Los 10 lugares favoritos de la embajadora de Suecia en Chile: “Me compré cinco gallinas y ahora espero desayunar con huevos de la casa”
Desde que asumió el cargo, en julio de 2025, Sofía Karlberg ha subido un cerro y recorrido el barrio Franklin de Santiago. También ha probado el pan amasado y el pebre, parte de la comida tradicional

Museo Ralli. Me encantó el arte que hay allí. Tiene una de las colecciones de arte latinoamericano más grandes de Chile. Es una colección única. Estuve en Nueva York, en un museo, y recién empiezan a mirar hacia otras partes de América. Por eso fue tan grato ir al Ralli y ver esa diversidad de países, de muchos pintores chilenos. Además, tengo la sensación de que las obras de arte que han elegido tienen mucho sentido de humor, son divertidas. Me encanta el arte contemporáneo. No soy muy de los maestros oscuros, así que lo que vi en el Ralli me encantó. Y eso también te enseña un poco de cómo es Chile. Ahora tiene una exhibición de pintoras chilenas, de diferentes generaciones. (Alonso de Sotomayor 4110, Vitacura).
Factoría Franklin. Para mí fue un descubrimiento. Es muy hipster, pero muy creativo, con buena calidad. El café buenísimo, igual que el chocolate y los diferentes sitios. Es un ambiente espectacular con djs. Logra un ambiente muy relajado y creativo. Además, las pequeñas destilerías de gin —aunque no me gusta el gin— le dan su onda, forman parte del conjunto. Es bonito, y un poco inesperado encontrar eso en ese barrio que es muy de persas. Entras ahí y adentro hay otro ambiente. (Franklin 741, Santiago).

Olika. Es una tienda que tiene mucho diseño nórdico. Si quiero comprar regalos en Suecia y enviarlos para acá, es muy caro, por lo que esa tienda es una muy buena fuente de regalos de Suecia en Santiago. Tiene cosas preciosas de todos los países nórdicos, no solo suecos. Hay mucho diseño finlandés. En Suecia nos encanta encender velas en invierno, cuando está muy oscuro, porque crean un ambiente acogedor, y ahí en Olika tienen velas, candelabros y candeleros. (Alonso de Córdova 2872, Vitacura).
Panadería Madeleine. Me encantan los croissants, y si voy a Francia, obviamente, los como. En Estocolmo también busco los mejores. Aquí también lo he estado buscando. Un amigo me comentó que la panadería Madeleine, en el barrio Italia, era muy buena, y no decepcionó. Tienen ese equilibrio rico entre salado y dulce, y mantequilla. Si le puedo dar una sugerencia a la panadería Madeleine sería que, aparte del banco que tiene afuera, pusiera una mesita con dos sillas para tomar el café. Eso sería excelente. (Condell 1636, Ñuñoa).
Restaurante Doña Tina. Uno de los primeros días en Santiago, tomamos el auto y llegamos a ese restaurante. Nos encantó. Estar allí en las terrazas, es como estar en el campo, con comida típica chilena. Yo creo que allí comí mi primer pebre y mi primer pan amasado. Los domingos hay mucha gente y siempre están los músicos que tocan la canción que le encanta a mi hija, Si vas para Chile. Nos gusta mucho, sobre todo por el ambiente. Claro que las porciones son demasiado grandes: siempre las compartimos. (Camino Los Refugios 15125, Lo Barnechea).

Restaurante Mestizo. Si entras por un lado parece que estás en el centro de la ciudad, pero cuando sales al patio, estás en el Parque Bicentenario, y da la sensación de estar afuera, en el campo o en un parque. La comida allí es de alta cocina. Es un restaurante muy diferente, con un ambiente muy bueno y una arquitectura muy especial, con pilares muy grandes de piedra, con más diseño. (Av. Bicentenario 4050, Vitacura).
Cerro Manquehuito. Es el cerro más cercano del lugar donde vivimos. Es muy bueno para cuando tenemos visita. Subir allí es como un paseo muy lagom, decimos en Suecia, que es como no demasiado largo y no demasiado corto. Si vamos con gente que no está en muy buena forma, pues vamos con el auto hasta el parque y luego subimos andando hasta el cerro. Y si la gente está en mejor forma, subimos desde la casa. La vista que hay de Santiago es increíble. Pero para nosotros también es exótico, por los cactus. En primavera había flores, los dedales de oro, y ahora está todo seco. Cambia con la temporada.
MUT (Mercado Urbano Tobalaba). Hemos estado hablando con la empresa que lo hizo, Territoria, que también tiene una visión hacia el futuro. Han hecho una planta de reciclaje y hay partes de la edificación que son de madera, lo que muestra un gran interés en Chile por la construcción con madera, que es mucho más sustentable y buena para las zonas sísmicas, porque es elástica. En Suecia está muy de moda construir con madera no sólo las casas, sino museos, centros culturales, incluso hay una estación de autobuses. Además, el MUT tiene simpáticas tiendas, como librerías y lugares para encontrase desde temprano por la mañana, por un desayuno, o al almuerzo o la cena. (Av. Apoquindo 2730, Las Condes).

Artequin. Pasé por pura casualidad por ahí, vi el edificio y wow… impacta. Es tan diferente a todos los otros edificios que hay por ahí, que empecé a buscar en Google y vi que era un museo. Entonces volví. La idea del museo es muy linda también, porque es para toda la familia, didáctico. Pero, sobre todo, lo es el edificio, que es tan espectacular. Leí que se hizo para la exposición [universal] de Francia en 1889 y muestra un poco dónde estaba Chile en la historia en ese entonces; era un país con muchos recursos, con una economía que florecía, que podía contratar a un arquitecto francés. Estuve leyendo que se hizo en Suecia, cuando nosotros estábamos saliendo de una época muy difícil, de un tiempo en que casi una tercera parte de la población dejó el país por hambre. Y ahora el edificio está situado en una zona estupenda al frente de la Quinta Normal, que me encanta por los árboles tan grandes que tiene y por los otros museos que hay. Es una zona familiar muy bonita. (Av. Portales 3530, Estación Central).
Mi gallinero. Es la primera vez que tengo gallinas. Una colega, la exembajadora sueca en Cuba, me contó que cuando estaba en la isla se compró 20 gallinas y que fue de lo más lindo estar allí frente al gallinero tomando un café. Fueron sus momentos más relajados. Yo quedé inspirada y me compré cinco gallinas chilenas, aptas al clima chileno: dos kollonkas, una ketro y dos criollas. Son preciosas y no me canso de mirarlas. Estoy esperando ansiosamente que pase una temporada [para que crezcan] y desayunar con huevos de la casa. Y huevos celestes, que es la curiosidad que tienen las gallinas ancestrales chilenas.
Tu suscripción se está usando en otro dispositivo
¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?
Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.
FlechaTu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.
Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.
¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.
En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.
Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.








































