Mirla Pérez, socióloga venezolana: “El éxodo migratorio produjo la ruptura emocional de la población con el chavismo”
La investigadora afirma que la transición a la democracia en Venezuela “comenzó en julio de 2024”, y asegura que el divorcio de la población con el régimen es un hecho consumado

Durante más de tres décadas, en los barrios venezolanos se ha estado registrando algo más que datos: emociones, vínculos y formas de sobrevivir en medio de la precariedad. En ese territorio cotidiano, el Centro de Investigaciones Populares se convirtió en un observatorio privilegiado para entender cómo piensa y siente en las zonas más populares.
Una de las investigadoras que ha acompañado ese proceso es Mirla Pérez. Su trabajo ha estado centrado en seguir la evolución emocional de quienes habitan las zonas más empobrecidas del país —un poco más de la mitad de la población—, a través de estudios cualitativos sostenidos en el tiempo: grupos focales, entrevistas en profundidad y monitoreos periódicos que permiten captar cambios sutiles pero decisivos.
Con el tiempo, el trabajo del centro trascendió el ámbito académico: sus lecturas sobre el comportamiento social sirvieron de referencia para élites, analistas y medios de comunicación interesados en entender la orientación de las mayorías en distintos momentos del país.
Pregunta. ¿Cómo interpreta el momento político actual la población venezolana más empobrecida?
Respuesta. La situación económica de las capas bajas de la población venezolana es ahora muy difícil. Si en las clases medias están luchando por no dejar de comer carne, la gente pobre no tiene qué comer. Este es un fenómeno reciente; en las últimas décadas, incluso con Hugo Chávez, mal que bien, en los barrios se comía. La gente no se muere de hambre porque los lazos solidarios siguen siendo muy fuertes en esos entornos, familiares, vecinales y religiosos. Contrariamente a lo que se cree, a la gente no le gusta depender de las ayudas oficiales. La gente las usa porque no consigue trabajo.
P. ¿Cuál es el arraigo actual del estado comunal en estos espacios, que fueron fuente de poderío electoral para el chavismo?
R. El estado comunal fue ingresando a la realidad de las barriadas venezolanas en 2006. Se fue perfeccionando con los años, pero ese diseño nunca encajó del todo en la realidad de las barriadas, cuya vida es comunitaria, no comunal. El modelo comunal terminó imponiéndose, y la vida comunitaria de las barriadas, pues sirviéndose de ellas en principio, instrumentalizando algunos de esos ofrecimientos de corte ideológico. Pero a la gente siempre le importaba que estos diseños comunales no interfirieran en su manera de vivir. Eso, y la crisis económica, hizo que muchas personas comenzaran a alejarse de estos ensayos. La participación comenzó a disminuir lentamente, hasta que llega el 2024, el año de las elecciones presidenciales, en el cual a todo el mundo le quedó claro cómo el llamado Poder Comunal fomentaba la delación, la represión y el control político.
P. ¿A partir de qué momento aprecia usted que comenzó a apagarse el fervor popular del chavismo?
R. En 2018-2019, esos espacios del Poder Comunal ya eran cascarones vacíos, espacios sin arraigo. Pequeños grupos aislados; en algunos casos armados.
P. ¿Cómo resumiría usted el pensamiento, las aspiraciones de la mayoría de los venezolanos que viven en la pobreza?
R. El éxodo migratorio influyó mucho en el quiebre del vínculo que existía con el régimen. La construcción “mis hijos se fueron por el chavismo” es un sentimiento muy presente. Esa es una primera brecha de dolor, y va a condicionar el resto de las percepciones. 2014, 2017, 2019 fueron años con mucha violencia en los que está sembrada la memoria del dolor. Luego está este liderazgo de María Corina Machado a partir de 2023, que comienza a recorrer el país y despierta una expectativa muy grande. En ese año, y en 2024, se produce, otra vez, una participación masiva de la población en la política.
P. ¿Que Machado sea una persona de las clases altas no genera un muro entre ella y los sectores pobres?
R. No, ya no.
P. ¿Se percibe alguna nostalgia entre la población con la Venezuela superavitaria del siglo XX?
R. En los últimos estudios que hemos hecho, la gente habla de un renacer. De una nueva Venezuela, de empezar de nuevo. Es un sentimiento anclado al resultado de las elecciones presidenciales de 2024, la reconstrucción nacional. El pasado es un punto referencial, pero a la gente le interesa proyectar el futuro.
P. ¿Hay una percepción clara sobre la xenofobia que sufre el venezolano en Sudamérica?
R. Sí, claro. En los barrios de la periferia de Caracas todavía hay muchísimos inmigrantes colombianos. Muchos se han devuelto, pero otros siguen en el país; hay muchas familias entremezcladas. Ocurre lo mismo con peruanos y ecuatorianos, aunque en menor medida. Todos esos comentarios circulan.
P. ¿Hay esperanza entre la población de un pronto cambio político?
R. Es un anhelo. La transición a la democracia en el país en realidad comenzó en 2024, independientemente de lo que se diga en las zonas de poder y lo que digan los políticos. Comenzó como un fenómeno social, cotidiano, popular. Aquella decisión electoral es lo que está marcando este acontecer de hoy.
P. En muchos dirigentes chavistas puede palparse una esperanza de reconectar con la población en términos de arrastre popular, de volver a los buenos tiempos. Incluso hay gente que teme que el aumento del ingreso petrolero ayude a Delcy Rodríguez. ¿Usted ve eso posible?
R. Es difícil. El vínculo está roto. La socioantropología nacional es relacional, matricentrada. Los vínculos personales y emocionales son muy importantes. Cuando en las comunidades los vínculos se quiebran, eso no se reconecta. La estructura oficialista existe, pero está al margen del sentimiento popular. El modelo comunal que desarrolla el régimen no privilegia el liderazgo; se habla de jefes. Jefe de comunidad, de calle, de comuna. Es una dimensión que exige la obediencia.
P. ¿Qué percibe la población sobre el liderazgo del resto de la oposición?
R. Es muy mala también. Hay una apuesta muy clara por María Corina, muy nítida. A veces aparece Primero Justicia, pero sobre todo por Juan Pablo Guanipa.
P. ¿Cómo se informa el venezolano, tomando en cuenta los niveles de censura del país?
R. La gente sencilla suele estar interesada en enterarse de las noticias. El primer medio al cual acuden es el WhatsApp. Para las relaciones personales, para hablar con los familiares afuera, para saber qué está pasando. También se usa mucho TikTok y Facebook. La radio ahora mucho menos, por la censura.
P. ¿Se ve el regreso de la democracia, más allá incluso del propio cambio político, como un horizonte a conquistar entre la gente?
R. Sí, claro, y además conseguir trabajo, tener sueldos. La gente no quiere las cosas gratis y que funcionen mal. Prefiere pagar los servicios y tenerlos. En este momento, en muchas zonas empobrecidas de Venezuela, la gente está yendo al colegio solo dos veces a la semana por la destrucción de las escuelas públicas y la migración de los profesores. Muchas personas de barriadas pobres contratan profesores particulares, buscan tareas dirigidas para mejorar por cuenta propia la educación de sus hijos.
P. ¿Tienen alguna evidencia de cómo evaluó la población los sucesos del 3 de enero, en los cuales se produjo el arresto de Maduro?
R. En nuestros estudios, lo que recogemos es el alivio por la oportunidad de la apertura política, la tranquilidad del actual momento.
P. ¿Existe el resentimiento de clases, el rencor en la zonas populares con las clases pudientes en el país?
R. No, eso quedó atrás ya, en realidad nunca caló del todo.







































