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‘Aún es de noche en Caracas’: la película sobre la herida que la represión de Maduro provocó en Venezuela

Basada en el éxito literario ‘La hija de la española’, el largometraje presenta una mirada íntima y descarnada sobre la crisis venezolana desde la piel de una sobreviviente

Fotograma de la película 'Aún es de noche en Caracas'.CEDIDA

La represión con la que el régimen de Nicolás Maduro marcó la vida de los venezolanos encuentra en Aún es de noche en Caracas una de sus recreaciones más contundentes hasta la fecha. El nuevo largometraje de Mariana Rondón (Barquisimeto, 1966) y Marité Ugás (Lima, 1963) se inscribe en una filmografía que ha hecho del cine político no tanto un espacio de denuncia directa, sino un dispositivo para observar cómo las grandes fracturas históricas se filtran en la vida privada. El dúo, que en 2013 ganó la Concha de Oro en San Sebastián por Pelo malo, viene de estrenar Zafari, una distopía sobre el hambre y la supervivencia, y ahora proponen una suerte de contracara de este proyecto. “Nos gusta ver esta nueva película como el lado B de la anterior”, comentan las directoras en entrevista telefónica con EL PAÍS.

El guion de la cinta es una adaptación del bestseller La hija de la española, la novela de la escritora venezolana Karina Sainz Borgo lanzada en 2019 y traducida a más de 20 idiomas. La historia sigue a Adelaida —interpretada por la actriz colombiana Natalia Reyes—, quien busca huir desesperadamente de un país sumido en el caos. Tanto el libro como la película retratan las protestas sociales vividas en Venezuela en 2017, las que se extendieron durante cuatro meses y dejaron un saldo de más de 120 fallecidos, 5.000 detenciones y miles de heridos.

Mariana Rondon y Marite Ugas, directoras de la palícula "Aún es de noche en Caracas".

La trama se pone en marcha con la muerte de la madre de la protagonista. Tras el funeral, esta regresa a su apartamento y lo encuentra ocupado por un grupo de mujeres leales al régimen, que la expulsan sin más. Se refugia en la vivienda contigua, pero encuentra a su vecina muerta. A partir de este momento, la película se sumerge en una pesadilla que desdibuja los límites entre la realidad y la ficción. Adelaida compartirá su encierro con un joven en el que no puede confiar y se verá forzada a cambiar de identidad para salvarse.

“Si bien la historia está contada en un tono distópico, hicimos mucho hincapié en incorporar material de archivo de las protestas de 2017 porque nos parecía fundamental dejar constancia de los hechos. También queríamos provocar un estado de ansiedad sostenido, que el espectador sintiera en carne propia lo que implica quedar atrapado en un régimen tiránico. La novela de Karina también se abre a una dimensión nostálgica de la Venezuela perdida; eso tuvo que quedar fuera de la película, aunque aparecen algunas pinceladas”, explica Rondón.

La historia difícilmente podría llegar en un mejor momento. Tras la intervención militar de Estados Unidos en Venezuela el pasado 3 de enero —una operación que derivó en la captura de Nicolás Maduro y reconfiguró el escenario político del país—, el debate sobre el futuro de la nación sudamericana ha vuelto al centro de la conversación internacional. En ese contexto, Aún es de noche en Caracas se estrenó en Netflix —plataforma que coproduce el proyecto junto a Redrum y el actor venezolano Edgar Ramírez— a finales de marzo, y en pocos días se ubicó entre las películas de habla no inglesa más vistas en países como Argentina, Chile, Colombia, Perú, Uruguay y República Dominicana. En Venezuela, se ha mantenido durante dos semanas en el primer puesto. No es casual: una de las principales aspiraciones del proyecto ha sido traducir para el gran público la magnitud de lo ocurrido.

“Llevamos varias semanas de gira internacional y el encuentro con la diáspora venezolana ha sido especialmente conmovedor. La película ha sido recibida con un entusiasmo enorme. Pero más allá de los propios venezolanos, creemos que este relato puede ayudar a dimensionar cómo fue posible que más de ocho millones de personas se vieran forzadas a abandonar su país, una de las mayores crisis migratorias recientes (...) Estamos contando una historia en la que la maldad y la tiranía no están encarnadas en nadie en específico. Si ahora ocurrió en Venezuela, antes fueron otros los países afectados. Lo importante es el recordatorio de que no se repita el error”, agregan las directoras.

Rodada íntegramente en locaciones de Ciudad de México, donde se recrearon los apartamentos de la clase media caraqueña de los años setenta y ochenta, incluido el emblemático suelo del aeropuerto diseñado por Carlos Cruz-Diez, la película se ha convertido en un espejo incómodo para el poder. Durante un conversatorio en el Festival de Cinema Llatinoamericà de Barcelona, el director venezolano y cónsul general en esa ciudad, Carlos Azpúrua, acusó a cineastas de la diáspora —entre ellas, Mariana Rondón— de “mercenarios”. “Estábamos en un Q&A y pidió la palabra. Acto seguido, nos dio la espalda para lanzar ataques personales y políticos sin referirse nunca a la película. Se presentó como funcionario del Estado venezolano para robarse un show que no le pertenecía. La gente lo dejó hablando solo y abandonó la sala”, recuerda la cineasta sobre un episodio que se viralizó en redes sociales.

Fotograma de la palícula "Aún es de noche en Caracas".

A diferencia de Simón, el largometraje de Diego Vicentini que retrata la detención y tortura de jóvenes durante las protestas de 2017 —que sí logró estrenarse en salas venezolanas—, Aún es de noche en Caracas no ha corrido la misma suerte. A la película le ha sido negada “la nacionalidad”, un requisito indispensable para su exhibición comercial en el país. “Si hay una película que no le gusta al Centro Nacional de Cinematografía, simplemente no le otorgan el certificado de aprobación nacional. Sin ese documento, no puede proyectarse. Y esto está ocurriendo incluso con películas rodadas dentro de Venezuela”, explica Ugás.

Finalmente, las directoras de este relato político sobre los daños causados por el chavismo se muestran cautelosas al referirse al futuro de Venezuela tras la caída de Maduro y el inicio de un proceso que aún no ofrece señales claras de una transición democrática. “La situación sigue siendo compleja y opaca. Para muchos venezolanos —entre los que me incluyo— es urgente que se libere a los presos políticos: resulta incomprensible que todavía haya tantos encarcelados. La verdad es que falta mucho para ser optimista. En referencia al nombre de la película, aún falta para ver el amanecer”, concluyó Rondón.

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