Muere Raúl Guglielminetti, uno de los mayores torturadores de la dictadura argentina
El represor estuvo prófugo en España y fue extraditado en 1985. Cumplía cadena perpetua en su domicilio, condenado por múltiples crímenes de lesa humanidad

El represor argentino Raúl Guglielminetti, reconocido por sobrevivientes de centros clandestinos de detención como autor de secuestros y múltiples torturas durante la última dictadura militar, murió a los 84 años en su casa de la localidad de Mercedes, a 100 kilómetros de Buenos Aires. Se le había concedido la prisión domiciliaria en septiembre pasado por el deterioro de su salud. Hasta entonces, permanecía preso en la cárcel de Ezeiza, donde en julio de 2024 recibió, junto a otros condenados por delitos de lesa humanidad, la visita de diputados de La Libertad Avanza, el partido de Javier Milei.
Guiglielminetti se desempeñó como personal civil de inteligencia del Ejército, inicialmente recolectando información. A comienzos de los años 70 se presentaba como periodista, pero distintas agrupaciones políticas de izquierda ya lo identificaban como personal infiltrado. Actuó como represor en al menos seis centros clandestinos de la ciudad de Buenos Aires, donde fue señalado por sobrevivientes como un torturador encarnizado. En el marco del Plan Cóndor, a partir de 1978, condujo el Grupo de Tareas Exterior (GTE), que organizó la colaboración de la dictadura argentina con las de Centroamérica y a principios de los ochenta se dedicó a los secuestros extorsivos.
Tras el retorno a la democracia, causó un gran revuelo al ser identificado en una foto como custodio del entonces presidente Raúl Alfonsín. Luego de ese episodio escapó a España. Seis meses después fue detenido en el aeropuerto de Barajas y extraditado a la Argentina, donde afrontó un juicio por el secuestro y homicidio del industrial Emilio Esteban Naum. Desde entonces enfrentó numerosos procesos judiciales y condenas, sin embargo su detención definitiva fue en 2006, en el marco de la reactivación de los juicios por delitos de lesa humanidad en Argentina. Fue condenado a prisión perpetua por crímenes cometidos en el circuito de centros clandestinos de detención Atlético-Banco-Olimpo, en Orletti, y en las causas Chavanne-Grassi, La Escuelita de Neuquén y Superintendencia de Seguridad Federal (SSF).
De acuerdo con los registros de la Procuraduría de Crímenes contra la Humanidad, en Argentina 1.208 personas fueron condenadas por crímenes de lesa humanidad desde 2006, en el marco de las 357 sentencias dictadas en todo el país. Actualmente, cerca de cumplirse 50 años del golpe militar del 24 de marzo de 1976, se encuentran 349 causas abiertas.
Guglielminetti es recordado por detalles escabrosos como las entrevistas que daba en los años 80 a revistas argentinas, en las que reivindicaba sus acciones y posaba junto a su colección de esvásticas. “No soy nazi ni mucho menos. Yo tengo las esvásticas porque me gustan como diseño”, alardeaba en un reportaje de 1986 en la revista Gente, según reconstruye la periodista especializada en derechos humanos Luciana Bertoia. Nunca manifestó arrepentimiento ni colaboró con información para dilucidar los crímenes de la última dictadura o restituir la identidad de los bebés apropiados. “Nunca dijo dónde están los cuerpos desaparecidos ni nuestras hermanas y hermanos. Ni olvido ni perdón”, publicó la agrupación de derechos humanos H.I.J.O.S Capital en X.
En la visita que le realizaron diputados de La Libertad Avanza a un grupo de genocidas detenidos, él fue el encargado de entregar un sobre con propuestas para que se los beneficiara con la prisión domiciliaria a partir de los 70 años. Si bien la propuesta no avanzó y la salida a la luz de la visita de los legisladores generó un gran repudio en el país, el exespía terminó sus días en su hogar, al cuidado de su esposa y una hija.
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