Juan Gabriel Tokatlian: “Si Perú, Colombia y Brasil van por derecha en las elecciones, EEUU tendrá al grueso de América Latina disciplinada”
El académico argentino, especialista en relaciones internacionales, advierte sobre el alineamiento creciente de la región con Trump e identifica un “quiebre dramático del derecho internacional” que podría arrojarnos a territorio desconocido

En 1950, el célebre diplomático y estratega estadounidense George F. Kennan —recordado como el arquitecto de la llamada doctrina de la contención frente a la Unión Soviética— envió un memorándum al secretario de Estado con una advertencia cruda: Estados Unidos debía adoptar una postura mucho más dura frente a las regiones donde crecían simpatías comunistas. En particular, sostenía que Washington tenía que subrayar sin ambigüedades su condición de gran potencia, dejando en claro que necesitaba mucho menos a los países de América Latina que ellos a él. Y que, si no cooperaban, serían disciplinados. Con Donald Trump por segunda vez en la Casa Blanca, esa lógica de dominación y disciplina parece haber encontrado una nueva vida. Y, según advierte el sociólogo argentino especializado en relaciones internacionales Juan Gabriel Tokatlian, empieza a traducirse en avances concretos.
Este sábado, doce mandatarios latinoamericanos peregrinarán a Miami para participar de Escudo de las Américas, una cumbre de aliados convocada por Trump en un club de golf de su propiedad. “Estados Unidos ha entendido que es posible unificarlos, coordinarlos. Es posible que su proyecto ahora encuentre una oportunidad”, resume Tokatlian, profesor de la Universidad Torcuato Di Tella y autor de Consejos no solicitados sobre política internacional (Siglo XXI).
Pregunta: ¿Cree que esta nueva guerra iniciada por Estados Unidos e Israel contra Irán se encerrará en Oriente Medio o podría convertirse en un conflicto global?
Respuesta: Es muy dudoso que este conflicto se ramifique a otras regiones. Si bien hay en la vecindad próxima otra serie de conflictos no resueltos, no hay una interconexión entre ellos, en buena medida porque hay otro conjunto de actores extrazonales que no están interviniendo ni pretenden intervenir en materia militar, que son Rusia y China. Lo que está haciendo Estados Unidos, más allá de acompañar la solicitud que le extendió Netanyahu de comprometerse nuevamente en atacar Irán, no parece ajustarse a un plan estratégico. Parece cambiar tácticamente día por día respecto de sus objetivos y está dispuesto a seguir escalando. En ese sentido, en la vecindad próxima, sin duda el conflicto ya tiene una dimensión zonal mucho más grande que la que tuvo en junio del año pasado. Ahora, si lo miro con un lente aún mayor, éste es un conflicto que revela quizá como ningún otro —desde la invasión rusa a Ucrania, desde el ataque de Hamás al sur de Israel y la retaliación feroz del gobierno de Netanyahu, hasta Irán 2025— un quiebre dramático del derecho internacional.
P: ¿Qué quiere decir con eso?
R: En primer lugar, ninguno de los dos actores que iniciaron esta acción militar buscó algún nivel de legitimación internacional. No pudieron invocar la legítima defensa, alegando que había evidencia de que serían atacados. Y, por lo tanto, este era un test global importante de cómo los países se iban a comportar respecto al derecho internacional. Y aquí fue dramático, porque en el mismo día de los hechos el Reino Unido, Francia, Alemania emiten un comunicado en el cual ni siquiera nombran el ataque ni el agresor y es un comunicado de cuatro párrafos dirigidos contra Irán. Pocas horas después, el secretario de la OTAN, Mark Rutte, felicita a Estados Unidos y a Israel por la medida militar, sin siquiera mencionar que hay algún principio de legalidad en juego. Cuando se hace el debate en el Consejo de Seguridad, sí hubo exposiciones críticas, pero lo más llamativo es que no hubo la posibilidad de redactar una resolución al menos deplorando el evento. Ni Rusia, ni China buscaron dejar constancia de que había sucedido algo respecto al derecho internacional. Si leo el comunicado de India, también veo que es un comunicado muy suave. Y Milei, entre otros, aparece respaldando directamente la acción. Quiero decir que este acontecimiento puede ser el inicio de la sepultura del derecho internacional tal cual lo conocemos en términos del uso de la fuerza, su legalidad y su legitimidad.
P: ¿Qué consecuencias puede tener este quiebre de reglas, a qué abre la puerta?
R: A que la arbitrariedad de los poderosos sea la norma. Y que los propósitos sean, a nivel regional o global, de sumisión. Es decir, ya no es una cuestión de que falló el multilateralismo —que falló nuevamente—, falló una arquitectura que nos guió desde 1945 en adelante. Y cuando uno borra el papel del derecho internacional como una forma de convivencia, entra en una terra incógnita.

La inernacional reaccionaria
Tokatlian describe el avance de una “internacional reaccionaria”, un articulado transnacional que se nutre de think tanks y de magnates que movilizan recursos en función de un proyecto político que promete restaurar un supuesto pasado glorioso. Aunque líderes como Kast, Milei o Trump tienen estilos y contextos distintos, comparten un lenguaje político similar y forman parte de una misma familia ideológica que se expande globalmente.
P: Este sábado gran parte de los presidentes latinoamericanos llegarán a Miami a ver al “tótem” de la internacional reaccionaria, como describe usted a Trump.
R: Esa reunión es la expresión de que Estados Unidos ha entendido que es posible unificarlos, coordinarlos. Es posible que su proyecto —expresado en la estrategia de seguridad nacional y la estrategia de defensa nacional de alinear y disciplinar a América Latina— ahora encuentre una oportunidad. Y si en abril Perú va por derecha; si en mayo vuelve la derecha Colombia y si en octubre gana la derecha otra vez en Brasil, tendrán prácticamente el grueso de esta región totalmente disciplinada. Si este proceso resultase, habría que ir prácticamente a los 60 y 70, cuando la mayoría de los gobiernos de la región estaban alineados con Estados Unidos por razones de combatir contra el comunismo y por razón de que había gobiernos militares. Ahora los tenemos en democracia, no están combatiendo contra nadie, pero van a estar ideológicamente mucho más alineados.

P: Trump tiene su ejército voluntario en Latinoamérica.
R: Esa es una buena forma de ponerlo. A esta internacional reaccionaria hay que pensarla como un proyecto con recursos, con contactos. Acá hay unos tipos que tienen muchísimo dinero, que son magnates, que además tienen una estructura organizativa vía think tanks, que además adoctrinan muy bien, que están jugando un juego a mediano y largo plazo.
P: ¿Y qué quieren?
R: Poder. Reorganizar las sociedades. Cuando Milei y otros, incluido Trump, hablan de batalla cultural, evidencian algo más profundo que una lucha política, porque cambiar una cultura toma muchas décadas, posiblemente siglos.
Milei y una cancillería irrelevante
P: Argentina ya sufrió dos atentados terroristas, cuya autoría se vincula a Irán. ¿Estar tan pegados a Estados Unidos e Israel en este momento expone a Argentina a un riesgo que no le corresponde?
R: Si uno piensa qué sucedió en el pasado, aparece que Argentina sumó un listado de cosas que nos pusieron en la mira de países en conflicto: por ejemplo, el plan misilístico argentino de los 80, el hecho de haber sido el único país latinoamericano en sumarse a la guerra a Irak en el 91. Cuando los actores de la zona buscaron un flanco débil, ese flanco débil era Argentina. Esa visión desmesurada de una Argentina, la idea de que podía convertirse en un jugador significativo por lo que hiciera o por lo que dejara de hacer, ya nos mostró que nos metíamos en un lugar peligroso. ¿Estoy queriendo decir que ahora se van a repetir estos atentados terroristas? No. Lo que estoy diciendo es que ésta es una Argentina aún más débil y vulnerable que aquella y asume compromisos como si fuera un actor que controla a actores claves en Medio Oriente.

P: ¿Ve una estrategia clara, alineada con los intereses nacionales, en la política exterior de Milei?
R: Yo creo que el gobierno de Milei tiene una visión del mundo anacrónica, que no tiene matices ni la suficiente flexibilidad. No contempla que hay temas en los cuales Argentina tenía un prestigio que debía seguir preservando, que hay socios históricos a los cuales no podemos seguir maltratando, como Brasil. El ejemplo simbólico de esto es que se logra la liberación de un gendarme argentino en Venezuela por medio de una organización deportiva, porque el gobierno se negaba a negociar con las autoridades de ese país por razones dogmáticas.
P: ¿Esta visión anacrónica que tiene Milei es que le basta con ponerse detrás del escudo del más poderoso?
R: Creo que la idea es: yo secundo a Estados Unidos, que es vital para mi existencia como proyecto político.
P: Que, en rigor, ha demostrado serlo. Milei salvó el pellejo antes de las elecciones de octubre pasado por el auxilio que le dio Trump de 20.000 millones de dólares.
R: Sí, él ahí tiene un punto. En su criterio, para la sustentabilidad de su proyecto político solamente necesita a Estados Unidos. Hace un tiempo le pregunté a un embajador cómo le estaba yendo con las relaciones con Argentina y me dijo que no sabía, porque era parte “de los 191 países”. Se refería al grupo de países por fuera de Estados Unidos y de Israel con el que el gobierno de Milei directamente no se relaciona. “No sabemos si somos amigos de Argentina, enemigos, si nos repudia, si nos registra”, decía. Si esto sirve para la preservación de un gobierno y de una coalición gobernante, uno puede decir a dos años vista que eso lo ha logrado. ¿Eso significa defender los intereses nacionales? No, no es lo mismo.
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