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Crítica Literaria
Crítica

‘En todo hay una grieta y por ella entra la luz’: una fábula sobre el reencantamiento del mundo

Patricio Pron renueva con esta novela su compromiso con un estilo cuya inteligencia, provocadora constante de ideas, es compatible con una emoción intensa

El poeta, ensayista y filósofo rumano-judío Benjamin Fondane (18989-1944).ALAMY / CORDON PRESS

Un escritor se traslada a Nueva York para cumplir con el encargo de escribir un libro (en principio, una biografía) acerca de Benjamin Fondane, un personaje fascinante, poeta y cineasta, discípulo de León Chestov (ambos, Fondane y Chestov, están siendo rescatados en castellano por Hermida Editores: les garantizo que el segundo es espléndido, al primero pienso leerlo de inmediato). El escritor logra producir un único párrafo, largo y denso, sobre la vida y la obra de Fondane, y luego no consigue avanzar más, porque lo asaltan un intenso dolor físico y un “acontecimiento” (un término que me recuerda a la “situación” de Kierkegaard, no en vano Chestov fue el mejor lector del filósofo danés y hay algo de existencialismo renovado o en eco en las páginas que comento hoy). No, no avanza más en la escritura el narrador, aunque en realidad sí que lo hace, a lo largo de siete largas notas a pie de página que, de hecho, acabarán por constituir los siete capítulos de la nueva novela de Patricio Pron (Rosario, 1975), En todo hay una grieta y por ella entra la luz, excepcional, arborescente y con un final de trascendencia esperanzada que no creo que vaya a olvidar jamás.

Como le corresponde a un gran libro, es difícil someter esta novela a una síntesis en forma de reseña, y probablemente no sea deseable. En él, Pron nos recuerda que la cartografía, los mapas, son una forma de violencia, un intento de someter el territorio a directrices que le son ajenas, que lo deforman y traicionan y someten y, en último término, lo aniquilan. Y me pregunto ahora si una reseña no aspira a ser un pequeño mapa, ¿verdad? Sea como sea, digamos que En todo hay una grieta y por ella entra la luz renueva el compromiso del autor con un estilo cuya inteligencia, provocadora constante de ideas, es compatible con una emoción intensa (alguna de estas páginas contiene los pasajes más hermosos que leerán este año acerca del amor con sus malentendidos, sus choques con el individuo, la soledad o la expectativa), del mismo modo que su sintaxis compleja convive con la hipnosis narrativa: aquella persona que sea una lectora atrevida no podrá abandonar este relato que se despieza en derivadas múltiples.

En última instancia, estamos ante una fábula sobre el reencantamiento del mundo. Y si alguien escribe sobre ese asunto, entonces es que también lo está haciendo sobre la tecnificación del mundo, sobre la desconexión del individuo respecto de la naturaleza y de la sociedad respecto de la tierra. No digo “fábula” en vano: aquí hay un animal sagrado y, de algún modo que no debe sonrojarnos, también algo vaga y sofisticadamente parecido a una moraleja. Ahora bien, Pron establece un marco histórico riguroso, con la presidencia de Donald Trump (y, secundariamente, la muerte en paralelo de Jimmy Carter) en primer plano, y lo contemporáneo al fondo, desde la segunda guerra mundial hasta Gaza, como el paisaje de los cuadros que su narrador examina en distintos museos, en los que el fondo es en realidad lo más esencial.

Este libro habla de miedo, de los síntomas que experimenta un cuerpo enfermo, de la condición del escritor en un momento en que la literatura no parece ser comprendida ni esperada por nadie, de las palabras y su funcionamiento. Habla, desde luego, del tiempo con sus mecanismos, de las trampas de imaginar inamovibles el pasado y el futuro. Sobre todo, habla justamente de lo que anuncia su fabuloso título (los títulos de Pron son siempre larguísimos, tal vez en parte por juego o fetiche, pero también por necesidad): en todo (el amor, el tiempo, el dolor, el cuerpo, el planeta, la familia, la ciudad, el horror, el miedo, la obsesión, la escritura, la parálisis que no le permite escribir un libro sobre Benjamin Fondane) hay una grieta porque todo es parte de todo, y esa grieta es la única posibilidad que importa.

En todo hay una grieta y por ella entra la luz

Patricio Pron
Anagrama, 2026
232 páginas. 18,90 euros

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