Ir al contenido
_
_
_
_
PARTIDO COMUNISTA DE CHILE
Opinión

La doxa comunista

Desde hace meses el Partido Comunista de Chile, a través de sus dirigentes oficiales o no autorizados, ha estado explicitando las “líneas rojas” del partido

Lautaro Carmona y Jeannette Jara en 2025.@LautaroCarmona

La doxa, ese conjunto de saberes y creencias tan arraigados en un grupo (por ejemplo político) o en un campo especializado, cuya evidencia es tan poderosa que ni siquiera se tiene conciencia de ella, está haciendo estragos por estos días en la política de izquierdas chilena.

Desde hace meses el Partido Comunista, a través de sus dirigentes oficiales o no autorizados, ha estado explicitando las “líneas rojas” del partido. ¿Qué expresan esas líneas rojas? Dos cosas. En primer lugar, fronteras que no se pueden cruzar so pena de condenar a las penas del infierno la identidad comunista y la historia del partido de la hoz y el martillo. En segundo lugar, una doxa que está entrando en colisión con los otros partidos de izquierda y centroizquierda, esto es con sus respectivas doxa (lo que obliga a abordarlas, lo que haré en mis próximas columnas). Dicho de otro modo, los partidos de izquierdas están entrando en un conflicto de historias, culturas e identidades en un presente en el que es cada vez más difícil acomodarse.

Es cierto: ya no nos encontramos en el tiempo en el que los comunistas chilenos enviaban sus condolencias al pueblo coreano y a su partido único por la muerte de su líder dictador, Kim Jong-Il, en 2011. Tenemos tan solo en la retina el apoyo aberrante a la elección de Daniel Ortega en Nicaragua en 2021 y, ciertamente, el saludo a la elección “respetuosa y pacífica” en Venezuela en 2024 (aunque sin aludir a Maduro). ¿Configura esto una doxa comunista? No totalmente: son solo sus balbuceos.

Una parte relevante de la doxa comunista se revela en sus modelos internacionales de inspiración. Hasta su desintegración en 1991, la Unión Soviética fue una fuente no solo de ilusión, sino de admiración, lo que se tradujo en un desprecio rara vez explicitado hacia el eurocomunismo que fue tan inteligentemente encarnado por el secretario general del Partido Comunista italiano Enrico Berlinguer en la década del 70 (a partir de una sana crítica a la experiencia de la Unidad Popular en Chile). Hoy por hoy, la Rusia de Putin, conservadora y autoritaria, en absoluto admirable, sigue ejerciendo una fascinación por defecto en el comunismo chileno, especialmente en el contexto de la invasión a Ucrania (cuyos gobernantes, en consonancia con la propaganda rusa, son tildados de nazis). No se encontrará ninguna declaración oficial del Partido Comunista de Chile en el que se esboce siquiera una crítica a la Rusia de Putin.

No muy distinto es el caso del régimen cubano. En un programa de streaming entre los dirigentes no autorizados (pero no censurados) Hugo Gutiérrez y Juan Andrés Lagos, se explicitó un componente fundamental de la doxa comunista: no se puede pertenecer al partido de Recabarren si se critica como dictadura al régimen cubano (“en este partido no podría haber nadie que creyera que Cuba es una dictadura: y si alguien lo cree, esa persona no puede estar en este partido”). La definición es muy franca, y alude inevitablemente a la ex candidata presidencial de militancia comunista (aplastada en la elección de diciembre de 2025) Jeannette Jara, quien emitió reparos sobre el régimen de Díaz-Canel: si bien en abril de 2025 (por CNN Chile) declaró que Cuba no es una dictadura y que “tiene un sistema democrático distinto del nuestro”, la candidata de todas las izquierdas (precisamente por eso) se corrigió al poco tiempo para afirmar que “claramente no es una democracia” (aunque sin calificarlo de dictadura). Llegó tan lejos el apoyo al régimen cubano de los dirigentes no autorizados Gutiérrez y Lagos que descalificaron al presidente Gabriel Boric en términos francamente ofensivos: “¿con quién se quiere congraciar este fulano? Al final del día, lo que hace es congraciarse con Estados Unidos. Como un cobarde, lo que quiere hacer es congeniar con el amo. Es decir, es una conducta servil. Eso es vergonzoso". Es en estos términos que el miembro de la comisión política del PC Juan Andrés Lagos se refería al presidente Boric, quien no ha vacilado en calificar al régimen cubano como una dictadura.

Sin embargo, la doxa comunista encuentra su máxima expresión en dos tomas de posición, ambas protagonizadas por su líder máximo Lautaro Carmona. La primera de ellas consistió en una crítica velada al ex ministro de hacienda del presidente Boric Mario Marcel (cercano al socialismo), acusado de embobamiento por adscribir a la doctrina del “dios recurso” (Carmona), rehusando gastar en políticas sociales por razones de equilibrio fiscal. Esto revela no solo un ideal redistributivista, sino más profundamente una concepción comunista de la economía en donde los equilibrios importan poco y nada. Esto es muy relevante ya que detrás de la crítica a la economía como conjunto de políticas y como ciencia, lo que se aprecia en las palabras de Carmona es un afán por desbordar al capitalismo desbordando a su organización económica. Hay acá un tema muy profundo que bien vale la pena considerar: una tensión entre crecimiento económico y distribución, la que es trivializada por la doxa comunista sin entregar ningún tipo de consideración a la realidad de las cosas económicas (y a los resultados de experiencias económicas que hicieron caso omiso a la racionalidad de economías globalizadas). Es en este punto en donde se aprecia una distancia inmensa entre la utopía dóxica comunista y el realismo progresivo de los socialistas.

De lo anterior se sigue la amenaza de la movilización social, antes que el gobierno de José Antonio Kast asuma el mando de la nación. Qué duda cabe: todas las izquierdas se movilizarán en caso de que el nuevo gobierno de derechas busque reducir los derechos sociales. La diferencia es que la movilización social se ejecuta cuando las circunstancias lo requieren: no se anuncia cuando un nuevo Gobierno ni siquiera ha asumido. Hay algo ridículo en este tipo de anuncios: no solo por el enanismo del Partido Comunista de Chile (apenas el 5% de los votos en la última elección parlamentaria), sino porque alimenta la percepción de ambigüedad del comunismo chileno sobre la violencia que se asoció a la movilización social que tuvo lugar a partir de octubre de 2019 (el estallido social). Fue tal la ambigüedad de la izquierda comunista y frenteamplista ante la violencia social (con la complicidad pasiva de los socialistas), que amenazar con movilizaciones sociales antes de tiempo, es decir a destiempo, suena definitivamente a una amenaza que solo puede dañar a quienes la promueven.

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo

¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?

Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.

¿Por qué estás viendo esto?

Flecha

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.

Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.

¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.

En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.

Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.

Rellena tu nombre y apellido para comentarcompletar datos

Archivado En

_

Últimas noticias

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
_
_