Lula confirma que Alckmin volverá a ser su candidato a vicepresidente en las elecciones
El presidente de Brasil buscará en octubre un cuarto mandato con el político de centro-derecha como número dos


El presidente Luiz Inácio Lula da Silva, 80 años, es un veterano con aversión a las aventuras o la improvisación. Partidario siempre de no tocar aquello que funciona. Siguiendo esa lógica, este martes ha confirmado que concurrirá a las próximas elecciones de octubre con su actual vicepresidente, Geraldo Alckmin, 73 años, como número dos de nuevo. El suyo es un matrimonio de conveniencia entre dos políticos que fueron adversarios durante décadas y a los que unió en 2022 el temor a que Jair Bolsonaro dinamitara la democracia brasileña. La unión entre el líder de la izquierda brasileña y el antiguo dirigente del centro-derecha funciona.
El anuncio era esperado porque, con el tiempo, ambos desarrollaron una evidente complicidad. “El compañero Alckmin tendrá que dejar el Ministerio de Industria y Comercio porque se presenta de nuevo como candidato a la vicepresidente de la República”, anunció el mandatario en un encuentro ministerial en Brasilia. La reunión del Gabinete era en realidad una despedida de la mitad de los ministros, que tienen que dejar el cargo por ley porque concurren a las elecciones generales de octubre.
Alckmin ha simultaneado su cargo como vicepresidente con el de ministro de Industria y Comercio. El primero le ha llevado a asumir el poder durante los múltiples viajes del presidente al extranjero y a representarlo en algún evento internacional. Y como ministro tiene un papel importante, junto a la cancillería y el Ministerio de Finanzas, en las duras negociaciones con la Administración Trump por la guerra arancelaria emprendida por el republicano.
Lula ha alabado públicamente a menudo la lealtad de Alckmin, al que derrotó en las presidenciales de 2006. Antes y después de aquellos comicios, sumó cuatro mandatos como gobernador de São Paulo. La invitación del líder del Partido de los Trabajadores al entonces dirigente del PSDB (el Partido Socialdemócrata Brasileño) conmocionó a los que los vieron toda la vida como adversarios. Alckmin le aporta a Lula intimidad con el poder económico —en el que un sector nunca ha confiado en él—, y una imagen de moderación que logra atraer a las clases medias blancas, recelosas del izquierdista,
La próxima campaña electoral ha precipitado la salida de 18 de los 38 ministros, incluidos el de la Casa Civil (una especie de primer ministro), la de Relaciones Institucionales (encargada de las relaciones con el Congreso). Fernando Haddad dejó recientemente el Ministerio de Hacienda para aceptar, tras resistirse, ser candidato a gobernador de São Paulo —una ardua carrera—. Salen también las titulares de Medio Ambiente, Marina Silva; Pueblos Indígenas, Sonia Guajajara, o Igualdad Racial, Anielle Franco, entre otros.
Lula ha decidido que todos ellos sean sustituidos por miembros de sus equipos mientras reserva energías y capital político para montar las candidaturas a la Cámara de Diputados, el Senado y los Estados, además de la suya.
El presidente de Brasil les ha dicho a los ministros salientes que tienen “misiones importantes” en los próximos meses antes de lamentar el estado actual de la política: “La política ha empeorado mucho. Hoy en día todavía hay mucha gente seria que se dedica a la política con P mayúscula, pero lo cierto es que, en muchos casos, la política se ha convertido en un negocio. Cualquiera que se presente a un cargo público lo sabe: los puestos tienen un precio muy alto”, afirmó Lula.
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