Joel Olmos, alcalde de La Cisterna: “Aunque somos de izquierda, somos el municipio del orden”
Evangélico y progresista, el jefe de esta comuna del sur de Santiago habla de política y religión. Conoce a Judith Marín, ministra de la Mujer de Kast: dice que es de un sector integrista de la Iglesia evangélica, pero que “hay que esperar y ver qué hace”
Una bandera chilena luce en el escritorio del ingeniero civil Joel Olmos (Santiago de Chile, 43 años), alcalde La Cisterna, un municipio de clase media y popular de la zona sur de Santiago. En las paredes, se agrega una reproducción de la portada del diario La Nación del 4 de noviembre de 1970 (“Asumió el gobierno del pueblo”, con una foto de Salvador Allende saludando multitudes), así como una imagen de Julia Chuñil y un ideograma chino enmarcado, obsequio de los representantes de Pekín en Chile.
Súmense una banderita multicolor de la diversidad sexogenérica; un ejemplar de El libro de mormón; una keffiyeh, prenda tradicional de Oriente Próximo hoy identificada con la causa palestina; una pieza de cartón con la imagen de un detenido desaparecido junto a la leyenda “¿Dónde Están?” y a los colores del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR); una chapita del MIR, precisamente, junto a decenas de otras chapitas, muchas vinculadas a símbolos o hitos de las izquierdas chilenas, además de multitud de diplomas y galvanos, entre estos últimos uno conferido por la Asociación Chilena de Diálogo Interreligioso para el Desarrollo Humano (ADIR) a La Cisterna, una comunca de 105 mil habitantes en la que nació y aún vive el alcalde que ocupa esta oficina.
Tanta información por metro cuadrado permite asomarse a los mundos de Joel Olmos, que son hartos y variados, pero que confluyen hoy en un “nosotros”, señala. Es decir, en el proyecto de municipio comunitario con el que ganó la alcaldía de ‘la puerta sur’ de la capital chilena, como llama a La Cisterna, en las elecciones de 2021 y 2024: primero como independiente de izquierda, luego como militante de Acción Humanista, formación de la que fue el único alcalde y a la que renunció el en 2025 después de que esta fuese en una lista parlamentaria paralela a la de los principales partidos alineados con Jeannette Jara, la derrotada carta presidencial del oficialismo frente a José Antonio Kast.
Ese “nosotros” brota espontáneo cuando Olmos explica, sin abandonar la sonrisa recurrente, que el cuadro de Allende figura “para que la gente vea que pertenecemos a una sensibilidad política histórica”. También, cuando se precia de lo bien encaminado que está un hospital de US$ 250 millones que debería instalarse en este municipio para atender al sur de Santiago. Y si no, al destacar la baja en los índices delictivos de La Cisterna desde que participa en la Asociación de Municipios Seguridad Comunitaria (AMSC) junto a las comunas capitalinas de San Joaquín, Macul y San Bernardo.
Aclara, eso sí, que la primera persona del plural ya lo acompañaba de estudiante en la Universidad de Chile, cuando lideraba el Grupo Bíblico Universitario.
También en 2017, cuando concurrió, cuenta, a la formación del Frente Amplio, la coalición de nuevas izquierdas que hoy es un solo partido, y en la que milita el presidente Gabriel Boric. O al año siguiente, cuando era un cisternino más en la Plaza Cívica y una consultora “nos preguntaba si queríamos edificios de 14 o 17 pisos [plantas] en la comuna”. Dice que el entonces alcalde, Santiago Rebolledo, salió abucheado por la muchedumbre y que esta fue la primera vez que vio “una resistencia organizada contra el municipio”. Y, para el caso, contra toda idea de hacer edificios de gran altura, pues dice el hoy alcalde que ni él ni sus vecinos quieren ser “una nueva Estación Central”, a propósito de los guetos verticales que le ganaron triste fama a ese municipio santiaguino.
Hoy, el plan regulador municipal limita significativamente la altura de las edificaciones en Gran Avenida y otras vías de la comuna, pero según un reportaje de La Tercera, aun así la oferta excede la demanda, hay muchos departamentos sin habitar y la inversión inmobiliaria ya no es lo que fue. Con todo, el futuro ministro de Hacienda de José Antonio Kast, Jorge Quiroz, mencionó en el encuentro empresarial de Icare a La Cisterna como ejemplo de permisología que traba la inversión inmobiliaria.
“Hoy, en La Cisterna se paga por un arriendo casi lo mismo que en Ñuñoa o Providencia [comunas más acomodadas], mientras hay una gran cantidad de edificios vacíos. Entonces, ¿por qué queremos más edificios de altura acá?”, se pregunta el alcalde, que aboga por construcciones “a escala humana”: con un máximo de cinco a ocho pisos, incluyendo viviendas sociales, aunque consciente de que algún criterio del poder central, llegado el minuto, podría pasar por encima de la regulación de esta comuna de 10 kilómetros cuadrados.
Eso, por un lado. Por otro, asoma el alcalde que se alía con otros municipios y con Carabineros para combatir la delincuencia, en particular la vinculada al comercio ambulante ilegal, que hasta hace no mucho campeaba a lo largo de Gran Avenida, así como en la estación intermodal La Cisterna del Metro de Santiago, donde se vivieron violentos episodios destacados en noticiarios y matinales de televisión. “A pesar de ser un municipio de izquierda, somos el municipio del orden”, afirma Olmos, quien también acusa amenazas de comerciantes desplazados. Y lo dice como quien ya ve venir algún fruncimiento de ceño entre los propios ante el rescate de un concepto más valorado por conservadores que por progresistas, el orden, pero que en Chile ha tenido un revival después del estallido social de 2019 (que Olmos prefiere llamar “revuelta popular”).
Ahora, ni una cosa ni la otra son obstáculos a la hora de las reafirmaciones políticas. Por algo Olmos destaca su participación, junto a sus contrapartes de Cerro Navia, Pudahuel, San Joaquín, Recoleta, El Bosque y Lo Espejo, en un colectivo de alcaldes de izquierda. En tiempos en que los municipios siguen teniendo mejor evaluación ciudadana que el Parlamento, no es mala idea tener resonancia nacional.
El caso de Judith Marín
Evangélicos. Así es como llaman en Chile a los cristianos que no profesan el catolicismo. Y si le preguntan por su adhesión religiosa -aunque él tiende a preferir el adjetivo “espiritual”-, así se define Olmos. Ahora, si se le pide precisar denominaciones, cuenta que durante “muchos años” fue bautista, pero que “en términos teológicos” se identifica “mucho más con el sector luterano”.
Para quien se recuerda a sí mismo como “líder evangélico y líder de izquierda” en sus años universitarios, la tensión entre la fe y la política no es un problema. Y si lo es, añade, “se supera cuando se entiende que las religiones y las espiritualidades son formas de construir caminos de paz”. Ahora, si bien asume que en Chile y otros países sudamericanos la población protestante se inclina a la derecha, ofrece ejemplos en sentido contrario, partiendo por el del pastor luterano Helmut Frenz, quien se jugó por los perseguidos políticos tras el golpe de 1973 mientras las demás iglesias evangélicas apoyaban a Augusto Pinochet.
¿Y qué tambores escucha primero, dado el caso? Pareciera que los de la política, al menos si se le pregunta por la ministra de la Mujer y Equidad de Género designada por Kast: Judith Marín. Evangélica pentecostal, exdirigente estudiantil, militante del Partido Social Cristiano (PSC) y que cree que Chile vive una crisis moral.
Olmos, quien conoce a Marín “hace años”, pide que se le otorgue “el beneficio de la duda”: esperar y ver qué hace. Sin embargo, no tiene las mejores expectativas: “Lo que veo en Judith es que, más allá de que sea evangélica y mujer -porque hay machismo en la política-, representa un sector de la Iglesia evangélica que es integrista, que quiere imponerles cosas a los demás. Nosotros no estamos en el mundo evangélico para ocupar el Estado como un espacio de proselitismo, sino para aportar a la convivencia social”.
Porque si Marín “va a plantear algo distinto a lo interreligioso y trata de imponer una espiritualidad personal en la política pública”, advierte el alcalde, “eso va a terminar mal”.
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