 octanos, que promedia 1.170 pesos (1,2 dólar) por litro en la Región Metropolitana de Santiago, subirá 370 pesos chilenos (0,41 dólar), con lo que superará los 1.500 pesos (1,6 dólar). El diésel, por su parte, que tiene un valor de unos 930 pesos por litro (0,95 dólar), subirá 580 pesos (0,59 dólar), con lo que igualará el valor de la gasolina.
El ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, quien dio conocer el aumento del valor de los combustibles, también anunció un proyecto de ley con medidas paliativas entre las que se cuenta el congelamiento de la tarifa de los buses del transporte urbano y del metro hasta fin de año, y un subsidio de 100.000 pesos mensuales (unos 109 dólares) en combustible a cada taxista o chofer de taxis colectivos por seis meses.

Sergio Parada, jubilado de 71 años, quien usa su vehículo para llevar y traer a su nieto al colegio, se mostraba enojado por el alza y por la espera para cargar combustible. “Es horrible. Comprendo que no había plata, que [el Gobierno de Boric] dejó cero peso en las arcas, pero podrían esperado con el alza a abril”, dice. Explica que en marzo, luego del fin de las vacaciones estivales, hay muchos gastos. Sin embargo, al final lo mueve un aparente deber patriótico: “Yo estoy dispuesto a hacer el esfuerzo que sea para levantar Chile”, dice en la línea con lo que ha intentado convencer el Gobierno, de que el país se encuentra en estado de emergencia y que es necesario el sacrificio de todos para salvarlo.
Aparte de los taxistas, no habrá subsidio ni bono para conductores de aplicación ni para repartidores de mercadería. Ese es el caso de Carlos Gamboa. Este venezolano de 43 años se queja mientras echa combustible a su auto: “Me afecta demasiado. Y no hay ninguna ayuda. Eso sin contar los repuestos de los carros, porque todos los días se desgasta o daña algo”.

Rodrigo Contreras, de 44 años, prefirió hacer la fila para la gasolinera a pleno sol, porque dice que cuando se haga de noche la espera será mucho más larga. “Hay que asumir no más el alza”, afirma y comenta que se va de viaje, por lo que le convenía recargar ahora. “Después me va a salir muy caro”, dice con una sonrisa.
También el uso primordial que Ximena Tobar le da a su auto es el de llevar y traer a su nieta del colegio, todos los días. Esta dueña de casa se lamenta de que la medida del Gobierno de Kast “afecta el bolsillo, y harto”. “Pero, ¿qué vamos a hacer? Todo es por la guerra”, se resigna.
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